Oscar Aguilar Bulgarelli: Don Rodrigo Chaves… Bajando de la nube

Quiéralo o no, el gobierno de Cháves asume con un importante vacío de poder que, en democracia, es muy grave. La forma en que llegó a la Presidencia es débil; sin partido, sin ideología definida, y con seguidores de última hora. 

Oscar Aguilar Bulgarelli, Historiador.

Han pasado casi quince días de las votaciones del 3 de abril y después de la euforia noticiosa de los primeros días, el remanso de la Semana Santa y la ausencia de informaciones, nos dejaron un ambiente de sosiego que nos permite analizar con más tranquilidad lo acontecido, o sea la victoria electoral del Dr. Rodrigo Chávez Robles y, en consecuencia, la derrota de don José María Figueres Olson y el PLN.

Empecemos por lo que, para algunos, debería ser lo último: el abstencionismo, pero para nosotros lo primero, por lo que significa. Según el TSE fue del 43.24 % del padrón nacional compuesto por 3.541.908 electores; por lo tanto 1.581,595 ciudadanos no votaron por ningún candidato, incluyendo en ese dato los votos blancos y nulos, que en total fueron 51.000.

Todos ellos se negaron a participar o expresaron de esa manera su oposición; es por lo tanto un voto protesta, rebelde y hasta indiferente, o como se quiera ver; lo que es indiscutible es que al alcanzar la cifra más alta de todos los procesos electorales desde la aprobación de la Constitución Política de 1949, es una voz de alerta que están poniendo los ciudadanos a los sectores político partidistas de Costa Rica y al propio TSE. Si, aunque no guste reconocerlo, es una llamada de atención  urgente sobre la necesidad de revisar, cambiar, actualizar y modernizar las estructuras políticas de una democracia que, sin duda, se vuelve obsoleta a los ojos y entendimiento de las nuevas generaciones, cada día menos interesada en la participación política.

Como bien lo dice el especialista Carlos Fara en la revista Debates, los partidos políticos deben cambiar porque “ para tiempos locos, partidos locos” en el sentido que los cambios permanentes sacuden la institucionalidad de cualquier país, y Costa Rica no es la excepción, y nos pone el ejemplo de partidos que en nuestros países son “ automóviles del siglo XIX, para transitar en carreteras del siglo XX y manejados por conductores del siglo XXI”, lo que evidencia su tremendo desajuste. Esas estructuras partidarias, absolutamente necesarias en una democracia, bien sean nuevas o por remodelación, deben ser flexibles, ágiles, participativos, renovados en su pensamiento, con facilidad de afiliación y representación, en donde no haya una estructura piramidal rígida, sino horizontal de mayor apertura. Y lo que no puede faltar como en El Escorial, un pudridero, donde los cadáveres políticos pasen a la Historia, como decía don Ricardo Jiménez.

Pero volvamos a nuestros números que ponen en evidencia como el candidato don Rodrigo Cháves resultó electo con tan solo el 28.75% del total del padrón, lo que tiene un profundo significado político, pues su poder es débil y limitado. A lo anterior le debemos agregar que, en la primera votación del 6 de febrero, el señor Cháves había obtenido el segundo lugar con solo 351.453 votos o el 16.8% de los votantes, equivalente al 9.92% del Padrón Nacional total, lo que constituyó una débil base para llegar al balotaje.

