Óscar Álvarez ArayaPolitólogo (Ph.D.)

La libertad es el valor principal de la dignidad humana.

Es importante que conduzcamos nuestra existencia conforme a los principios de la libertad y la responsabilidad individual.

Cada vez que tomemos una decisión hay que recordar el valor de la libertad, de mi propia libertad que termina donde empieza la libertad del otro.

Mi libertad no es absoluta y está limitada por la realidad, por el estado de derecho y por los principios y normas de la Constitución Política. Sobre todo es importante entender que mi libertad está limitada por la igualdad ante la ley y que con mis decisiones o acciones no puedo dañar las libertades, la vida o las propiedades de terceros.

Pero sí es fundamental que valoremos la importancia de la libertad.

Para el profesor universitario es muy fácil entender la trascendencia de la libertad de cátedra, mientras que para el empresario es muy comprensible la libertad de empresa y para el periodista la libertad de prensa. Y así sucesivamente. Es decir que aceptamos con cierta facilidad el principio de la libertad cuando nos atañe, o cuando su ejercicio nos beneficia de alguna manera. Es mucho más difícil entender la libertad de otros, de los diferentes.

De manera que sería conveniente avanzar hacia un concepto integral de la libertad, es decir hacia el conjunto de las libertades y no sólo de la libertad de mi gremio o de mi sector social o económico.

Hay algunas libertades que ya son clásicas, fundamentales, como las libertades de conciencia, de pensamiento, de expresión, de tránsito, de prensa, de asociación, de manifestación, de elección de autoridades políticas, de empresa y de comercio, entre muchas otras. Sin olvidar otras que a veces generan reticencias y controversias como la libertad sexual o la libertad religiosa. Ambas totalmente necesarias y respetables.

Me parece que es conveniente ir superando la idea de estar a favor de ciertas libertades individuales pero en contra de otras. Es decir que promovemos algunas libertades y violentamos otras. En fin superar el concepto de libertad fragmentada, dividida, en unas cosas si y en otras cosas no. Algunos por ejemplo, elogian las libertades políticas pero adversan las libertades económicas o al revés, elogian las libertades económicas y adversan las libertades políticas. Hay muchos ejemplos de ello en el vecindario latinoamericano.

Por otra parte la libertad en un campo del acontecer humano puede apoyar y contribuir al éxito de la libertad en otro campo diferente.

Hay que superar la visión de la libertad como un simple medio para el progreso. Desde luego en un ambiente de negocios de mayor libertad se avanza más fácilmente hacia el progreso. Pero la libertad es un fin en sí mismo, que tiene valor por sí misma porque protege y potencia la dignidad humana y permite el florecimiento y el crecimiento moral de la persona. La libertad es tanto medio para el progreso como fin en sí mismo a favor de la dignidad humana.

En fin que conviene avanzar hacia un concepto de libertad amplio, integral, entendido como un todo indivisible, que incluye el respeto y la promoción de todas las libertades individuales, las políticas, las económicas, las culturales, sin más límites que las libertades de los otros, la igualdad ante la ley y el estado de derecho. Y promoviendo siempre la igualdad de oportunidades.

En el caso de las libertades económicas, desde luego hay límites establecidos por el marco regulatorio, tanto nacional como internacional. Pero en general mayores índices de libertad económica se traducen en mayor crecimiento económico y progreso, así como más elevados índices de desarrollo humano.

Es necesario promover una cultura de la libertad que haga posible un clima social de mayor respeto a las libertades individuales comprendidas en sentido amplio e integral. Uno de los mejores medios para avanzar hacia esa cultura de libertad es leer libros de los grandes autores clásicos de las ideas de la libertad.

La libertad es el valor principal de la dignidad humana.

Oscar Alvarez

Por Oscar Alvarez

Politólogo, autor y coautor de 45 libros y publicaciones. Fue Embajador de Costa Rica en Taiwán (1998/2006) y Asesor del Presidente de la República (1990/1994). Ha sido analista y consultor internacional con el PNUD, UPAZ, IIDH, ACDI, KAS, entre otras entidades. Ha sido invitado internacional de los gobiernos de los Estados Unidos de América, de Japón, de Corea y de la Organización de Estados Americanos. Su CV.