Óscar Álvarez: Libertad y progreso

“...el poder sin freno desarrolla su propia lógica, es una máquina que una vez puesta en funcionamiento no para hasta que todo lo somete o destruye.” Albert Camus “No existe otra política realmente progresiva que la fundada en la libertad del individuo”. Friedrich Hayek

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Óscar Álvarez ArayaPolitólogo (Ph.D.)

Para el filósofo español, José Ortega y Gasset, “La forma que en política ha representado la más alta voluntad de convivencia es la democracia liberal… El liberalismo-conviene hoy recordar esto-es la suprema generosidad: es el derecho que la mayoría otorga a las minorías y es, por tanto, el más noble grito que ha sonado en el planeta. Proclama la decisión de convivir con el enemigo, más aún, con el enemigo débil…Ahora, por lo visto, vuelven muchos hombres a sentir nostalgia del rebaño. Se entregan con pasión a lo que en ellos había aún de ovejas. Quieren marchar por las vidas juntas, lana contra lana y la cabeza caída. Por eso en muchos pueblos de Europa andan buscando un pastor y un mastín”.

En su libro célebre “La rebelión de las masas” nos alertó sobre el gran peligro que representaba el estado para la supervivencia de la libertad: “La sociedad, para vivir mejor ella, crea como un utensilio el Estado. Luego el Estado se sobrepone, y la sociedad tiene que empezar a vivir para el Estado¨. Y entonces en Italia Benito Mussolini viene con ejemplar petulancia a proclamar su fórmula de estatismo: “Todo por el Estado; nada fuera del Estado; nada contra el Estado”. De tal manera que, en el fascismo, en el comunismo y aún en muchas democracias “La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre para la máquina del Gobierno”.

Y luego presenta al Estado como enemigo de la libertad: “El Estado es siempre y por esencia presión de la sociedad sobre los individuos que la integran. Consiste en imperio, mando; por tanto, en coacción, y es un quieras o no. En tal sentido puede decirse que el Estado es la antilibertad”.

El pensador austríaco Friedrich A. Hayek, Premio Nobel de Economía en 1974, define la libertad como la ausencia de coacción: “El estado en virtud del cual un hombre no se haya sujeto a coacción derivada de la voluntad arbitraria de otro o de otros se distingue a menudo como libertad individual o personal”.  Prefiere no hablar de libertades sino de una sola libertad que es indivisible. Y el estado de libertad lo define como una situación en la que la coacción en el ámbito social queda reducida al mínimo.

Para Hayek la libertad está ligada a la responsabilidad: “La libertad no sólo significa que el individuo tiene la oportunidad y la responsabilidad de la elección, sino también que debe soportar las consecuencias de sus acciones y recibir alabanzas o censuras por ellas. La libertad y la responsabilidad son inseparables.”

Según Hayek, una sociedad libre exige probablemente más que ninguna otra, que los hombres se guíen en sus acciones por un sentido de responsabilidad, que se extiende más allá de los deberes marcados por la ley, y que la opinión general apruebe que los individuos sean hechos responsables tanto de los éxitos como de los fracasos de sus empeños. Cuando a los hombres se les permite actuar de acuerdo con lo que estiman conveniente, también deben ser responsables del resultado de sus esfuerzos.

Para Hayek, una parte del concepto que nos merece la personalidad individual consiste en el reconocimiento de que cada ser humano tiene su propia escala de valores que debemos respetar aún cuando no la aprobemos. La forma de valorar a una persona necesitada dependerá de nuestra propia escala de valores. Ahora bien, creer en la libertad significa que nos consideramos el juez último de los valores de otra persona, que no nos sentimos con títulos para impedirle la prosecución de fines que desaprobamos, a condición de que dicha persona no infrinja la esfera igualmente protegida del resto de las gentes.

Según el pensador austriaco, una sociedad desconocedora de que cada individuo tiene derecho a seguir sus personales preferencias carece de respeto por la dignidad del individuo y desconoce la esencia de la libertad. Sin embargo, también es verdad que en una sociedad libre la estima del individuo depende del uso que haga de su libertad.

Como escribió el sociólogo alemán Max Weber, “incluso en las sociedades libres, el estado tiene el monopolio de la coacción física legítima, razón por la cual es imposible la libertad individual absoluta”. Pero ante esa realidad incontrastable Hayek propone limitar el poder del estado, proteger la esfera privada del individuo ante el estado y reducir la coacción del poder público al mínimo mediante la subordinación del individuo a normas generales conocidas, es decir leyes. En conclusión, favorece un estado limitado, una esfera privada con derechos para el individuo y tanto un poder público como unos ciudadanos sometidos al imperio de la ley.

