Orlando Morales Matamoros.

Gran revuelo ha causa el Informe del Estado de la Educación: múltiples deficiencias, que por lo demás era algo de lo que todos, cuanto más cuanto menos, ya lo sabíamos. Una vez oí decir a un Ministro de Educación, en el seno del Consejo Superior de Educación que, la educación no era tan mala como algunos dicen, ni tan buena como muchos deseáramos. En aquel momento, a finales del siglo pasado tal concepción era cierta, pero ahora el fiel de la balanza se ha inclinado definitivamente hacia un lado, de manera que la educación pública estatal está, como se dice popularmente, en media calle.

Sin embargo, el asunto es de larga data, evidenciado por calificaciones en las evaluaciones a nivel internacional que nos situaban en una baja posición, las evidencias señaladas por el propio Ministerio de Educación, quejas de profesores y de padres y madres de familia y en general, por la opinión pública. En resumen es un hecho demostrado que ha ocurrido un apagón educativo que viene acumulándose desde hace varios años y que hoy, se hecho muy evidente. Pero, es una visión miope echar toda la culpa al Ministerio de Educación, cuando hay muchos actores involucrados en las deficiencias anotadas en los aprendizajes y por tanto el problema es multifactorial.

Iniciaré con un viejo caso anecdótico. Los carajillos de primer grado de la Escuela
República de Guatemala en la ciudad de Alajuela, allá por 1950, después de las vacaciones de medio período, nos matriculaban para hacer la Primera Comunión a finales del año.

Naturalmente, había que saber leer y escribir, y así cumplir con el contenido del
Catecismo del Padre Troyo, cuyas lecciones debíamos leer y memorizar. O sea que, desde mediados del primer año escolar, todo el grupo ya sabía leer. Lo que causa estupor ahora es el tardío aprendizaje de la lecto-escritura, cuando antes con solo lápiz y un cuadernillo de rayado común y con el libro de Lectura de Porfirio Brenes Castro, aprendíamos a leer.

Ahora los niños cargan en el salveque escolar muchos kilos de material escolar y son
atendidos por maestras graduadas de las universidades, cuando antes eran sencillas
normalistas, pero como que este asunto ahora no funciona.

Vamos ahora a identificar la lista de culpables.

1) La Administración Superior:

En primerísimo lugar, el Consejo Superior de Educación (Art.81 de la constitución) a
quien le corresponde la dirección de la Enseñanza Oficial, luego al Ministro del ramos y
naturalmente a las diversas instancias funcionales del Ministerio de Educación. En otras palabras, el bajo rendimiento o deficiente calidad de los “productos” de una empresa, deben analizarse desde la administración superior. Es válido señalar al Ministerio de Educación en la persona que ocupe el más alto cargo, pues supuestamente llegó preparada para las acciones remediales que requerían la situación de emergencia educativa.

2) Los Sindicatos del Sector Educación.

Maestros y profesores agrupados en las diversas organizaciones profesionales tienen su cuota de responsabilidad pues sus luchas han sido orientadas principalmente a obtener beneficios para los afiliados, lo cual no está mal, pero el asunto de fondo es su poca preocupación por la búsqueda de excelencia. Por sus llamados a paros o a huelgas, se han perdido muchos meses (redondeados a 1 año) y desafortunadamente, agravados por dos años de pandemia. Por lo demás, en los casos de deficiencias notables, su voz no se ha oído. La pandemia fue un triste caso: todo el profesorado continúo devengando salario, pero se desentendió de la enseñanza.

3)Las Universidades.

Las instituciones de educación superior tienen su cuota de responsabilidad, pues casi sin excepción todas las universidades tienen carreras en diversas ramas de educación y supuestamente cursos de educación contínua. Dicho en otras palabras, los miles de
egresados están directamente involucrados en la docencia en los diversos niveles y las
instituciones investigan sobre los resultados y propuestas sobre posibles mejoras. Apenas a manera de ejemplo, la UNED en el quinquenio en que fui miembro del Consejo Universitario, más de la mitad de los graduados era de la rama de Educación.

4)Maestros y profesores.

Específicamente, la vocación docente es un elemento clave para lograr por medio de la
apropiada motivación, el éxito en la formación y los aprendizajes escolares. Algunos
colegios o mejor dicho, profesores y alumnos entusiastas logran premios en concursos
estudiantiles en el extranjeros, como prueba de que hay profesores comprometidos y
alumnos muy capaces. Lo que es difícil es explicar cómo habiendo tan buenos maestros y profesores, los resultados son mediocres. Al igual que se sigue en asuntos comerciales, no sería mala idea un “success fee”, o sea un pago extra por rendimiento demostrado, en casos difíciles dónde han sido frecuente los bajos resultados estudiantiles.

5) Los medios de divulgación masiva:

Bien es sabido que la radio y la televisión en el país tienen una amplia cobertura, con gran número de usuarios, pero sin embargo no se utilizó como medio de enseñanza, en
particular durante la pandemia. Lo más triste es que los medios estatales, como canal 13 y la radio universitario, continuaron marginados de atender asuntos relacionados con la enseñanza. También la UNED perdió la oportunidad de levantar la bandera de la
educación a distancia, pues el personal más bien se retiró a sus cuarteles vacacionales. La excusa de que no habían los medios no es atendible pues si bien es cierto no hay cobertura total de internet, lo cierto es que las zonas de población está bien atendidas y el uso del teléfono celular se ha extendido considerablemente.

6) Los padres de familia:

La formación y muchos aprendizajes son propios y es una indeclinable responsabilidad de los hogares, pero tal parece que esa tarea se ha olvidado y se ha trasladado a la escuela.

Por tanto, la familia debe retomar sus obligaciones educativas para con los hijos, y al
menos empezando con la vigilancia de su rendimiento escolar. Así, si el niño no estudia, al menos debe contribuir con apoyar la realización de las tareas escolares y a formar hábitos de estudio.

7) Los propios estudiantes:

Naturalmente, en los primeros años los niños apenas van adquiriendo el hábito del
estudio, pero a nivel secundaria ya debe existir la responsabilidad propia de parte de los estudiantes. Mi experiencia a nivel universitario los últimos años ha sido decepcionante, pues no sólo han olvidado muchos conocimientos básicos, sino que su afán y tal vez el único propósito es aprobar las materias, sin mayor interés en adquirir conocimientos.

EN RESUMEN, ¡CULPABLES SOMOS TODOS! Unos por comisión y mayormente por
omisión, pero en este asunto de “seguridad nacional”, en vez de sólo echar la culpa al
MEP, cada una de las partes involucradas, en vez de quejarse, debe dedicarse a sacar la tarea en forma conjunta y cada una dentro de sus capacidades y obligaciones.