Orlando Morales: Defensa de Intel y mi amistad con José María

En las actividades de traspaso de gobierno, el  gabinete saliente de don  José María pasaba junto al entrante de don Miguel Angel, donde yo  junto con mi señora ocupaba un  lugar marginal. Pero me divisó don José María y se desprendió de su grupo para saludarme afectuosamente, tanto a mi como a mi señora, ante la sorpresa de algunos politiqueros –de ambos bandos- que consideran a cada  gobierno como una lucha de oposición,  en vez de acciones conjuntas de colaboración humana  hacia el bienestar nacional.

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Orlando Morales Matamoros.

Al final de la Administración Figueres  Olsen, una de las realizaciones principales de su administración fue la  instalación en Costa Rica de la  empresa Intel, pero hubo un inconveniente de última hora. En efecto, los vecinos de  la Urbanización Bosques de Doña Rosa se oponían al paso de la electricidad que servía dicha empresa, aduciendo que había informes de que el campo electromagnético alrededor  de las líneas de alta tensión producía cáncer y otras enfermedades  letales.  Era un problema serio pues  sin electricidad simplemente no arrancaría la producción de Intel ya que los vecinos habían interpuesto una denuncia ante la Sala IV.  Además había conseguido como defensor a un competente epidemiólogo costarricense graduado en Harvard.

Así las cosas, un día recibí una llamada que me tomó de sorpresa pues me citaban a una reunión en la Casa Presidencial, con un escueto mensaje referente al motivo de la conversación con el Presidente Figueres.  Después supe que  la iniciativa la tomó el Presidente Figueres por consejo  del Ing. Eduardo Sibaja, quien por muchos años había sido Secretario Ejecutivo del Conicit y creo que en ese tiempo ocupaba un ViceMinisterio en su administración. El caso es que, en efecto yo había estudiado el tema de “Los campos electromagnéticos y la salud humana” por cuanto con mis prestaciones de jubilación como profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Costa Rica, había comprado una quinta de dos hectáreas que era bordeada por líneas de alta tensión provenientes de la Planta de La Garita.  Tratando de aclarar la situación y además obtener un beneficio económico, presenté un sencillo proyecto de investigación-consultoría al ICE y en conversación con el Ing. Valverde, encargado de licitaciones de bajo monto (menos de diez mil dólares) consideró de interés el tema y posteriormente fue aprobada mi propuesta, creo que en 1995.

Otra coincidencia fue oportuna invitación  del Lic. Fernando Solís, en ese tiempo Vicerrector de Investigación de  la UNED, para asistir al  Primer Congreso Latinoamericano de Ambiente y Desarrollo que se realizó en Caracas a mediados de 1955.  La amistad con Fernando era de larga data, pues como Profesor de Física había participado en la innovación del Nuevo Curriculum de Medicina en la UCR, en tiempos en que yo era Director del Depto. de Fisiología. Luego le invité en  mi condición de Jefe de la Oficina de Ciencias de la UNED, a  que formara parte del primer contingente de profesores de la UNED, a mediados de 1978. Todo este cuento para decir que me escapé buena parte del Congreso para visitar la magnífica Biblioteca del IVIC:  el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, donde pude obtener valiosa y abundante bibliografía sobre el tema de mi interés: Campos Electromagnéticos y Salud Humana. En otras palabras, estaba yo bien informado sobre el tema que debía debatir.

Volviendo a la entrevista con don José María, muy amablemente me pasó a su despacho y en breves palabras simplemente me solicitó que hiciera la defensa del gobierno ante la Sala IV en el caso de la queja que habían interpuestos los vecinos, con el argumento de la afectación a la salud  de quienes vivían cerca de las líneas de alta tensión que se dirigían a Intel.  Dada la urgencia del tema  me  convocó al próximo Consejo de Gobierno para que hiciera un breve ensayo de la defensa. No puedo decir que me sentía raro, sino más bien sorprendido de que un Presidente de la República de otro partido me  invitara a participar en este delicado asunto.  Yo ante el giro de los acontecimientos le sugerí que estaría en la mejor disposición de preparar un doble, o sea un profesional conocedor de la materia en caso de que “yo no pudiera”.  En ese momento dijo con cierta sorna: “pues te digo, el único Dobles que tenemos en el Gobierno es Roberto y ese carajo sobre el tema de seguro que no sabe nada”.

