Óscar Álvarez ArayaPolitólogo (Ph.D.).

Nace en Tagaste, norte de África, en el año 354 d. de C. Se sabe que tuvo una juventud turbulenta de amores y de pasiones. Al igual que San Pablo es un converso. Primero es maniqueo, pero luego a los 32 años se convierte al cristianismo en el año 386. En Hipona llega a ser obispo de la Iglesia cristiana. Escribe los siguientes libros: Confesiones y La Ciudad de Dios, entre otras obras.

Representa la incorporación del platonismo a la teología cristiana. En su pensamiento recibe la influencia de Marco Tulio Cicerón.

En La Ciudad de Dios nos presenta la existencia de dos ciudades:

  1. Civitas terrena (poder civil): civitas diaboli o civitas imperium (Satán rey) (dividida en Estados). Es decir, la Ciudad terrena, dividida en Estados y en la que Satán es el rey. En dicha Ciudad terrena la Iglesia es el brazo de la divinidad en el mundo. Es el poder eclesiástico que tiene como misión salvar las almas.
  2. Civitas Dei (Dios Rey): Es decir, la Ciudad de Dios, que es una, indivisible y caracterizada por la total perfección. Dicha ciudad, por supuesto no es de este mundo.
    En la Ciudad terrena o Ciudad de los hombres, el Estado es un mal, pero un mal menor, porque introduce y representa un cierto orden ante la maldad de los seres humanos.

De las dos ciudades se dice que:

  • Están entremezcladas y se separarán en el Juicio Final.
  • En la Ciudad Celestial: Prevalece el bien y el amor al prójimo.
  • Rige el Perdón: 70 veces 7.
  • Ciudad terrena: Prevalece el mal y el egoísmo.
  • Rige la lucha por el poder.
  • En la Ciudad Terrena Dios quita y pone reyes y lo hace con un propósito.
  • Quien obedece las leyes, goza de libertad.
  • Allí el pecado es la transgresión de la ley.

La autoridad del Estado es necesaria para someter a los ciudadanos terrenos. A semejanza de San Pablo predica obedecer a la autoridad, sí está ahí es por algún plan divino.

En fin, el mensaje político de San Agustín para comportarse en la Ciudad terrena es el de obedecer las leyes y obedecer a los reyes, es decir, a la autoridad política.

San Agustín fallece en Hipona en el año 430 d. de C.

Por Oscar Alvarez

Politólogo, autor y coautor de 45 libros y publicaciones. Fue Embajador de Costa Rica en Taiwán (1998/2006) y Asesor del Presidente de la República (1990/1994). Ha sido analista y consultor internacional con el PNUD, UPAZ, IIDH, ACDI, KAS, entre otras entidades. Ha sido invitado internacional de los gobiernos de los Estados Unidos de América, de Japón, de Corea y de la Organización de Estados Americanos. Su CV.