Óscar Álvarez: Libertad, democracia y humanismo

“Las personas tienen derechos que no les pueden ser violados legítimamente”. Robert Nozick

0

Óscar Álvarez ArayaPolitólogo (Ph.D.)

Giovanni Sartori, politólogo y profesor universitario contemporáneo nacido en Florencia, es uno de los mayores protagonistas de la discusión sobre la democracia en el mundo actual. Para él, democracia y dictadura pueden ser concebidas como tipos puros o ideales, como casos límite que delimitan los polos de un continuo entre democracia y dictadura así:

 

democracia                                                                                                     dictadura

       l—————————————————————————————-l

La ventaja de esta representación es que permite colocar los casos concretos a lo largo del continuo con una mayor o menos distancia de los polos de referencia. El país “menos dictadura” de todos será el más cercano al polo “democracia”; el país más dictadura de todos, estará junto al polo opuesto; el grueso de las democracias se agrupará en la zona izquierda del continuo; el grueso de las no-democracias, en la zona derecha; y los casos dudosos estarán agrupados en el medio, a medio camino entre los polos. El tratamiento puede repetirse para la pareja democracia-totalitarismo y muchas otras. Al variar la pareja, varía el enfoque, en el sentido de que cambiamos los polos que definen el continuo y cambia la “dimensión” a lo largo de la cual se sitúa el análisis. Obsérvese el siguiente diagrama:

En resumen, entonces los países no son tipos puros o ideales de democracia o dictadura, sino que representan casos concretos que se ubican en un punto medio que dista tanto de la democracia pura como de la dictadura pura. Es saludable entonces construir “rankings” anuales del Estado de la Democracia de todos los países del mundo, de manera que podamos clasificarlos en una lista que incluya en los primeros lugares a los que están más cerca de la democracia y en los últimos lugares, a los que están más cerca de la dictadura.

En América Latina, desde hace una década la Fundación alemana Konrad Adenauer y la entidad Polilat, con sede en Argentina, elaboran un informe anual de desarrollo democrático en el que clasifican a los países en una lista según se acerquen más al ideal democrático o a la dictadura. En su informe del 2011, Chile, Uruguay y Costa Rica encabezan el ranking de países más democráticos, mientas que los países del Grupo ALBA y Guatemala ocupan los lugares de países menos democráticos o más cercanos a la dictadura.

Según Sartori, la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y la disolución del comunismo nos dejó ante un vencedor absoluto: la Democracia Liberal. Dicha victoria de la democracia es realmente la victoria de un principio de legitimidad. Sin embargo, la victoria del principio de legitimidad democrática no es total y más bien se detiene en las fronteras de África, China y la mayoría de los países islámicos. Por lo tanto, para Sartori, la Victoria de la democracia está lejos de ser global. Nosotros le agregaríamos a Corea del Norte, Vietnam, Cuba y Birmania, entre los países a los que no ha llegado la democracia. Y mencionaríamos a Rusia, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, entre los países en los que es notorio un retroceso en materia de democracia y hasta podrían ser clasificados en el lado de los autoritarismos.

Una de las contribuciones más interesantes de Sartori, es su forma de clasificar los sistemas políticos actuales. Comienza por definir un sistema de partidos políticos, como el sistema en el que la política es ejercida mediante organizaciones denominadas partidos políticos. Según este autor, para definir un sistema de partidos como más importante hay que destacar la distancia entre partidos (polarización) y la dirección de la competencia (centrifuga y centrípeta). Con base en esto se confirma una tipología de siete tipos:

  • Unipartidismo: Sólo hay un partido.
  • Unipartidismo hegemónico: Sistema que permite la existencia de una pluralidad de partidos, pero uno se impone largamente sobre el resto debido a su nivel organizativo, capacidad económica, inserción social, utilización del aparato estatal, u otros motivos.
  • Unipartidismo predominante: Se trata de un sistema en el que un partido ha ganado por mayoría absoluta en 4 o 5 legislaturas.
  • Pluripartidismo: Gran cantidad de partidos políticos tienen amplias posibilidades de obtener el poder ejecutivo
  • Pluripartidismo bipartidista o bipartidismo: Dos partidos políticos de ideologías opuestas absorben la mayoría abrumadora de los votos, dejando espacio escaso a otros partidos.
  • Pluripartidismo polipartidista: Varios partidos políticos se reparten los escaños, estando obligados a realizar alianzas para alcanzar el poder.
  • Pluripartidismo de centro: Entre varios partidos políticos hay uno de centro que obtiene la mayoría de los votos, pero que generalmente ha de realizar coaliciones con el resto de partidos que adquieren más o menos votos según las tendencias del momento.

