Orlando Morales Matamoros. Académico Jubilado UCR-Medicina, Ex-Ministro Micit y Mirenem.

¡Saben que! “Ya resolví el problema de  los migrantes, y es que hay migrantes políticos y migrantes económicos”… y le falto agregar, esta bronca no me la compro yo.  Dentro de la novedosa taxonomía presidencial le falto decir que hay   migrantes por causas bélicas, migrantes por razones de raza o de religión y migrantes por causas ambientales. En esta materia, caben muchas subdivisiones pero confundir a los exiliados políticos  con  las masas migrantes no es  de  recibo, pues  los movimientos migratorios lo que  buscan son  mejores condiciones de vida y eso es lo que hacemos todos en esta vida. Para agregar, en la reunión con la prensa (16-11-22)  la funcionaria titular de migración lo que ha manifestado es que su condición migratoria no está a derecho y no tienen permisos de trabajo, cosa obvia pues los migrantes no son visitantes en una condición regular.  Y me olvidaba que, por otro lado el mensaje presidencial huele a deportación pues no ve posibilidad de  incorporarlos a la vida productiva del país.  O sea que,  el país se ha comportado como un estado  policiaco, , presto a localizar migrantes con deudas con la justicia pero no ha generado una estrategia de respuesta humanitaria a la situación.  El fondo del discurso es tan simple y falto de ideas como decir:  no se puede resolver y no es nuestro problema, sin ver alternativas de resolución, al menos parcialmente.

Pues no, así no es la cosa. Nuestro país es signatario de acuerdos internacionales sobre migración que le obliga a la atención de los migrantes en estado de necesidad y a sus familias, y sobre todo al cuidado de los menores de edad.  En otras palabras, en buen tico,  no hay como quitarse el tiro. Como querer es poder, si hubiera voluntad política no tendríamos esa dolorosa visión de familias junto a sus niños tirados en las aceras y otros dedicados a la mendicidad callejera.  Si bien es cierto que como país este  no es nuestro problema, es un asunto de contribuir a reducir las necesidades de quienes están desamparados en un país extraño, atendiendo a un criterio de solidaridad humana.

El principio constitucional referente a la dignidad humana no tiene el límite  mezquino como se ha querido ver, sino que es el trato generoso para toda persona en el territorio nacional, ya sea un  habitante o un migrante. Y sucede que toda persona necesita comer y beber, abrigarse y protegerse de las inclemencias del tiempo, viejo concepto ya esquematizado por Maslow desde principios del siglo pasado, para atender a las necesidades biológicas vitales.

No es excusa decir que solo hay protección a los  migrantes políticos ((exiliados políticos) para diferenciarlos de  esas masas de familias que se desplazan en búsqueda de mejores condiciones de vida, asunto de muy vieja data, pues siempre ha  existido. Como se recuerda, así empezó  a poblarse el mundo cuando oleadas de migrantes salieron desde  las sabanas de Africa para poblar la Tierra y la biblia nos enseña como Moisés,  a la salida de Egipto anduvo  errante por el Sinaí en búsqueda de la Tierra Prometida…. y en la nueva terminología presidencial serían migrantes económicos. Pero hilando fino, los venezolanos son migrantes político-económicos, expulsados por  las  malas condiciones de vida en Venezuela dada la  situación política en su país de origen.  Nuestro país tiene muchos  medios de ayuda que el gobierno no quiere ver al  considerar que es un problema importado. El tema es de humanidad y de generosidad, con un esfuerzo mínimo se puede hacer mucho bien  para  ayudar a las familias migrantes que viven un estado de necesidad.