Por otra parte, en el resultado final que lo dio el triunfo electoral, logró sumar 667.000 votos de ciudadanos que en la primera ronda electoral no lo hicieron por él, provenientes fundamentalmente de los votantes del PUSC, Liberal Progresista, Nueva República, Frente Amplio e indecisos, que no estuvieron dispuestos a disimular los fardos históricos que arrastraba Figueres de un pasado político y personal tormentoso; ni sus nuevos pecados cometidos en campaña, como por ejemplo, el  oscuro viaje a República Dominicana ni su juego de aparentar ser neoliberal en economía y progresista en lo social como lo reflejaba, por ejemplo, la integración de su papeleta presidencial. En otras palabras, no votaron a favor de Cháves, lo hicieron contra José María Figueres

Por otra parte, no es que Rodrigo Cháves no arrastrara un buen número de cuestionamientos, algunos de ellos fueron: el oscuro financiamiento  de su campaña antes y después de su lanzamiento como candidato, que se encuentra en investigación en el TSE y la Fiscalía General, la ausencia de equipo humano para organizar un gobierno, su tenebroso pasado y salida en el Banco Mundial, la liviandad de su “plan de gobierno” fundamentado en generalidades e inexactitud de los datos que manejó en muchos campos, su personalidad agresiva,  engreída y arrogante, para citar solo algunos elementos que, ante pesaron menos en un pueblo desmotivado, desengañado, hastiado de los políticos y partidos tradicionales, que prefiririó una cara nueva sustentada en la credibilidad que generaba, equivocados o no, la figura de Pilar Cisneros Gallo.

Por ello, aquel ciudadano que irrumpió en el ruedo político apoyado por fuerzas todavía poco claras, días después de su tormentosa separación como controvertido Ministro de Hacienda del Gobierno PAC de don Carlos Alvarado; con un partido político cascarón al que, obviamente, no se le puede dar el nombre de tal sino de una verdadera maquinaria electoral, ganó el balotaje y hoy es Presidente Electo de Costa Rica que en un plazo de treinta días después de su elección, dejará de ser electo y será Constitucional, con la tarea de formar su equipo de gobierno, como primera gran incógnita.

Pero, además, hay por lo menos con tres aspectos que no le son, para nada, favorables. En primer término, como lo señaló acertadamente el Dr. Ronald Alfaro político y coordinador del CIEP de la Universidad de Costa Rica: “El presidente Electo tiene que leer muy bien estos resultados, de tal manera que no vaya a engañarse pensando que su respaldo es muy amplio, porque al mismo tiempo tiene un rechazo mayor…” (La Nación. 10-08-2022.P.3)

El presidente Cháves deberá preguntarse: ¿Quiénes y cuántos me respaldan?, porque la política es ciencia de realidades y en ella, no siempre, dos y dos son cuatro; ni tampoco la experiencia se adquiere viendo pasar los hechos desde el filo de la acera ni a través de las imágenes de la televisión, porque repetimos una vez más la frase de la célebre exdiputada del PLN: una cosa en verla venir y otra… –

Veamos este cuadro para saber, aproximadamente, cuánto apoyaron los votantes de los otros partidos a don Rodrigo en las votaciones del balotaje. Con base en el análisis preliminar hecho por el economista y reconocido estadístico Francisco Esquivel, podemos deducir lo siguiente:

En otras palabras, la diferencia entre la votación obtenida el 6 de febrero y el 3 de abril fue sustancialmente prestada por partidos que tampoco ofrecen una militancia histórica más o menos sólida entre sus votantes, a excepción del PLN, PUSC y FA. Por qué destacamos esto, por la sencilla razón que estos ciudadanos mantendrán su apoyo al gobierno de Chávez en tanto consideren que las ofertas fundamentales que hizo en campaña, a ser cumplidas al poco tiempo de estar en el poder, se materializasen. En tanto esa esperanza se llegue a esfumar, más fuerte y confrontativa será la oposición a ese nuevo desengaño. Por el contrario, se lo llega a cumplir, consolidará ese apoyo.

