Olman Segura Bonilla, Economista (Ph.D.).

A nivel mundial se anuncia tanto el fenómeno de la recesión, como el de la estanflación como posibles efectos perversos a suceder en nuestras economías éste o el próximo año.  El Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció una desaceleración de la economía a nivel mundial el 26 de julio de 2022, ajustando a la baja las proyecciones del crecimiento económico mundial a 3,2% para 2022 y 2,9% para 2023.  Para las economías avanzadas (EE. UU. y zona euro, Japón, Reino Unido y Canadá) se proyecta 2,5% para 2022 y 1,4% para 2023.  China solo crecería un 3,3% en el 2022, la peor cifra en las últimas cuatro décadas.  En las economías emergentes 3,6% y 3,9% para 2022 y 2023 respectivamente.  Y debemos encender las alarmas con la proyección para América Latina, de 3% para el 2022 y 2% en el 2023.

Los signos de la recesión que consiste en la contracción de la economía durante 2 trimestres seguidos del Producto Interno Bruto se traducen en menores ingresos en los hogares y las empresas y un aumento del desempleo en los países, situación que ya viene sucediendo.  En Estados Unidos la proyección del crecimiento económico pasó de 3,7% en abril, a 2,9% en junio y a 2,3% el 26 de julio del 2022.  En Costa Rica el BCCR había proyectado un crecimiento de 3,9% y lo corrigió a la baja a 3,4% en abril de este año.  En ambos casos, en EE. UU nuestro principal socio comercial, y en Costa Rica, aunque la economía crece a una tasa menor, aun así, continuamos creciendo.  Desde mi perspectiva, lo que estamos viviendo en la actualidad es una desaceleración del crecimiento de la economía, que nos debe llamar la atención para buscar las ventanas de oportunidad para enfrentar este alto riesgo.

La estanflación, que consiste en tener alta inflación y estancamiento de la economía en forma simultánea, y que además aumenta el desempleo, es otro de los peligros que debe prevenirse y controlarse.  Los signos están presentes y amenazan con asentarse cómodamente en el ambiente nacional si no hacemos nada por contrarrestarlos.  Veamos la situación.

Costa Rica, al igual que otros países del mundo están sufriendo una altísima inflación, producto principalmente de la pandemia y la invasión de Rusia a Ucrania.  Con el COVID-19 se debió mantener una política monetaria holgada, donde se aumentó la masa monetaria, se suavizaron las políticas fiscales mientras teníamos el cierre de la economía, se dislocaron la oferta y la demanda de productos, inició la crisis de los contenedores y las empresas y las personas debieron ahorrar involuntariamente o posponer su consumo, al no poder movilizarse libremente por el alto riesgo al contagio, y la inexistencia de la vacuna.  Cuando se inicia la reapertura de la economía, inicia también el aumento de precios, que se suponía iba a ser temporal, mientras se daban los ajustes correspondientes en la dinámica económica, pero apareció la guerra entre Rusia y Ucrania que le dio otra característica a la inflación.

Estos países en guerra son grandes productores de petróleo, granos y cereales, que automáticamente aumentaron los precios a nivel mundial al reducirse su oferta.  EE. UU. y los países de occidente introdujeron una serie de sanciones económicas a Rusia que alteraron los flujos de fondos a nivel global y también repercuten en la economía.  Los efectos combinados de todo esto, se tradujo, por ejemplo, en EE. UU. en una inflación medida por índice de Precios al Consumidor (IPC) que llegó a 8,5% en marzo; 8,3% en abril y alcanzó el récord desde diciembre de 1981, con una tasa interanual del 8,6% en mayo, según anunció la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) dependiente del Departamento del Trabajo en ese país.  En Costa Rica la inflación interanual medida también por el IPC, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) alcanzó la cifra récord de 10,06% entre julio 2021 y junio 2022.  La tasa acumulada de inflación de enero a junio 2022 alcanza un 7,35%, bastante lejos de la proyección que mantenía el BCCR entre un 2 y 4% anual. El desempleo en Costa Rica bajó en el último trimestre, pero aún se mantiene arriba de las cifras previas al periodo de la pandemia.  El último dato fue un significativo 11,97% para el trimestre móvil de marzo, abril y mayo del 2022.

O sea, tanto en EE. UU. como en Costa Rica tenemos ya, las señales parpadeantes de una potencial estanflación, pues la inflación es alta, el desempleo en Costa Rica es importante (en EE. UU. es solo del 3.6%), y la economía se continúa desacelerando; sin embargo, no se cumplen las características de la definición.  Según las proyecciones del mismo FMI tendremos crecimiento moderado.  Esto implica que no se cumple la simultaneidad de inflación y estancamiento económico.  De nuevo, no vislumbro estanflación; pero, como decían nuestros abuelos, se debe dormir con un ojo entreabierto.  No nos podemos descuidar.  La inflación que es el peor de los “impuestos” que pueda existir, pues todo el mundo lo debe pagar y sobre todo sufren las personas de menores ingresos, se traduce en una reducción de compras de la población, que al mismo tiempo desencadena una reducción de la producción de las empresas y que se puede traducir en un círculo vicioso de contracción de la economía.  El ingrediente perfecto para aumentar la crisis y generar la estanflación.

Las políticas para enfrentar la inflación pasan necesariamente, en el corto plazo, por controlar la demanda agregada.  La medicina es un tanto amarga, pues se debe reducir la demanda, vía aumento de las tasas de interés, generalmente introducidas mediante el aumento de la Tasa de Política Monetaria y el aumento del encaje mínimo legal a la banca comercial.  El crédito de consumo y el gasto corriente del sector público deben estar controlados, pues no se puede flexibilizar demasiado, pero tampoco se puede estrangular el buen funcionamiento del sistema.  Como esta inflación no tiene un origen monetario generado en el país, combatirla mayoritariamente por la vía del gasto no tiene sentido, más bien el gasto de forma controlada mediante inversión sería una forma de darle dinamismo a la economía.  Estas medidas deberían acompañarse con apoyo a los grupos sociales más pobres, manteniendo e incluso aumentando las transferencias monetarias condicionadas de modo que no se vean tan afectados. También apoyar al sector privado que pueda aumentar la contratación formal de empleo.  Debemos considerar que no hacer nada, sería mucho peor, pues la falta de control de la inflación tendría efectos perversos sostenidos en toda la población.

De forma paralela, el gobierno debe plantear claramente la orientación de la política económica integral.  La ventana de oportunidad más importante es el posicionamiento de nuestro país en el contexto de crisis actual, donde se debe aprovechar la marca país ecológica, el nearshoring que se está dando por la crisis y la atracción de inversión extranjera directa, con proyectos disruptivos grandes, como puede ser el canal seco, Ciudad Gobierno, aeropuertos de Osa y Limón y otros proyectos más de infraestructura vial y de vivienda.  Se debe enfatizar en medidas de inversión, generación de trabajo y empleo, conectividad, apoyo al sector productivo privado, y rescate de los sectores afectados por la pandemia como turismo, vivienda y otros.  Algunas de estas políticas tendrán impacto en el mediano y largo plazo, pero al anunciar una política económica integral y estable por un periodo de tiempo, se generará confianza para la inversión nacional e internacional y se impulsará el círculo virtuoso de crecimiento económico.  Más producción, más trabajo, más consumo, más ingresos al Estado, mejor control de la deuda país y más ayuda a los sectores rezagados, para entonces alcanzar el desarrollo nacional.