La primera presentación ante el Consejo de Gobierno de lo que sería la defensa fue muy bien recibida y se me pidió que hiciera una segunda para afinar algunos detalles.  Sin embargo don José  María manifestó que le gustó más la espontaneidad de la exposición en la primera pues la segunda le pareció un poco “más acartonada”. Para pulir la presentación de la defensa había un experto canadiense como asesor, pero no recuerdo que hiciera alguna recomendación de peso.

El día de la comparecencia ante la Sala IV, llegué puntualmente y por mis propios medios y no recuerdo que en el auditorio hubiera “espías” del Gobierno en el Auditorio,  tal vez el Dr. Juan Barrios, joven médico y experto en computación, muy cercano a don José María.  Si tengo seguridad de que estuvo presente debido a que  me felicitó por la defensa, el Ing. Rafael Sequeira         consuegro del próximo presidente, don Miguel Angel  Rodríguez y asesor de confianza en la nueva administración.  El Sr. Presidente de la Sala Constitucional era el Lic. Rodolfo Piza y condujo el debate  en forma equilibrada y con arte jurídico, de manera que siempre  me sentí seguro. Poco antes, un artículo de amplia revisión de una pediatra norteamericana me aportó valiosos insumos para la defensa.   La decisión final  fue favorable a la posición del gobierno lo cual permitió el  paso de electricidad al conglomerado Intel de alta tecnología, aunque con salvaguardas para los vecinos de que habría mediciones frecuente de  los campos electromagnéticos para darles confianza a los vecinos. En resumen pues, se demostró que no había pruebas concluyentes de que los campos electromagnéticos generados por el flujo de corriente, fueran nocivos a la salud.

Una felicitación de agradecimiento  y un apretón de manos del Sr. Presidente, con palmadita en la espalda –cual era su estilo- cerró este importante episodio. Sin embargo en un breve Informe escrito de la Gestión de Gobierno, en abril de 1998, don José María me escribió con la rúbrica correspondiente:  “Para mi querido don Orlando, con respeto, cariño, y agradecimiento por su vida al servicio del país”.

En otra ocasión, también al ocaso de su gobierno, su Asesor Técnico Principal, el Lic. Carlos Espinach, quien había escrito un libro sobre Economía Ecológica, me solicitó que hiciera la presentación de su libro en un salón del Hotel Irazú. Carlos había sido mi alumno de V Año en el Liceo de San José, en 1963 y desde ahí nació una distante  amistad que ahora se reavivaba. Naturalmente, el Sr. Presidente Figueres Olsen era el invitado de honor, pero en esa ocasión llegó con bastante demora y ya el evento había empezado.  Tan pronto lo  vi asomar por la puerta, y en breve consulta con los miembros que me acompañaban en la mesa principal, me permití solicitarle su incorporación en la mesa principal como correspondía a su rango e interés en la materia.  Pues van a creer que declinó subir al grupo directivo y a voz en cuello manifestó: “mejor déjenme aquí atrás para no interrumpir y a la vez para controlar a quienes se quieren escapar”.

La amistad con don José María luego de su gobierno continuó en dos ocasiones.  Una vez, invitado a Intel, me perdí en los edificios y en un laberinto de pasillos hasta que al fin llegué a un pequeño auditorio. Todo estaba atiborrado de gente y al embocar en la puerta de entrada, yo con cara de asustado y con el expresidente en un lugar de privilegio, simplemente dijo: “corran la fila, porque el Dr. Morales si sienta a la par mía” y luego de un cálido saludo, la sesión continuó.

En otra ocasión, luego de finalizado su administración y dado su interés en Telemedicina, me invitó a conocer unos furgones que remodelados y equipados,  según su visión entusiasta, podrían convertirse en  consultorios de telemedicina,  en zonas rurales  distantes de los centros de salud.

Y termino con un galante gesto que había olvidado.  En las actividades de traspaso de gobierno, el  gabinete saliente de don  José María pasaba junto al entrante de don Miguel Angel, donde yo  junto con mi señora ocupaba un  lugar marginal. Pero me divisó don José María y se desprendió de su grupo para saludarme afectuosamente, tanto a mi como a mi señora, ante la sorpresa de algunos politiqueros –de ambos bandos- que consideran a cada  gobierno como una lucha de oposición,  en vez de acciones conjuntas de colaboración humana  hacia el bienestar nacional.

Terminaré con un saludo a la distancia a don José María, con quien no hablo hace un cuarto de siglo, pero hago público mi agradecimiento porque a pesar de pertenecer a tiendas políticas diferentes, me manifestó  toda la confianza en la defensa ante la Sala IV,  en nombre del Gobierno y así permitir el paso de electricidad a Intel, y finalmente,  por las muestras de afecto manifestada en varias ocasiones públicas.

 

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