Además, el mismo grupo de ciudadanos que votó por Chávez el 6 de febrero, es un grupo prestado de los indecisos, desengañados, hartos de los partidos y políticos tradicionales, la corrupción y asfixiados por las condiciones socio económicas a que el gobierno de Alvarado le hereda al país. Por eso se afiliaron y dieron su apoyo al PPSD, cuando vieron a un candidato nuevo que les ofreció el oro y el moro para acabar con las corrupción, especialmente creando una campaña de odio contra los empleados públicos, generalizando indebidamente el estigma de “pensionados de lujo” e inclusive, aunque mucho más tenuemente, contra los grupos de “evasores”; la dura campaña contra la prensa especialmente La Nación y Canal 7, además de bajar el costo de vida, la energía eléctrica, el precio del arroz, los medicamentos y ni qué decir del ofrecimiento para hacer referéndum o plebiscitos y consultas populares, desconociendo lo estipulado en la Constitución Política, la Ley de la Jurisdicción Constitucional, y por si fuera poco, La Ley Sobre Regulación del Referendum que ignoró en toda la campaña para ofrecer imposibles. Si no cumple en muy pocos meses, puede tener seguridad que la luna de miel se convertirá en ¡hiel!, pues los reclamos de esas adhesiones interesadas, no se harán esperar.

Quiéralo o no, el gobierno de Chávez asume con un importante vacío de poder que, en democracia, es muy grave. La forma en que llegó a la Presidencia es débil; sin partido, sin ideología definida, y con seguidores de última hora.

A lo anterior hay que sumar su segunda debilidad, una Asamblea Legislativa con solo nueve diputados de su cascarón partidario, y aunque alguno de sus diputados pueda levantar los decibeles en los intercambios de la rayería política, esa no es la mejor táctica cuando se tiene una minoría tan significativa como fracción de gobierno. Si a eso le sumamos que esos nueve diputados son totalmente inexpertos en el complejo manejo legislativo, más delicado aun; porque la experiencia en ese ámbito es fundamental y no se adquiere de la noche a la mañana.

Su tercera debilidad es la evidente mala relación con la prensa. Merecidos o no, sus ataques a medios de comunicación también bastante desprestigiados como Canal 7, Repretel y La Nación fundamentalmente, son una afectación importante. Recordemos su furibundo discurso mencionando nombres y apellidos contra los dueños y directores de esos medios, a los que calificó de “prensa canalla” parafraseando a uno de sus más virulentos adherentes: el Dr. Juan Diego Castro. A lo anterior se agrega la presencia de su vocera oficial la periodista y diputada Pilar Cisneros Gallo, quien después de ser por muchos años parte y mancuerna de esos medios y jurar bajo siete cruces que nunca participaría en política, de pronto dio un giro radical de 180 grados, especialmente desde su anuncio de la conformación del grupo Demo Lab. Abjurando de su dicho que nunca se metería en política, lo hace, y de remache, lanza serios cargos contra Telenoticias y su excompañero de jefatura Ignacio Santos por su forma de manejar los llamados “publirreportajes” como un negocio aparentando ser noticia, cuando ya eso era una vieja práctica en ese telenoticiero; y también se lanzó contra la prensa en general, que ahora la mira como una renegada en esos medios. Por supuesto que no es la mejor línea de entrada o contacto con tan importante sector, que si bien puede arrastran importantes dosis de repudio nacional, también es cierto como se demuestra en varios estudios y en algunos de nuestros libros anteriores sobre la importancia de su impacto en la población, son los más influyentes en la formación de la opinión pública a través de la opinión publicada. En otras palabras, a pesar de sus críticas hacia ellos, el ciudadano sigue creyendo en lo dicho por la prensa, radio y televisión para formar su criterio. Paradójico, sí; pero es la realidad.

Por supuesto no vamos a defender a estos medios que, en otros libros, hemos desnudado su impúdico y canallesco proceder en muchos casos y como, también, han coartado la libertad de expresión de muchos ciudadanos y entidades, por el pecado de no estar de acuerdo con su línea editorial.

Por eso Don Rodrigo, como dice el viejo bolero… bájate de esa nube, y ven aquí a la realidad…no mires a la gente, con aires de superioridad; y porque en definitiva, todos son: coyotes de la misma loma!

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