Óscar Arias: Sí a las vacunas

Quiero ser parte del esfuerzo que hacen nuestras autoridades de salud en llamar la atención sobre la importancia de la vacunación. Hay en los libros de historia palabras aterradoras como rabia y viruela.

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Óscar Arias Sánchez, Politólogo (Dr.).

A menudo hay que recurrir a los recuerdos para hacer conciencia. Después de todo, el recuerdo de cada uno de nosotros es también evidencia empírica, metodología cotidiana que sirve para demostrar que hubo en el pasado realidades que existieron y ya no son; problemas que nos aquejaron y en algún momento dejaron de perturbar el sueño de nuestra patria. La historia de un país no es más que la sumatoria de las biografías de sus habitantes, y por eso quiero compartir con ustedes un recuerdo de mi infancia. Ese recuerdo es la triste imagen de un compañerito de escuela corriendo detrás de una bola de fútbol, en un recreo cualquiera, intentando alinear los movimientos de una pierna robusta y musculosa, con otra delgada como una espiga. Recuerdo acudir luego de ese juego a mi casa, a preguntarle con angustia a mi madre ¿qué tenía mi compañero de escuela? Y mamá pronunció entonces una frase ya extinta: “tuvo polio hace unos años”.

Enfermedades como ésta, y muchas otras, que durante milenios cobraron la vida y las oportunidades de millones de personas, son hoy un atavismo gracias a los programas de vacunación. Creo y respaldo firmemente las vacunas. Recibo cada año mi vacuna contra la influenza estacional y ya me he puesto las dos dosis de la vacuna contra el COVID 19.

Quiero ser parte del esfuerzo que hacen nuestras autoridades de salud en llamar la atención sobre la importancia de la vacunación. Hay en los libros de historia palabras aterradoras como rabia y viruela. Es probable que el léxico de nuestros nietos carezca por completo de expresiones como sarampión y rubeola. Eso se lo debemos a científicos brillantes y a políticos responsables.

Ojalá que nosotros seamos dignos herederos de esa tradición centenaria y logremos escribir en nuestro libro de historia, como un aterrador recuerdo, la palabra COVID 19. Si todos nos vacunamos podremos lograrlo. Se lo debemos a los hombres y mujeres que antaño padecieron enfermedades terribles. Se lo debemos a ese compañerito mío de escuela que hacía maromas para anotar un gol en los recreos de la escuela. Y se lo debemos, sobre todo, a los millones de niños sin nacer que esperan, en los años venideros, a que les construyamos un país más sano para vivir.

 


 

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