Óscar Álvarez: Pericles

Somos libres y tolerantes en nuestras vidas privadas, pero en los asuntos públicos guardamos la ley». Una vida privada en democracia, que a su vez, explica que se rige por la mesura cuando decía que «Nuestro amor por la belleza no nos lleva a la extravagancia; nuestro amor por las cosas del espíritu no nos ablanda».

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Óscar Álvarez ArayaPolitólogo (Ph.D.)

Nace en Atenas en el año 495 a. de C. Memorable estadista y orador griego, del cual se cuenta con un brevísimo manifiesto democrático, La Oración fúnebre de Pericles, según la escuchó y registró  Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso.

En dicho manifiesto, oración o discurso, se define la democracia ateniense como un régimen en el que «La administración está en manos no de unos pocos, sino en las de la mayoría». Los valores que inspiran ese régimen son la igualdad, la libertad, la tolerancia y la fraternidad.

Sobre la igualdad se expresa: «Cuando se trata de arreglar disputas, todos somos iguales ante la ley»; de la libertad y la tolerancia: «Y así como nuestra vida política es libre y abierta, así es nuestra vida en nuestras relaciones diarias entre nosotros … Somos libres y tolerantes en nuestras vidas privadas, pero en los asuntos públicos guardamos la ley»; mientras que de la fraternidad: «Obedecemos las leyes, especialmente las que protegen a los oprimidos y nuestra bondad para con los otros no proviene de cálculos utilitarios … sino de nuestra liberalidad»

Hay dos fundamentos clave: primero, estamos frente a un gobierno de la mayoría; segundo, este se basa en los valores de la igualdad, la libertad, la tolerancia y la fraternidad, que a su vez, está organizado y limitado por la ley. Es decir, distinguimos una democracia funcionando dentro de un Estado de derecho. En otras palabras, ambos fundamentos encuentran los límites en el imperio de la ley, del Estado de derecho. Así reza el discurso: « …En los asuntos públicos guardamos la ley».

Asimismo, en La Oración fúnebre se establece un balance entre la obediencia a la autoridad y la libertad del ciudadano cuando se alude a que «Obedecemos a los que hemos puesto en posición de autoridad, obedecemos las leyes…» Es decir, que la obediencia a la autoridad no es ciega ni absoluta, pues está limitada por las leyes, por el respeto al Estado de derecho. La autoridad en la democracia no es la autoridad del dictador; sino la autoridad que recibe su legitimación del gobierno de la mayoría y del Estado de derecho.

En este marco de la autoridad democrática legítima y del Estado de derecho, los ciudadanos viven su libertad y este es contexto de Pericles cuando declamaba en La Oración fúnebre: «Cada uno de nuestros ciudadanos es capaz de mostrarse como recto señor y dueño de su propia persona, en los múltiples aspectos de su vida, y, además hacerlo con excepcional gracia y excepcional versatilidad».

Si se quisiera resumir al máximo el concepto de ‘democracia’ de Pericles, diríamos que es un régimen político en el que el gobierno es de la mayoría y los ciudadanos son rectos señores y dueños de su propia persona. En fin, una democracia de ciudadanos, de persona libres conviviendo entre sí a través de un Estado de derecho.

Con base en el discurso que recogió Tucídides , así era la Atenas del siglo 508 a. de C: «Tal es, pues, nuestra ciudad, por la que estos han luchado y muerto heroicamente… A vosotros corresponde tratar de ser como ellos. Decídanse, porque la felicidad depende de ser libres y la libertad depende de ser valientes».

La democracia ateniense ha sido una las más participativas en la historia, aspecto que percibió el locuaz estadista y que lo plasmó en su discurso: «Todo individuo se interesa en los asuntos del Estado tanto como en los propios, incluso los más ocupados están muy bien informados sobre la política general…» Es decir, que aunque el régimen excluye a las mujeres, los esclavos y los metecos, la democracia ateniense estaba constituida por ciudadanos libres que se comportaban en las palabras de Aristóteles como «animales cívicos o políticos». Ha sido una de las democracias más participativas en la historia.

Y finalmente, hay otro rasgo digno de elogio en La  Oración Fúnebre de Pericles, la democracia como forma de vida mesurada. Hay un balance entre mi libertad y la libertad de los demás, entre mi vida privada y el respeto a la ley: «Y así como nuestra vida política es libre y abierta así es nuestra vida en nuestras relaciones diarias entre nosotros. Somos libres y tolerantes en nuestras vidas privadas, pero en los asuntos públicos guardamos la ley». Una vida privada en democracia, que a su vez, explica que se rige por la mesura cuando decía que «Nuestro amor por la belleza no nos lleva a la extravagancia; nuestro amor por las cosas del espíritu no nos ablanda».

Ver: Oración fúnebre de Pericles. (Giner, página 13).

Pericles promovió el régimen democrático liberal de gobierno:

  • Gobierno de muchos;
  • Gobierno de la ley;
  • Igualdad de derechos (igualdad ante la ley);
  • Respeto a la vida privada.

Pericles falleció en Atenas en el año 429 a. de C.

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