Orlando Morales: Mélage educativa

Es una lástima,  porque en muchos colegios sería la primera vez que los estudiantes tomen en serio una actitud que demanda esfuerzo y dedicación al estudio.  Aquí, una vez  más el  facilismo en educación es la salida fácil para la graduación… como si este asunto no estuviera ya suficientemente mal.

Orlando Morales Matamoros.

No hay duda de que hubo el “apagón educativo” y si no hay medidas remediales, entraremos en “la edad oscura”, que a diferencia de la Grecia Antigua, en que fue la base para dar el salto al período clásico (700 al 400 aC) con el aparecimiento de la polis griega.  Aquí por estos lares no se vislumbra un renacer educativo y el gobierno ya octomesino no da muestras de un feto vigoroso y se corre el riesgo que sea un mortinato, pues el Consejo Superior de Educación permanece en el limbo, sin dar directrices tal como el artículo 81 constitucional lo señala.  El programa FARO de la administración anterior,  nunca iluminó el campo del conocimiento educativo y ya la nueva Administración debió tener listo el  Plan Nacional de Desarrollo en materia educativa.

Entre las huelgas del  magisterio y los dos años de pandemia, se han perdido cerca de 1.000 días y es utópico andar ahora en la imposible “búsqueda del tiempo perdido” que describiera  Marcel Proust. Ya lo dice un proverbio atribuido a Confucio: “el tiempo no espera a nadie” y por tanto, en cuanto al proceso educativo interrumpido y sin medidas alternativas en tiempo de pandemia, niños y jóvenes perdieron la oportunidad de educarse.

Durante los dos años de pandemia todos los docentes a lo largo de la escala académica, desde la educación pre-escolar, pasando por los ciclos de educación básica y diversificada, hasta los cursos profesionales y el posgrado universitario, entraron en paro…. pero todo el personal recibió puntualmente el salario… por no hacer nada. Sin embargo, muchas instituciones educativas privadas de diferente nivel, continuaron funcionando mediante los diversos medio tecnológicos de educación a distancia.

A pesar de que la intelectualidad del país percibió el problema del atraso en los procesos educativos a todo nivel, no hubo respuestas creativas.  En mi caso, en la universidad privada en que tenía actividades docentes no se perdió  un solo día y para ello el contingente docente fue preparado para el proceso ERAT: enseñanza remota con apoyo tecnológico. Mediante la plataforma Teams,  las clases fueron sincrónicas y sólo en casos de excepción no hubo buena comunicación por la localización del alumno, pero se le sugirió buscar un lugar apropiado para recibir una buena señal. Naturalmente, ya que la clase era grabada, también podía recibir la instrucción en  forma asincrónica.  En resumen, se dieron clases en periodo de pandemia, reforzado por los materiales de estudio apropiados para el estudio a distancia. De hecho, en mi curso se elaboraron cinco textos con enfoque pedagógico para facilitar el aprendizaje de los temas con mayor grado de dificultad.

La excusa de que no había señal de internet en todo el territorio nacional o que los alumnos no tenían los dispositivos adecuados, no es de recibo.  En la inmensa mayoría del territorio nacional, donde están la mayor cantidad de los alumnos, hay servicio de internet y casi todos los alumnos tienen acceso por diversos dispositivos, entre los más conocidos el teléfono celular.   Aclaro que aunque no es una situación ideal, pero mucho pudo hacerse… si hubiera habido interés.  En algunos sitios remotos casi siempre con pocos alumnos y cientos de escuelas unidocentes,  donde bien pudieron realizarse clases dado el limitado número de alumnos.  Todos, gobierno, sindicatos, padres de familia y alumnos, prefirieron esperar  la vuelta a la normalidad, sin hacer uso de los múltiples mecanismos alternativos de esta era tecnológica, aplicados a la educación a distancia.

Fue sorprendente que el gobierno siendo dueño del espectro de radio y TV, no exigiera a los beneficiarios de las licencias, esto es, a los dueños de las empresas de radiodifusión y de televisión que dieran parte de su tiempo para enviar mensajes educativos. Todavía más, el Sistema de radio y televisión nacional (Canal 13) no tuvo la simple curiosidad de utilizar ese servicio público en favor de la educación. Y en cuanto a las Universidades Estatales,  la radio universitaria y el canal 15, continuaron ofreciendo la misma programación, la mayoría de las veces irrelevante en esta emergencia nacional.  Pero el colmo es que la UNED, como universidad a distancia debió  mantenerse funcionando pues tiene las capacidades y la experiencia de poco más de 40 años para la enseñanza remota. En otras palabras, en esta guerra contra la ignorancia, los responsables se quitaron el tiro o si se quiere, irresponsablemente zafaron el bulto.

¡Y ahora, cuál es el estado del proyecto educativo de la administración Chaves? Si nos atenemos al comentario reciente que por este medio ha hecho el Dr. Luis Paulino Vargas (Foro Opinión, 22 dic.), la cosa no se muestra  promisoria, dada la constitución de los participantes. Pero el meollo del asunto es que previamente el Consejo Superior de Educación debió  contribuir con alguna orientación para la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo Educativo, no sea que luego el documento se aleje del espíritu de la ley.  En efecto, “la dirección general de la enseñanza oficial corresponde a un consejo superior integrado como señale la ley, presidido por el Ministro del ramo”.  ¡Y qué tal si al CSE no le gusta la visión del proyecto y se para de manos: y allí es donde la mula botó a Jenaro!

Y, más recientemente una innovadora diputada  propone eliminar las pruebas de Bachillerato, una loable pero perjudicial propuesta para dotar de título a miles de estudiantes rezagados.  Se debe ayudar a los alumnos para que aprendan, pero no darles el título por una medida administrativa, bajo el argumento de que “pobreciticos” porque sin título se afecta la “empleabilidad”. Es una lástima,  porque en muchos colegios sería la primera vez que los estudiantes tomen en serio una actitud que demanda esfuerzo y dedicación al estudio.  Aquí, una vez  más el  facilismo en educación es la salida fácil para la graduación… como si este asunto no estuviera ya suficientemente mal.

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