Óscar Álvarez ArayaPolitólogo (Ph.D.)

Los regímenes que mejor anulan las libertades son los totalitarios, autocráticos y autoritarios, independientemente de su orientación ideológica, pragmática o religiosa.

En el vecindario latinoamericano y en el sistema internacional tenemos una variedad de tales regímenes.

La rivalidad principal de nuestro tiempo se produce entre democracias y autocracias, anteriormente calificadas como dictaduras de diferente signo. Es decir la competencia entre las democracias liberales y las diversas dictaduras del siglo XXI.

La libertad es el valor más importante y esencial de la dignidad humana, pero no es el único. Conviene balancear dicho principio con los valores de la igualdad y la fraternidad para completar el lema de la Revolución Francesa. Y sin dejar de lado los valores de la justicia y la paz.

Una democracia basada en los principios de la libertad, la igualdad ante la ley, la fraternidad, la justicia y la paz, es preferible a cualquier tipo de autocracia o totalitarismo en nuestro siglo XXI.

Pero las democracias deben renovarse a sí mismas para ajustarse mejor a sus valores y principios esenciales.

Es decir que en la rivalidad entre las democracias y las autocracias los costarricenses debemos estar del lado de las democracias liberales. Pero a la vez debemos mantener una lucha en el seno de la democracia buscando su mejora y perfeccionamiento.

Una de las mejores formas de perfeccionar los sistemas democráticos es hacerlos más pragmáticos y eficientes en la solución de los problemas cotidianos del ciudadano de a pie. Esta misión es muy difícil porque la clase política con mucha frecuencia legisla y gobierna para complacer a grupos de interés. Con frecuencia se sacrifica a los ciudadanos de a pie!

Otro tema al que debemos ponerle atención es a la lucha contra el desempleo y la pobreza. No con simples discursos sino promoviendo un clima de negocios favorable a la inversión, tanto nacional como extranjera, al crecimiento económico, a la generación de nuevos empleos y la reducción de la tasa de pobreza.

Y por supuesto a la lucha por un desarrollo sostenible con crecimiento económico y a la vez protección del ambiente y la naturaleza, entre muchos otros asuntos.

Pero también conviene recordar que las libertades son la savia, el alimento diario de las democracias liberales.

Hay países vecinos en los que los pueblos desearían disfrutar de las libertades de pensamiento, de expresión, de prensa, de asociación, de reunión, de manifestación, de elección, de tránsito y de comercio, entre otras.

Incluso los que valoramos las garantías sociales debemos recordar que cuando en un país se pierde la democracia liberal y las libertades, se pierden también las garantías sociales, los derechos laborales y las libertades de asociación, de reunión y de manifestación pacífica.

Valores esenciales como la justicia y la fraternidad sólo pueden sobrevivir en sistemas que garanticen primero las garantías individuales, la democracia y las libertades.

Defendamos las libertades y las garantías individuales.

Oscar Alvarez

Por Oscar Alvarez

Politólogo, autor y coautor de 45 libros y publicaciones. Fue Embajador de Costa Rica en Taiwán (1998/2006) y Asesor del Presidente de la República (1990/1994). Ha sido analista y consultor internacional con el PNUD, UPAZ, IIDH, ACDI, KAS, entre otras entidades. Ha sido invitado internacional de los gobiernos de los Estados Unidos de América, de Japón, de Corea y de la Organización de Estados Americanos. Su CV.