Oscar Aguilar Bulgarelli: La Fecha de la Independencia.

Por el contrario, hoy que el principio de legalidad y respeto a la Constitución Política se irrespeta casi a diario por Presidentes, Ministros, Diputados y hasta Magistrados de la Sala IV y  el Tribunal Supremo de Elecciones,  con la aquiescencia de la prensa que más bien lo aplaude y la indiferencia que se convierte en una característica del costarricense, hagamos un junto reconocimiento a aquellos verdaderos Padres de la Patria, que supieron respetarlo y su legado debe ser orgullo y prenda nacional.

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Oscar Aguilar Bulgarelli, Historiador.

Desde hace algún tiempo se ha puesto de nuevo en el tapete de una discusión bizantina: la fecha en que debemos conmemorar la independencia Patria. Realmente el tema no es nuevo, ya en 1971 a raíz de la celebración del Sesquicentenario de la Independencia se publicó un folleto titulado ACTA DE INDEPENDENCIA DE COSTA RICA, en el que varios historiadores tratamos el asunto. También, el recordado maestro don Rafael Obregón Loría, lo abordó en su libro Los Primeros Días de Independencia, publicado aquel mismo año. Pero ahora este asunto adquiere especial relevancia, pues algunos políticos motivados por un localismo un tanto trasnochado, han revivido la idea de cambiar la fecha de la independencia, por lo que existen un par de proyectos en este sentido en eso que llaman: la corriente legislativa, que a veces, más que “corriente” parece un Mar de los Sargazo.

Pero también están los nuevos iconoclastas de la Historia que enarbolan, con insolencia y superlativa ignorancia, su enorme deseo que olvidemos nuestro pasado, nuestras raíces, nuestro ser nacional. Las motivaciones son muchas, los frentes variados, pero el objetivo es el mismo: someter la población a sus intereses ya sean económicos, sociales, ideológicos o de grupos convergentes y diversos objetivos, y para ello entre menos conozcan el valor de la Patria, es mejor; así más fácil la someten o más barato la venden.

En vista de lo anterior, saber lo que realmente significó el proceso de independencia nacional, adquiere una connotación muy importante y vale la pena tratar de poner algunas cosas en claro en esta discusión.

En primer lugar, en efecto el Acta del 15 de setiembre de 1821, no declaró la independencia de Centro América. En su artículo primero señala textualmente “Qué siendo la Independencia del Gobierno español la voluntad general del PUEBLO DE GUATEMA, sin perjuicio de lo que DETERMINE EL CONGRESO QUE DEBE FORMARSE, el Señor Jefe Político le mande publicar…” Es evidente, por lo tanto, que en aquella fecha y por medio de la mencionada acta, solo se proclama la independencia de la ciudad de Guatemala; como quedó demostrado en la nota que el 22 de setiembre, una semana después, envía el costarricense Pablo Alvarado (prócer un tanto olvidado) desde Guatemala, al Ayuntamiento de San José en donde señala “Esta capital, está ya independiente…”, no dice “esta provincia” o “esta Capitanía” sino que se refiere claramente a la capital.

Por otra parte, en el artículo segundo del Acta se ordena el envío de los oficios correspondientes y extraordinarios a las demás provincias para que concurran a “ esta capital a formar Congreso que debe decir EL PUNTO DE INDEPENDENCIA GENERAL ABSOLUTA, Y FIJAR, EN CASO DE ACORDARLA, LA FRMA DE GOBIERNO Y LA LEY FUNDAMENTAL QUE DEBA REGIR…” Este texto no requiere interpretación alguna, es claro que la independencia general de la Capitanía estaba por decidirse, y dada “ la gravedad y urgencia del asunto” los delegados debían estar en Guatemala el 1 de marzo del año 1822, para iniciar las sesiones del Congreso.

El 28 de setiembre, ante las noticias llegadas de Guatemala y el Acta del 15 en cuestión, la Diputación Provincial de León (Nicaragua y Costa Rica), deciden independizarse de Guatemala “ que parece se ha erigido en soberana” y “ la Independencia del Gobierno Español, hasta tanto se aclaren los nublados del día y pueda obrar esta provincia con arreglo a lo que exigen sus empeños religiosos y verdaderos intereses…”, para esperar que se “aclararan los nublados del día”.

Estos dos documentos llegan a Costa Rica el 13 de octubre de 1821, provocando enorme desconcierto por lo inesperado y contradictorio de aquellas comunicaciones. Imposible explicar aquí con detalle, lo acontecido en aquellos días;  vale señalar que para decidir el camino a tomar, el cabildo de Cartago invitó a los de San José, Heredia, Alajuela, Ujarrás, Barba, Escazú y otros, a nombrar delegados que tomen resolución debida.

Y AQUÍ EMPIEZA LO IMPORTANTE A DESTACAR, QUE NOS HACE UNICOS, GUSTE O NO.

el 25 de octubre, se reúne en Cartago la Junta de Legados de los Ayuntamientos en donde se plantea un tema de fondo: EL RESPETO AL PRINCIPIO DE LEGALIDAD, pues se cuestiona la legitimidad de la representación popular de aquellos legados, para nombrar una Junta de Gobierno Provisional como lo proponía San José. Aquel debate ideológico, lo lideraron el representante de Ujarrás don Rafael Fco. Osejo y el de Cartago, José Santos Lombardo. El primero consideró que los legados ahí reunidos no tenían suficiente representatividad popular para decidir a nombre del pueblo una forma de gobierno. Para Lombardo, aquella Junta lo único que haría sería nombrar un Gobierno Provisional, que tenía un carácter más de emergencia y necesidad inmediata, para lo cual, desde el punto de vista de las Ordenanzas, si podía tomar aquella decisión. Esta disputa, también ha tenido sus diversas interpretaciones desde la obra LA INDEPENDENCIA de Ricardo Fernández Guardia hasta otras más recientes, que no requiere ser analizada para los efectos de este artículo.