Según algunos autores, la gobernabilidad democrática se facilita en los sistemas de partidos institucionalizados, que no estén polarizados o fragmentados, pero no son requisitos indispensables para la gobernabilidad.

Raymond Aron, fue un intelectual francés que defendió la libertad en el siglo XX y en medio de la Guerra Fría, especialmente frente a los desafíos de la Unión Soviética y sus aliados. Definió al marxismo como el opio de los intelectuales y ha sido un demócrata liberal independiente, con tono universitario y objetivo, no atado a nadie y alejado de los fanatismos: “Hagamos fervientes votos por la llegada de los escépticos si ellos han de extinguir los fanatismos”. (El opio de los intelectuales).

Clasificó a los regímenes políticos según el número de partidos y en dos grandes familias:

Regímenes de pluripartidismo en los que tanto el poder como la oposición operan dentro de una base legal, desarrollan una lucha política pacífica y se rigen por el principio del compromiso.

Regímenes de partido único, en los que un sólo partido político tiene el monopolio de la actividad política legítima. En dichos regímenes, prevalece el estado del partido, sólo se acepta la ideología del partido único, el poder es ilegal, la lucha política es violenta, y la actividad política se rige por los principios de la fe y el temor. Los que se adhieren al partido único tienen fe en el mismo y en su ideología oficial y los que discrepan del partido único viven en el temor de ser disidentes y ser víctimas algún día del poder.

Esos regímenes se subdividen en dos tipos básicos: Los que se rigen por una ideología política total y los que dejan aspectos de la vida social fuera del programa político. Es decir, regímenes totalitarios y autoritarios.

Sin ninguna duda Aron prefiere los regímenes pluripartidistas que protegen las libertades y desconfía de los regímenes de partido único que las anulan totalmente o por lo menos de manera parcial.

En el tiempo en que elaboraba esta clasificación el mundo se dividía en dos bloques ideológicos entonces irreconciliables, el democrático liberal y el soviético socialista. Cuando Aron habla de sistemas de partido único, se refiere en primer lugar al sistema político típico de la Unión Soviética y de sus aliados que se caracterizaba por el monopolio de un partido único, el Partido Comunista. Sin embargo, en el bloque democrático liberal también existieron dictaduras como las de Duvalier, Batista, Somoza, Stroessner y Trujillo y casos de partido único o hegemónico, como el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México y el Partido Revolucionario Democrático (PRD) en Panamá que restringieron y anularon las libertades y la democracia.

Aron escribió sobre el régimen soviético definiéndolo como ideocrático, lo cual significa que se basaba en el poder de la ideología. Asimismo, es un típico sistema totalitario en el que prevalece una ideología oficial sustraída de toda discusión libre, una sociedad civil absorbida por el estado y un estado-partido único que ejerce el monopolio del poder político y económico.

La Unión Soviética, fue el extremo opuesto a un sistema de libertad y democracia, fue de un sistema totalitario, palabra que designa dos rasgos del socialismo marxista-leninista: una concepción del mundo (o doctrina o teoría) profesada oficialmente, erigida por el Estado en verdad sustraída a discusión; la sociedad civil es absorbida por el Estado. La pluralidad de ideologías, lo mismo que la pluralidad de grupos sociales se halla más o menos rechazada radicalmente, eliminada incluso.

Según esa definición trivial, el régimen nacional socialista apenas fue totalitario, en cualquier caso, mucho menos que la Unión Soviética de Stalin o incluso de Brézhnev. En punto a ideología, el nacional-socialismo no adoptó nunca la forma sistemática, dogmática del marxismo-leninismo. No existió catecismo hitleriano comparable con la Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética de Stalin. El racismo, eje de la fe hitleriana, no corrompía el conjunto del pensamiento como hacia el stalinismo en la peor época”.

