Óscar Arias Sánchez, Politólogo (Dr.).

Hoy 7 de agosto celebramos el “Día de la Paz firme y duradera”. Hoy se cumplen 34 años desde que los presidentes centroamericanos tuvimos la valentía de dialogar y alcanzar un acuerdo que pusiera fin a los conflictos que enfrentaban a hermanos con hermanos, y cubrían los países centroamericanos con una oscura nube de muerte.

Para los centroamericanos que vivimos aquella época, esta fecha es un recuerdo de aquellos años de dolores y de sueños. Para los jóvenes de hoy es un día para que recuerden que no podemos repetir los dolores del pasado y que debemos aprender de ellos. Es un día para que recuerden que su presente estuvo marcado por un pasado turbulento y doloroso. Para que recuerden que la paz y la libertad de que hoy gozan no siempre estuvo allí, y que costó mucho ganárselas.

Mis queridos jóvenes, recuerden que el mundo de hoy lo están forjando ustedes. Son ustedes los que están escribiendo la primera mitad del siglo XXI y serán los testigos más calificados para juzgar la era de guerra y dolor que con la firma del Plan de Paz queríamos dejar atrás. Hay mucho por hacer en la fragua de la paz, y es ardua la faena. Pero sin importar los sacrificios, sin importar las entregas, no hay labor más noble que la de asegurar que la vida sea una aventura feliz sobre la Tierra. Son muchos los obstáculos que deben superar y el camino de la paz es muy largo. Les pido que, por favor, escojan para el viaje el equipaje correcto: no lleven en sus valijas el odio ni el dogmatismo; no lleven en sus valijas la intolerancia y el enfrentamiento; no lleven en sus valijas la desesperación y el miedo; lleven en sus valijas, solamente, el espíritu de la libertad, el espíritu de la incansable defensa de los propios ideales, el espíritu de la paz y de la democracia. Lleven también el espíritu de los soñadores ya que un verdadero soñador no vive en el mundo que existe, sino en el que en sus sueños inventa. Ese fue el impulso que necesitaba para redactar el Plan de Paz, y para convertirme en embajador de ese mundo que soñaba junto con millones de personas.

Luché por la paz en Centroamérica por los jóvenes que conocí, y por los que no llegué a conocer. Luché por la paz en Centroamérica por los jóvenes que dejaron de creer en la guerra y por los que me ayudaron a construir la paz. Luché por la paz en Centroamérica por aquellos niños que acababan de nacer, y por los que aún no habían nacido. Sí, mi lucha fue por aquellos jóvenes centroamericanos que, sin comprender las razones de la guerra, se graduaban en el odio y la violencia. Luché por ellos, pero lo hice más vehementemente por los jóvenes de mi país. Porque un día lejano en el tiempo, allá por 1986, prometí que lucharía incansablemente para que nuestros jóvenes anduvieran con un libro bajo el brazo y no con un rifle encima del hombro.

La paz se alcanza por sus propios medios: por el diálogo y la tolerancia, por la paciencia y la perseverancia. Parafraseando el Desiderata, no hay que ser cínico con la paz, que en medio de la aridez y el desencanto, encuentra la forma de brotar, como la hierba, a través de todas las estaciones.


 

Oscar Arias

Por Oscar Arias

Óscar Arias Sánchez. Abogado y politólogo, Presidente de Costa Rica en los períodos de 1986-1990 y 2006-2010. Premio Nobel de la Paz en 1987.