Después de un amplio debate  triunfó la tesis de Osejo, y la Junta de Legados de los Ayuntamientos resolvió suspender las sesiones y que “ los señores concurran a sus poderdantes consultando con ellos su resolución, poniendo de manifiesto, las razones o motivos en pro y en contra…”, es decir, legalmente informando y tomando el cuenta la participación y voluntad popular, hoy tan venida a menos!.

Mientras esto sucedía en Costa Rica, el 11 de octubre se produjo un segundo acuerdo den la Diputación Provincial de León en el que se proclama la independencia absoluta del Gobierno Español

  • “en los mismos términos que la propone el plan del señor Don Agustín de Iturbide y bajo los auspicios del ejército imperial…”

La noche del 28 de octubre, mientras algunos legados volvían a sus ayuntamientos y otros estaban todavía en Cartago, arribó a la capital provincial el correo proveniente de León, que fue entregado al Jefe Político Juan Manuel de Cañas que, si bien no los divulgó en su momento, lo cierto es que ya en la madrugada del día 29, la noticia de haberse proclamado la independencia de España por la Diputación Provincial, corría por la ciudad. Por lo anterior, Lombardo con un grupo de vecinos en forma tranquila y sin violencia, tomó el cuartel de Cartago; para evitar que Cañas pusiera resistencia a la independencia, según su decir, pues de esa manera lo dejaba sin autoridad militar. Ese mismo día 29, según lo relata el Prof. Obregón Loría en su libro LOS PRIMEROS DIAS DE INDEPENDENCIA, se realizó un cabildo abierto extraordinario y con el voto unánime de los presentes se acordó:

  • “1) Que se publique, proclame y jure solennemente (sic) el jueves 1 de noviembre la independencia absoluta del gobierno  (sic) español”. 2) Que absolutamente se observarán la Constitución y las leyes que promulgue el Imperio Mexicano…”.

Y aquí entramos al tema de la famosa fecha: por qué el 29 de octubre?; como pudimos observar, si de purismos y exactitudes se trata, debería proponerse el 1 de noviembre, ya que el mismo documento señala que ese día SE PROCLAME Y JURE LA INDEPENDENCIA!, no aquel 29 de octubre. Es claro que la independencia de España, se acordó por el Cabildo Abierto de Cartago aquel 29 de octubre, es correcto, pero?, fuimos independientes?, no. Coincidimos con el Prof. Obregón Loría al señalar que

  • “ser independiente significa: no depender de nadie, ser completamente libre, manejarse con absoluta autonomía, gozar de plena soberanía.”

En este sentido, no fuimos independientes en aquel momento que nos unimos al Imperio Mexicano, ni el 1 de diciembre con el Pacto de Concordia ya que seguíamos teniendo gobiernos provisionales en espera de anexarnos a otros; a pesar de hechos importantes como fueron, por ejemplo, la proclamación de la independencia de España y México que hiciera el 5 de abril de 1823 Gregorio José Ramírez después de su triunfo militar en Ochomogo; o el decreto del 24 de setiembre de 1824, que también señala que el

  • “Estado de Costa Rica es y será perpetuamente libre e independiente de España, México y cualquiera otra potencia…”( Arias Raúll, Áncora, 27-11-2011)

pero, que queda desvirtuado cuando nos anexamos a otra entidad jurídica superior,  como lo hicimos en 1823-24 al pasar a formar parte de la República Federal de Centro América, hasta que el 31 de agosto de 1848 con la proclamación de la República asumimos la soberanía del estado. Consecuentemente, puede observarse lo difícil que es  poder determinar una fecha exacta para considerarla como la conmemoración de la independencia y la misma no debe ser  el producto de una ocurrencia.

El 15 de setiembre de  1821 si bien no es la declaratoria de la independencia de Centro América o de Costa Rica, como quedó dicho; si es la fecha en que se inició un proceso irreversible, para llegar a ella, y eso es lo único que está claro y vale. Es más importante analizar y dar a conocer el extraordinario proceso que siguió, en donde lo fundamental fue respetar el principio de legalidad, legitimidad y representación popular, que fue único en América; donde el fuego de las ideas fue más importante que el de las balas de cañón. Sigamos con el 15 de setiembre, sin cartagadas o intereses bastardos u ocultos y para ello minimizan y desvirtúan el proceso.

Por el contrario, hoy que el principio de legalidad y respeto a la Constitución Política se irrespeta casi a diario por Presidentes, Ministros, Diputados y hasta Magistrados de la Sala IV y  el Tribunal Supremo de Elecciones,  con la aquiescencia de la prensa que más bien lo aplaude y la indiferencia que se convierte en una característica del costarricense, hagamos un junto reconocimiento a aquellos verdaderos Padres de la Patria, que supieron respetarlo y su legado debe ser orgullo y prenda nacional.

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