En resumen, para Aron, un intelectual judío que fue demócrata, liberal y acérrimo crítico de Adolfo Hitler, el régimen nacional-socialista fue menos totalitario que el socialismo marxista-leninista y stalinista de la Unión Soviética.  Hoy día el sistema político más representativo de ese totalitarismo es el que prevalece en Corea del Norte y en Cuba. Como escribió el intelectual checo Václav Havel: ese totalitarismo “es el mundo de la esterilidad del pensamiento, de dogmas rígidos, de una doctrina severa e inmóvil…”

Mientras tanto Karl Loewenstein, clasificó los sistemas políticos según el grado de concentración del poder. En las Autocracias el poder está concentrado en una persona, asamblea, junta, partido o iglesia y no se admite la oposición o la discrepancia. En los Regímenes Constitucionales el poder está controlado y compartido por individuos y grupos sociales diversos. Además, se admite la oposición y la disidencia. Existen finalmente los tipos intermedios como son las autocracias en transición hacia el constitucionalismo o los Regímenes Constitucionales transformándose en autocracias.

George Vedel define a la democracia como un sistema de diálogos y afirma que la idea de diálogo expresa la filosofía más profunda de la actitud democrática. Sin embargo, en la práctica hemos conocido gobernantes que se proclaman auténticos demócratas, especialmente cuando están en la oposición y a la hora de gobernar se cierran totalmente al diálogo con los opositores o incluso con los que tienen puntos de vista diferentes. Son demócratas en el discurso, pero autoritarios en el ejercicio del poder.

Por otra parte, es cierto que la democracia debe ser no solamente un sistema de diálogos sino un sistema de toma de decisiones. Es decir, que la democracia no debe degenerar hacia una fórmula de infinito diálogo en el que jamás se llega a las votaciones y a los procesos de toma de decisión.

El profesor jurista y politólogo italiano Norberto Bobbio estableció la interrelación de la democracia con los derechos humanos y la paz: “Derechos humanos, democracia y paz son tres elementos necesarios del mismo movimiento histórico: sin derechos humanos reconocidos y protegidos no hay democracia; sin democracia no existen las condiciones mínimas para la solución pacífica de los conflictos.”

El profesor español Manuel Jiménez de Parga, ha escrito que hay varios subtipos de regímenes democráticos. En el régimen Presidencial como el de los Estados Unidos de América todo se centra en torno al presidente, quien tiene la última y decisiva palabra. El pueblo elige de manera directa o indirecta al presidente, quien debe responder al mismo durante su gestión. Allí la misma persona es Jefe de Estado y de Gobierno, los Ministros o Secretarios responden ante el Presidente y no ante las asambleas y prevalece una separación rígida entre las dos cámaras legislativas que constituyen el Congreso y el Poder Ejecutivo. No hay monarquía ni aristocracia. El Presidente de los Estados Unidos es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y el cargo de más poder político en el mundo.

En el régimen Parlamentario, como el existente en Gran Bretaña, toda la vida pública se centra en el parlamento que tiene la última y decisiva palabra. Aquí el pueblo elige al parlamento por medio del sufragio universal y secreto y dentro del parlamento el partido mayoritario elige a su líder máximo como Primer Ministro, quien es la cabeza tanto del gobierno como del Parlamento.

En tales regímenes el Jefe de Estado no está a cargo del gobierno y es políticamente irresponsable. En Gran Bretaña la Jefa de Estado es la Reina, pero en Israel es el presidente. El caso británico, se trata de un sistema con una Cámara de los Comunes y una Cámara de los Lores que concilia la división y la conciliación de poderes.

En el régimen de Asamblea, el gobierno es nombrado directamente por la cámara de diputados y se comporta como un mero comisionado de la asamblea, no puede decidir de acuerdo con su parecer ni puede presionar sobre los diputados.  Algunos le llaman parlamentarismo absoluto.

También en el siglo XX el pensador austríaco Karl Popper, que residió en su patria hasta que en 1938 Adolfo Hitler la invadió y entonces emigra hacia Australia primero y luego hacia Londres, fue un crítico del marxismo-leninismo como ideología que justifica una nueva forma de sociedades cerradas por medio del llamado materialismo histórico.

