Omar Jiménez: La solidaridad que no se expresa en hechos es muerta

El concepto de la solidaridad no debe convertirse en una forma de aumentar el índice de pobreza, ya de por sí excesivo

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Omar Jiménez Camareno, Abogado, académico y Msc en Aduanas y Comercio Internacional

Posiblemente la mayoría de nosotros cuando se nos habla de la importancia de la solidaridad estamos de acuerdo y aplaudimos con entusiasmo la idea de un mundo solidario.

Sin embargo cuando la necesidad de esa solidaridad implica que debamos de desprendernos de algo de lo que tenemos, para compartirlo con quienes no les alcanza para cubrir sus necesidades mínimas o del todo no tienen nada, pareciera que ya no nos mostramos tan solidarios.

En otras palabras, nuestra solidaridad se queda en el discurso, pero cuando se trata de demostrar nuestro espíritu solidario con acciones concretas preferimos salvar el bulto.

La Biblia, en Santiago 2:15-17 enseña que la Fe que no se concreta con obras de nada sirve.

«Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, 16 y uno de ustedes le dice: «Que le vaya bien; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? 17 Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.»

Así la solidaridad que no se expresa en hechos concretos no sirve de nada.

La crisis que enfrenta el mundo a causa del COVID-19 está golpeando la economía mundial y la va a golpear muchísimo más. Nuestro país, obviamente, no escapa de eso. La ya de por si alta tasa de desempleo que teníamos antes de la pandemia va a alcanzar niveles inimaginables.

Miles de trabajadores ya están siendo despedidos, los menos afectados van a ver reducidos severamente sus ingresos; gran cantidad de empresas ya están paralizadas y otras colapsaran a corto o a mediano plazo. La gran mayoría de las personas no van a poder pagar sus préstamos, el estudio de sus hijos y ni siquiera van a tener para cubrir sus necesidades básicas.

En medio de esa crisis, los ingresos del Estado tenderán a disminuir en momentos en que se van a necesitar más recursos para atender a las personas que contraigan el virus y para brindar programas de ayuda o de subsidio a quienes van a quedar sin empleo o sin su emprendimiento.

Otros en cambio, al menos de momento, vamos a conservar nuestro trabajo y nuestros salarios.

Hoy el Ministro de Hacienda planteó la posibilidad de que el Gobierno de la República presente un proyecto de ley para establecer un Impuesto solidario del 5% a los salarios de más de 500 mil colones, para financiar los subsidios que se otorguen a quienes se quedaron sin trabajo, casi inmediatamente el Presidente de la República, señaló que ese proyecto no lo va a presentar su gobierno.

No me interesa entrar a juzgar si lo ocurrido es una muestra de descoordinación del gobierno o no, no es el momento para ese tipo de discusiones. Lo que sinceramente me preocupa es la inmediata reacción de muchos de esos asalariados oponiéndose a que se nos grave una parte de nuestros salarios para trasladársela a quienes se quedaron o se van a quedar sin nada. Parece entonces, que somos solidarios de la boca para fuera, pero dejamos de serlo cuando nos tocan el bolsillo.

IMPUESTO SOLIDARIO SÍ, PERO A QUIENES TIENEN MÁS CAPACIDAD CONTRIBUTIVA.

Quiero aclarar que apoyo el concepto que hay en la propuesta del Ministro de Hacienda, no apoyo la propuesta.

Costa Rica es un país con una carga de impuestos alta, gravar los salarios desde los 500 mil colones, resulta confiscatorio, ese monto para una familia promedio de nuestro país, con costos alcanza para medio vivir.

El concepto de la solidaridad no debe convertirse en una forma de aumentar el índice de pobreza, ya de por sí excesivo. En buena hora se graven salarios del sector público y del sector privado para ayudar a quienes pierdan su empleo o su empresa, pero ese impuesto debe de recaer sobre los salarios más altos.

Considero razonable y necesario ante la crisis, que se establezca un Impuesto de un 5% sobre los salarios de un millón y medio hasta dos millones y medio de colones, de un 10% sobre los salarios superiores a dos millones y medio hasta tres millones y medio y de un 15% a los que son superiores a tres millones y medio de colones. De mi parte manifiesto mi total disposición a pagar el Impuesto para que los que queden sin ingresos reciban nuestra ayuda.

ES HORA DE QUE CONTRIBUYA EL SECTOR FINANCIERO.

La solidaridad nos corresponde a todas y todos los que conservemos ingresos que cubren sin problemas las necesidades básicas.

En esta crisis el sector financiero es uno de los pocos, por no decir el único, cuya actividad económica no se paraliza. Los plazos de pago de los créditos y sus intereses, siguen corriendo, las garantías sobre esos créditos, muy probablemente serán ejecutadas cuando las personas no puedan pagarlos; además, ese sector lleva casi cuarenta años haciendo clavos de oro gracias a políticas públicas que les han favorecido y permitido cobrar, en muchos casos, intereses exorbitantes, es hora de que ese sector contribuya de manera efectiva.

PROPUESTA
  1. Que los diputados bajen significativamente el porcentaje que habían acordado para fijar los intereses de usura. Si ya antes de la crisis un 39% para fijar los intereses de usura era un porcentaje excesivo, en las condiciones actuales constituye una vergüenza, debe de rebajarse esa tasa en forma drástica.
  2. Que la banca estatal baje al menos en unos 4 puntos la tasa de interés sobre todos sus créditos. Si bien los bancos del Estado son autónomos, lo cierto es que sus Juntas Directivas son nombradas por el Consejo de Gobierno. Ante la emergencia, el Presidente Alvarado debe de ordenar a las Juntas Directivas de los Bancos bajar los intereses, esta medida obligaría a los bancos privados, cooperativas de ahorro y crédito y financieras privadas a bajarlos también.
  3. Que se dicte una moratoria de seis meses sobre el pago de la cuota de amortización de los créditos, pasando el cobro de esas cuotas al vencimiento de las operaciones crediticias, sin ningún tipo de recargo.
  4. Que se eliminen todos los cobros adicionales que los bancos, Cooperativas de ahorro y crédito y financieras realizan sobre los servicios operativos que brindan a sus clientes, así como toda penalización por el pago anticipado de los créditos.

Disminuirle a las empresas y a las personas el monto que deben de dedicar al pago de deudas para que no pierdan del todo su capacidad de compra es indispensable para que la economía no colapse y pueda reactivarse a futuro.

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