Orlando Morales Matamoros.

De casualidad encontré en YouTube dos interesantes comentarios sobre la estupidez humana que, en no tomando nota escrita, trataré de reelaborar con una visión propia, dada su importancia actual. De hecho, uno se sorprende de cómo la información en internet se absorbe sin un proceso previo de “masticación y digestión” y casi que cualquier dato se toma como verdadero sin consultar las fuentes, asunto que todavía se agrava aún más con el advenimiento de la inteligencia artificial. Si nos descuidamos cualquier robot o un avatar podría estar dándonos clases de ética.

El teólogo alemán Dietritch Bonhoeffer, en su ensayo titulado “After ten years” habla de la incapacidad de pensamiento crítico o bien, en la dificultad de comprender la realidad. Pero, por otro lado –y esto es central en su ensayo- se requiere de inteligencia y coraje moral para resistir a la ideología opresiva. Así fue como en el Tercer Reich, la visión totalitaria no tuvo el pensamiento crítico debido para evitar la catástrofe  y el dolor de tantas personas involucradas en una cruenta guerra.

Tal vez mejor conocido es el trabajo de Carlo Cipolla, quien hace una taxonomía básica de esa condición en varios tipos. Estúpidos veramente, aquellos que hacen estupideces inteligentemente en su beneficio, otros que la utilizan para agredir (bandidos) y los incautos.  Lo cierto es que en cualquier tipo de su taxonomía, se presentan sin diferenciación de edad, género, raza, credo o nacionalidad o condición económica.  O sea que, la estupidez en sus diferentes grados y forma de manifestarse,  es una condición consustancial del ser humano y por tanto aparece en todo tiempo y lugar. Así el Homo sapiens puede tener variedades más específicas: sapiens, faber, ludens, sociologicus, politicus y stultus (estúpido).

Pero ahondemos más en el asunto de las causas, pero teniendo en mente que todo ser humano puede “meter la pata” cuando desconecta el cerebro con la lengua, como en el caso de quien comenta sin el mayor esfuerzo intelectual a la hora de emitir un juicio ya sea por pereza mental, distracción o desinterés en alguna cuestión particular. Pero algunos enfermos de este mal social, son aquellos que actúan con frecuencia y casi que diríamos en forma irracional, aunque los más lo hacen por mera ignorancia y basado en el principio universal que cada quien puede decir lo que le venga en gana.  En la pasada pandemia, algunos intelectuales formaron grupos beligerentes anti-vacunas, otros recomendaron tratamientos con derivados del cloro sin ninguna base científica. Más recientemente en programas televisivos se habla de las virtudes milagrosas de extractos vegetales para la curación de todas las dolencias humanas y en general, tratamientos basados en ocurrencias pero alejados de las evidencias científicas. O sea, fanáticos mentirosos por un lado e incautos creyentes, por otro lado… en fin, estupidez al 100%.

Además de esta estupidez expresiva, igualmente peligrosa es la aquella de tipo receptiva.  Nada peor que tomar por cierto cierta información sin antes pasar el apropiado filtro mental que nos evita comer cuento, en cuyo caso corresponde al caso de estupidez cuando nos cogen fuera de  base, por decir lo menos.  Pero los estúpidos más peligrosos son aquellos en posiciones de poder, puesto que creen que inherente al cargo ocurre un proceso de iluminación intelectual y actúan como cuasi depositarios de la verdad.

Como propósito de Año Nuevo 2024 trataré de evitar y de  protegerme de la estulticia humana, tanto como emisor como de receptor, porque ahora con los medios de información masiva y la inteligencia artificial, debemos tener una actitud de “expectativa armada” ante el creciente aumento de la estupidez humana en sus múltiples manifestaciones.

 

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Por Orlando Morales Matamoros

Doctor de Fisiología, Académico Universidad de Costa Rica, Facultad de Medicina, Ex-Ministro de Ciencia y Tecnología Micit y Ex-Ministro de Ambiente y Energía.