Hayek no se queda en la simple defensa de la libertad política y del libre pensamiento. Distingue entre libertad de pensamiento y libertad de acción, que incluye a la libertad económica. Y vincula a la libertad de acción con la responsabilidad: “La libertad no solo significa que el individuo tiene la oportunidad y la responsabilidad de la elección, sino también que debe soportar las consecuencias de sus acciones y recibir alabanzas o censuras por ellas. La libertad y la responsabilidad son inseparables”.

Y luego desarrolla sus conceptos sobre la responsabilidad: “Una sociedad libre exige probablemente más que ninguna otra, que los hombres se guíen en sus acciones por un sentido de responsabilidad, que se extiende más allá de los deberes marcados por la ley, y que la opinión general apruebe que los individuos sean hechos responsables tanto de los éxitos como de los fracasos de sus empeños. Cuando a los hombres se les permite actuar de acuerdo a lo que estimen conveniente, también deben ser responsables del resultado de sus esfuerzos”. El Decimocuarto Dalai Lama también ha insistido en ligar la libertad con la responsabilidad: “Cuando exigimos derechos y libertades, debemos asumir nuestras responsabilidades”. Y el Mahatma Gandhi dijo que: “La libertad nunca significó la licencia para realizar cualquier cosa a gusto”.

Para Hayek las garantías de la libertad individual sólo existen bajo el imperio de la ley y el estado de derecho. Y afirma que la humanidad ha aprendido mediante largas y dolorosas experiencias que la libertad bajo la ley debe tener las siguientes características:

En primer lugar, el estado de derecho significa que el gobierno no debe ejercer nunca coacción sobre el individuo excepto para hacer cumplir una ley conocida. Es decir que, siguiendo a Benjamín Constant, no hay que confundir el estado de derecho con la mera legalidad: “Si una ley concede al gobierno poder ilimitado para actuar a su gusto…todas sus acciones serán legales, pero no encajarán ciertamente dentro del estado de derecho”. Y agrega: “El estado de derecho, por tanto, es también más que el constitucionalismo, y requiere que todas las leyes se conformen con ciertos principios”. En resumen, no basta la existencia de leyes o de constituciones para afirmar que en un país exista un estado de derecho.

Asimismo, no todos los actos o normas que proceden del poder legislativo pueden ser considerados como leyes auténticas. En ese sentido, lo que distingue a “una sociedad libre de otra carente de libertad es que en la primera el individuo tiene una esfera de acción privada claramente reconocida y diferente de la esfera pública, que asimismo no puede recibir cualquiera clase de órdenes, y que solamente puede esperarse de él que obedezca las reglas que son igualmente aplicables a todos los ciudadanos”.

El segundo atributo de las verdaderas leyes es que sean conocidas y ciertas.

El tercer requisito de la ley auténtica es la igualdad, es decir que se aplique igualmente a todos.

En cuarto lugar, para que prevalezca un estado de derecho es indispensable que exista una efectiva y real separación de poderes, con jueces independientes y ajenos a los objetivos transitorios del poder público.

En quinto lugar, deben existir límites legales a las facultades discrecionales de los órganos administrativos.

En sexto lugar, es indispensable que estén establecidos y se respeten efectivamente una serie de derechos individuales y libertades civiles contemplados en la constitución.

En sétimo lugar, tienen un papel angular las garantías formales y normas procesales del derecho que tienden a proteger al individuo y garantizar la imparcialidad de la justicia, tales como el habeas corpus, el juicio ante el jurado etc. Según Hayek, son esenciales para garantizar la existencia de un verdadero estado de derecho y de la libertad bajo la ley.

Finalmente, el autor austríaco concluye que: “El estado de derecho, hoy en día, es tan importante porque constituye una gran protección del ciudadano privado contra la tendencia siempre creciente del mecanismo burocrático a absorber la esfera de acción privada propia del individuo”.

Pero incluso Hayek, considerado como uno de los más puros liberales, acepta restricciones a la libertad en situaciones excepcionales como los conflictos bélicos y contempla la posibilidad de expropiaciones siempre y cuando se hagan con la justa compensación y dentro del imperio de la ley. Y aclara que “esas ineludibles intromisiones en la esfera privada se producirán sólo en aquellos casos en que de modo indubitado la ganancia pública sea superior al daño provocado por el menosprecio referido al interés individual”.

En su obra “Camino de servidumbre” (1943) se nos revela como un crítico del totalitarismo del siglo XX, tanto en su versión nacional-socialista como en la variante marxista-leninista, las cuales según su criterio vienen a ser semejantes. Para apoyar su tesis incluso cita a Adolfo Hitler: “Fundamentalmente nacional-socialismo y marxismo son la misma cosa”.

Pero al mismo tiempo hace un llamado de alerta respecto a los peligros de un socialismo democrático, que se basa en la planificación y en las restricciones sistemáticas a la libertad económica: “Hemos abandonado progresivamente aquella libertad en materia económica sin la cual jamás existió en el pasado libertad personal y política”.