Según Popper, el historicista, no importa que sea nacional socialista o marxista leninista, cree que la historia tiene un rumbo, un argumento y que él lo conoce. De ese historicismo al totalitarismo no hay más que un paso, pues si yo sé lo que va a pasa en la historia entonces yo tengo una superioridad sobre los que no la conocen. Si mi clase o mi raza o mi partido es el que va a prevalecer entonces tú tienes que prepararte para nuestra dominación.

Carlos Marx aplicó el historicismo dentro del esquema de las clases sociales y decirnos que “la historia humana es la historia de la lucha de clases” en la que al final se impondrá la dominación del proletariado y la dictadura de su Partido Comunista. Para Popper ese discurso historicista de clase lo que hace es justificar y preparar la victoria de un nuevo totalitarismo, el del marxismo-leninismo.

Pero en general, dice Popper, “el historicismo es una especie de exitismo: el futuro es el que tiene la razón. Aquel que demuestre que lo trae y lo tiene consigo, merece dominar. Esta es la maldad esencial del historicismo, porque la historia en realidad está abierta a la libertad humana y es imprevisible.”

Como nueva variante de dicho exitismo, en la actualidad muchos argumentan que hay que darle la razón a China porque representa el futuro y sería muy pronto (según dicen) la primera potencia mundial. En ese sentido, China ha venido a relevar a la desaparecida Unión Soviética. Se supone que representa el rumbo, el futuro de la historia, lo cual en el caso de la URSS no resultó cierto.

Asimismo, Popper distingue entre sociedades cerradas y sociedades abiertas y éstas últimas constituyen un ámbito para la realización de cada uno de nosotros como individuo libre y responsable.

En suma, valga rescatar, que no existe un guión de lo que será la historia, sino que nosotros, los seres humanos podemos ser protagonistas y hacerla sobre la base de nuestra libertad. Robert Nozick, profesor de la Universidad de Harvard, afirma que los seres humanos somos valiosos y que por lo tanto vale la pena darnos la libertad.

Expone la idea del florecimiento de las personas: “Cada persona tiene que florecer. Si la libertad exterior que le otorgo a una persona en lo político, en lo cultural, en lo económico, no tuviera en vista que esa persona es alguien con la capacidad de florecer, entonces carecería de sentido.”

Su planteamiento se resume en que: “Las personas tienen derechos que no les pueden ser violados legítimamente.” Aquí nos recuerda el pensamiento de Kant: la persona es un fin en sí mismo.

Y “la sociedad libre, no coercitiva es mucho más valiosa que la coercitiva porque es más diversa: une elementos más diversos al permitirle a cada persona que sea ella misma.” Es decir, la sociedad libre es la que más permite el florecimiento de las personas, de los seres humanos valiosos.

Nozick valora la libertad y también la solidaridad, pero considera que ésta se realiza mucho mejor a partir del perfeccionamiento individual en lugar que la coacción estatal.

Como dijo el argentino Mariano Grondona, al final de su libro “Los pensadores de la libertad”, con el Profesor Nozick “el liberalismo da un giro a fin de presentarse como un humanismo. En definitiva, es un humanismo, una manera de querer, promover e impulsar al hombre.  ¿Es valioso el hombre? Sí. Entonces démosle la libertad para desarrollarse, para florecer. He aquí el punto de partida del humanismo liberal.”

Esta es una conclusión muy relevante, que el liberalismo pueda ser incluido entre las corrientes de pensamiento que valoran por encima de todo lo demás al ser humano, a su desarrollo y florecimiento y que la solidaridad pueda tener un espacio dentro del discurso liberal. Aquí se abre una puerta para que el liberalismo ingrese a las habitaciones de otras corrientes de pensamiento que centran sus objetivos en promover el crecimiento y la dignidad del ser humano. En verdad que un liberalismo humanista o un humanismo liberal, como se le llame, abre insospechadas posibilidades de diálogo y de interacción con otras doctrinas políticas, económicas y sociales.


COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...
La Revista es un medio de opinión libre y gratuito, pero necesitamos su apoyo, para poder continuar siéndolo Apóyanos aquí
Holler Box