Orlando Morales Matamoros.

Nos hemos acostumbrado al canto de la guaria morada (Guarianthe skinneri) y hemos creído que como “solo en febrero tumbea el amor de tus colores”, hemos dejado de lado apreciar ese tono anaranjado de una leguminosa gigante que parchonea muchos lotes incultos de viejos cafetales.  Así los árboles de poró (Erythrina sp.) se visten de color salmón y hacia el sur de la capital se aprecia un bello espectáculo florido, al igual que muchos otros lugares del Valle Central donde hubo viejos cafetales, hoy ya casi desparecidos.

La primera que vez que observé con detalle la belleza de los poroes florecidos fue por el comentario del Dr. Federico Mayor Zaragoza a la sazón Director General de la UNESCO y de esto hace más de 30 años. Ha de recordarse que las siglas de este organismo de la ONU incluyen tanto Educación como Ciencia (United Nations Educations, Science & Culture Organization).  En la administración Calderón Fournier y como ministro de Ciencia y Tecnología, invite a varios profesionales en Bioquímica, especialidad del Dr. Mayor Zaragoza, entre ellos a Álvaro Apéstegui Barzuna, Luis Rojas Solano y Carlos de Céspedes Benavides, a compartir con la distinguida visita.  El ágape en honor del Dr. Mayor Zaragoza se realizó en el restaurante de un Hotel al final del Paseo Colón, en aquel tiempo con una excelente vista hacia los alrededores y desde ahí se divisaba el espectáculo de color salmón de las eritrinas en flor, hacia el sur de la capital.

Era costumbre de antaño la de intercalar entre los cafetales, árboles de poró ya que, como leguminosas en sus raíces formaban nódulos para la fijación del nitrógeno atmosférico y así beneficiar a las plantas de café del valioso elemento como abono. Aunque ya las viejas plantaciones de café en el Valle Central están en abandono, los árboles de poró todavía subsisten y en febrero muestran sus galas floridas.  Pienso que mediante drones podría cartografiarse la distribución florida de esos poroes en esta época con el valor de que son testigo de esos cafetales ya desaparecidos por haber dado lugar a la urbanización en los alrededores de la capital.  En fin, esas arboledas son la última evidencia del pasado cafetalero y casi sin darnos cuenta todavía persisten en discretos parches floridos o aislados en cualquier rincón de tierra donde otrora estuvieron las fincas de café.

No deja de ser sorprendente que fuera un distinguido extranjero quien nos hiciera ver la belleza de las eritrinas floridas, tal como sucede con las bellas cosas que tenemos alrededor y que, las echamos de menos solamente cuando las perdemos.  Como todavía buena parte de los terrenos del sur de la capital son reservas propiedad de entes gubernamentales sin urbanizar todavía, sería una buena idea la creación de una pequeña área de conservación y educación ambiental junto un parque para disfrute de los ciudadanos que se llamaría Parque de los Eritrinas o en tico, Parque de los Porós.

 

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Por Orlando Morales Matamoros

Doctor de Fisiología, Académico Universidad de Costa Rica, Facultad de Medicina, Ex-Ministro de Ciencia y Tecnología Micit y Ex-Ministro de Ambiente y Energía.