Tiene temor de que por la vía de la planificación se vaya perdiendo gradualmente la libertad y llega a afirmar que “la planificación conduce a la dictadura”. Para defender y promover la libertad económica, Hayek cita a uno de sus maestros David Hume: “Es raro que una libertad, cualquiera que sea, se pierda de una vez” y dedica largas páginas a demostrar cómo tanto en los sistemas totalitarios como en los democráticos la planificación va restringiendo los espacios de libertad.

Aunque aclara que “Es importante no confundir la oposición contra la planificación… con una actitud dogmática de laissez faire”, es decir, una postura de simplemente dejar hacer, dejar pasar. Este párrafo es iluminador porque algunos liberales, a veces, llegan a posturas de inacción total, son más liberales que Hayek o más papistas que el Papa.

Para promover la libertad y el progreso Hayek “defiende el mejor uso posible de las fuerzas de la competencia como medio para coordinar los esfuerzos humanos”, pero no es una argumentación para dejar las cosas como están. Se basa en la convicción de que allí donde pueda crearse una competencia efectiva, ésta es la mejor guía para conducir los esfuerzos individuales. No niega, antes bien afirma, que, si la competencia ha de actuar con ventaja, requiere una estructura legal cuidadosamente pensada…Tampoco niega que donde es imposible crear las condiciones necesarias para hacer eficaz la competencia, tenemos que acudir a otros métodos en la guía de la actividad económica”. Por otra parte, llega a admitir ciertas formas de intervención oficial en la economía cuando escribe: “El uso eficaz de la competencia como principio de organización social excluye ciertos tipos de interferencia coercitiva en la vida económica, pero admite otros que a veces pueden ayudar muy considerablemente a su operación e incluso requiere ciertas formas de intervención oficial”.

En resumen, Hayek en lugar de atenerse a una actitud dogmática de laissez faire, para defender la libertad y favorecer el progreso promueve la creación de una economía de competencia dentro de una estructura legal o estado de derecho y aceptando que cuando es imposible crear las condiciones de competencia se puede recurrir a otros caminos, incluida la intervención oficial, es decir del gobierno.

Para Ludwig Von Mises de la Escuela de Viena actuar es optar. “Constantemente estoy optando, y estoy optando libremente. La libertad es la capacidad que tengo de autogobernarme”.

En cuanto al tema de la competencia, afirma que por lo general el rico es más bien proteccionista porque ya tiene una posición económica consolidada que procura defender frente a posibles nuevos rivales. En cambio, el que aún no ha ganado, el que quiere competir para superarse y salir adelante, ese es el portador de las ideas de la libre competencia.

Uno de los mitos más difundidos en los medios universitarios latinoamericanos es creer, siguiendo las enseñanzas de Marx, que los burgueses son generalmente liberales y partidarios de la economía de libre mercado, lo cual es falso en muchos casos. Más bien es cierto lo contrario, que con frecuencia en nuestra región los burgueses o empresarios son partidarios del proteccionismo y del estatismo. Yo diría que por lo general los empresarios son liberales o proteccionistas según el tema específico y según las conveniencias de sus empresas y negocios.

Para Mises son más importantes las libertades económicas que las políticas o culturales. El escenario decisivo adonde se define la libertad es el mercado: “Consecuentemente consideramos libre al hombre en la economía de mercado”. Además, acusa a los intervencionistas de estar a veces con el mercado y a veces en contra de este de acuerdo a sus conveniencias: “O es economía de mercado o no lo es. Si la dejo cuando quiero, y cuando quiero la limito, ya no es economía de mercado porque anulo la fluidez del sistema y niego la ciencia de los economistas¨.

Como afirma Mariano Grondona lo último que negociaría Kant es el criticismo y Locke el estado de derechos y obligaciones; mientras que Von Mises lo último que estaría dispuesto a negociar es la economía de mercado.

El 16 de junio de 1946, los partidos liberales de Europa promulgaron la Declaración de Bruselas, afirmando su fe en la libertad espiritual del hombre y su oposición a todo tipo de gobierno que no garantice a todos sus súbditos libertad de conciencia, libertad de prensa, libertad de asociación, libertad de expresión y de publicación de sus creencias y opiniones: “Nos oponemos a todo tipo de gobierno reaccionario o totalitario. Afirmamos nuestra fe en la libertad política y en la democracia. Ningún país es democrático si no salvaguarda los derechos fundamentales del ser humano…”

Y posteriormente, establece el vínculo entre la libertad económica y política: “Convencidos como lo estamos de que la supresión de la libertad económica lleva inevitablemente a la desaparición de la libertad política, afirmamos nuestra confianza en un sistema económico que respete la iniciativa privada, el espíritu emprendedor y la responsabilidad”.

Para concluir, la Declaración dice lo siguiente: “En vista del creciente peligro de la tiranía política y económica, la persona libre, dotada de conciencia social e internacional, es la esperanza de la humanidad”.


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