Omar Jiménez: Saltó la liebre en El Salvador

Saltó la liebre, el reciente acto político muestra claramente el irrespeto del Presidente Bukele al Estado de Derecho, queda claro que lo suyo no es eficiencia sino totalitarismo.

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Omar Jiménez Camareno, Abogado, académico y Msc en Aduanas y Comercio Internacional

Apresuradamente algunas personas, incluso algunos sectores políticos, en el país aplaudieron, prematuramente, lo que llamaron «la eficiencia del Presidente Nayib Armando Bukele Ortez, en la toma de decisiones», incluso llegaron a añorar que nuestro Presidente mostrara el mismo talante.

Otros, desde un inicio, advertimos que si bien la capacidad en la toma de decisiones es muy importante en el ejercicio del poder, esta siempre debe de realizarse con estricto apego al ordenamiento jurídico, porque lo contrario se convertiría, no en eficiencia, sino en totalitarismo.

La base de un sistema democrático es la existencia de un Estado de Derecho, el cual se caracteriza fundamentalmente por:

  1. División de poderes (Un poder Legislativo que representa a la ciudadanía y en su representación aprueba las leyes, aprueba los presupuestos del Poder Ejecutivo, autoriza los préstamos que le otorgan al pais los organismos internacionales y ejerce control político, entre otras funciones; un Poder Ejecutivo encargado de ejecutar las leyes y realizar la labor de gobierno y un Poder Judicial, responsable de aplicar las leyes. Así como un absoluto respeto de parte de cada uno de los poderes a esa división y a la independencia de cada uno de esos poderes respecto de los otros
  2. Sometimiento de la función pública al ordenamiento jurídico (Principio de Legalidad), lo cual significa que todos los funcionarios públicos, incluidos los que ocupan los Supremos Poderes Jueces, legisladores, Ministros, vicepresidentes y Presidente de la República), están sometidos al ordenamiento jurídico vigente. En otras palabras que solo pueden realizar lo que el ordenamiento jurídico expresamente los faculta a hacer.
  3. Respeto a los derechos humanos y a las libertades individuales y colectivas de los ciudadanos.
  4. Escogencia de los puestos de elección popular, mediante el voto de la ciudadanía en unas elecciones libres, transparentes, imparciales, con votación secreta y respeto absoluto por la voluntad popular expresada en las urnas.

El Salvador, se eligió mediante elecciones reconocidas interna e internacionalmente al Presidente Bukele, así como a los diputados que actualmente conforman el parlamento salvadoreño.

Desde el inicio de su Gobierno el Presidente Bukele mostró una forma de ejercer el poder personalista, centralizada. Posiblemente muchas de las medidas adoptadas por él, eran, no solo adecuadas sino además necesarias y urgentes, posiblemente otras no tanto. El problema es que casi todas se adoptaron sin apego al principio de legalidad, lo cual ya nos mostraba una clara inclinación populista y totalitaria del Presidente salvadoreño.

El señor Bukele envíó a la Asamblea Legislativa un proyecto para que se apruebe un préstamo por 109 millones de dólares otorgado por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) A El Salvador, préstamo que se estaría utilizando para equipar al Ejército y a la Policía y con ello fortalecer el combate a las pandillas que atentan contra le seguridad en ese país.

En el trámite legislativo de este empréstito surgió una confrontación entre el Presidente Bukele y el Congreso salvadoreño, ya que el Presidente, apoyado en un acuerdo del Consejo de Ministros y manifestando que lo hacía al amparo del artículo 167 de la Constitución, convocó a los Diputados a sesionar de forma extraordinaria para aprobar el préstamo, sin embargo la Asamblea manifestó que la convocatoria era improcedente, ya que dicho artículo constitucional solo autorizaba esa convocatoria en situación de emergencia nacional y no sesionó el día que el Presidente Bukele les convocó.

Ante la negativa de la Asamblea Legislativa de sesionar el día que les convocó, el Presidente Bukele irrumpió acompañado del Ejército y de la Policía, con armas de asalto y luego de «orar en silencio», anunció haber hablado con Dios y que el Creador le dijo que tuviera paciencia y le diera a la Asamblea Legislativa una semana para aprobar el empréstito, que en caso de que esos «sinvergüenzas» no aprobaran el préstamo en ese tiempo llamara a la insurrección contra los Diputados.

Saltó la liebre, el reciente acto político muestra claramente el irrespeto del Presidente Bukele al Estado de Derecho, queda claro que lo suyo no es eficiencia sino totalitarismo.

El retorno a la democracia en El Salvador llevó décadas y costó miles de muertes, aún, lamentablemente están frescas en la historia salvadoreña, las cruentas dictaduras que asolaron esa nación hermana. Hoy con dolor presenciamos a un populista intentando imponer una nueva dictadura en ese país mediante la utilización de la Fe.

En nuestro caso cabe preguntarle, sobre todo a los dirigentes de los partidos políticos que han aplaudido a Bukele, ¿Si aprueban que en un Estado de Derecho un Presidente irrumpa en el Congreso en compañía de las fuerzas represivas y las armas, para exigirle a los Diputados la aprobación de un préstamo o de cualquier otro proyecto?, ¿O si por el contrario, condenan este acto como lo que es, un acto totalitario que violenta la División de Poderes y amenaza la democracia?

El silencio de estos grupos, hasta ahora, sobre lo que ocurre en El Salvador, asusta.

 

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