Una solución parcial aunque inmediata, es el establecimiento de  campamentos que faciliten el estudio de su condición migratoria, pero tomando en cuenta estado de alimentación, de salud y de alojamiento, aprovechando la experiencia de la Comisión Nacional de Emergencias. Pienso que algunos edificios como el Colegio de Calle Blancos, desocupado desde hace bastante tiempo, puede ser un centro de migrantes con  facilidades de vivienda y  la ventaja de poder hacer un “triage social”: trabajo, salud, alimentación, higiene, etc. Entonces, además de clarificar su condición migratoria, ayudarles con permisos temporales de trabajo, pero sobre todo permitirá que muchos costarricenses de espíritu generoso puedan  llevar donativos para paliar sus necesidades más apremiantes. En otras palabras, volver al  viejo principio cristiano de la caridad y ayuda al prójimo en desgracia. Es una lástima que muchas instituciones públicas y privadas hayan perdido la oportunidad de estudiar el caso de los  migrantes venezolanos, si no por solidaridad, al menos como una oportunidad de investigación social.

Nuestro país se mostrado internacionalmente como garante universal de los derechos humanos y en particular, aquellos de los niños en desamparo y que en este caso, el PANI se ha olvidado de resoluciones de Naciones Unidas sobre su protección, que el país ha suscrito.   Pero me llama la atención que he oído a las autoridades hablar del problema de los permisos de trabajo, cuando una situación excepcional llama por soluciones de excepción: o sea, no se  quiere solucionar el problema al recurrir a artilugios legales.  En calidad de préstamo, si no hubiera locales disponibles, la Comisión de Emergencia tiene cantidad grande de materiales que   puede ser facilitado para establecer campamentos. En Tijuana, en algunos campamentos hasta los niños van a las escuelas y al otro lado de la frontera, en los EEUU, los niños son bien cuidados en sus condición de alimentación y salud, hasta definir la situación migratoria de sus padres.

Pero no  sólo el gobierno ha perdido la oportunidad de dar un ejemplo al mundo ayudando eficazmente a los migrantes, sino que la sociedad civil, lejos de toda sensibilidad hacia los caídos en desgracia, los ha mirado con indiferencia como si no fueran congéneres de la misma especie biológica.  En este país ha recibido  mayor atención casos referentes al  maltrato animal y agresión a la vida silvestre, lo cual está muy bien, pero lo malo es que a los migrantes se les ha tratado como bichos raros y peligrosos. El peligro está en el discurso de odio de autoridades y en la inacción de  las organizaciones sociales, lo cual puede  conducir a actos de agresión como dolorosamente ha ocurrido en otros países. Echo de menos sobre todo la defensa a cargo de los intelectuales del país.

El mundo está  lleno de experiencias solidarias con  los migrantes y tal vez la más reciente fue cuando Angela  Merkel en Alemania, logró convencer al parlamento para recibir más de  un millón de emigrante con otra lengua, otra religión y otras costumbres. Para eso se requiere capacidad política, pero la respuesta fácil  de nuestro  gobierno ha sido: este muerto no lo cargo yo.  A mi lo que mayormente me indigna es que la población como “siervos menguados”, sobre todo los intelectuales y las organizaciones sociales  no han comprometido al gobierno para atender a compromisos internacionales de protección al  migrante, sino que la población debe repasar las viejas palabras de solidaridad y generosidad o al menos ejercitar el viejo principio cristiano de amor al prójimo. Y no podemos olvidar la protesta de los alemanes de nuevo cuño, con  motivo del Campeonato Mundial de Fútbol, cuando han denunciado en  varias formas la discriminación contra  los trabajadores que fueron fundamentales en el milagro catarí, y en general sobre las variadas formas de  discriminación social en el país sede.   Por estos lares estamos de  acuerdo con la actitud alemana anti-discriminatoria, pero en  el caso de los migrantes nuestra actitud ha sido de indiferencia.

En resumen, el gobierno ha perdido la oportunidad de dar un ejemplo al mundo y prácticamente está cruzado de brazos ante esta emergencia humanitaria y en cuanto al pueblo costarricense, también  ha estado ausente para manifestar  acciones de  generosidad para ayudar en esta emergencia social.   El Presidente hasta ha visto como problema que se queden en el país, pero en cuanto a mí, no tengo molestia alguna en comer hallacas, arepas, cachapas y tequeños.