Omar Jiménez: Diego Armando Maradona – Ni Dios ni demonio

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Omar Jiménez Camareno, Abogado, académico y Msc en Aduanas y Comercio Internacional

Los seres humanos solemos ver el mundo en forma maniquea, situamos las diferentes formas de pensamiento o a las personas desde una drástica separación y una oposición radical entre lo bueno y la malo.

A partir de esta perspectiva creemos que las cosas son o Blancas o negras, sin distinguir matices, sin considerar posiciones intermedias en las que conviven aspectos buenos y malos en forma simultánea.

Pero la realidad nos muestra un mundo contradictorio, una realizada mestizada en la que cada uno de nosotros es un cúmulo de conductas pobladas de virtudes y de defectos.

El Diego no fue un D10S, fue únicamente un 10, EL DIEZ en las canchas de fútbol y en el compromiso con su origen.

Un virtuoso del balón a niveles celestiales, que gambeteo y le anotó a cuanto rival se le puso al frente y nos hizo delirar de emoción a quienes, además de amar el fútbol, amamos que arrodillara aquel 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca, en el partido de cuartos de final del Mundial México 86, a Inglaterra, primero con “la mano de Dios” y después con el mejor gol en la historia de los mundiales.

Ese glorioso día Maradona escribió con cada una de sus filigranas con la pelota, en la verde hoja de la cancha del Azteca, un maravilloso poema que gritamos todos los mestizos con la palabra más bella del deporte más lindo del mundo, GOOOOOOOLLLLLLL, y en aquel grito cantamos con Serrat, QUE EL SUR TAMBIÉN EXISTE, y exclamamos desde nuestro corazón latino, que LAS MALVINAS SON ARGENTINAS.

Celebrábamos entonces y celebramos aún, no solo ver caer a los “soldados” ingleses, derribados por el arte en los pies del pelusa, sino también la lucha inacabada por la independencia de nuestros pueblos.

El “pibe” tampoco fue, como hoy señalan los “Jueces de la moral”, una lacra o una basura, fue solo un ser humano que, se hundió en las drogas, un ser humano que como todas y todos los humanos, se equivocó y cayó víctima de una terrible adicción.

La adición a las drogas, y dentro de éstas, al alcohol es una enfermedad que aniquila a las personas física y moralmente y las lleva a cometer los peores excesos.

No se trata de justificar las conductas indebidas de quienes hundidos en la adicción actúan con total irresponsabilidad, con violencia y sin respetar valores elementales de convivencia, se trata de entender la gravedad de esa enfermedad y sus efectos.

Frente al adicto muchas, demasiadas, personas se colocan en el olimpo de la moralidad y lo señalan con su dedo acusador, como si ellos fueran almas inmaculadas, como si fueran ejemplo de todo lo bueno y lo recto, a pesar de sus perversidades, como las que tenemos todos.

No, Maradona no fue un D10S, fue solo el 10 humano que alcanzó la cima como futbolista, pero también fue siempre el niño que nunca se olvidó que venía de Villa Florito y que siempre encarnó la lucha de los suyos, la rebeldía de los descamisados, por eso el pueblo argentino lo ama, como ama a Evita.

Por eso los latinos y los habitantes del mundo que, junto con José Martí, “Echamos nuestra suerte con los pobres de la tierra y nos complace el arroyo de la sierra”, lo recordaremos siempre como el niño que derrotó la miseria, que doblegó a los ingleses, que defendió con su sangre su amada albiceleste, que nos deleitó con sus genialidades en una cancha de fútbol y que luchó contra sus miserias por vencer su adicción a las drogas.

Que descanse en Paz el DIEZ.

 


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