Óscar Arias: Que nadie se refugie en la guerra

Consejo permanente de la Organización de Estados Americanos Invito a las democracias de las Américas y a los hombres que luchan contra la opresión en estos territorios, a que trabajemos juntos por la paz centroamericana, que es también la paz de América.

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Óscar Arias Sánchez, Politólogo (Dr.).

Discurso pronunciado el 22 de setiembre de 1987, ante el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos, en Washington, D. C., Estados Unidos de América.

El más preciado valor

Me complace estar en esta Organización, donde los ciudadanos de las Américas tratamos de promover nuestros ideales comunes.

La mayoría de ustedes representa hoy a gobiernos elegidos libremente por sus pueblos. El ideal libertario heredado de Simón Bolívar es el más preciado valor que deseamos compartir. Esta es la institución más adecuada para impulsar nuestros anhelos de libertad y democracia.

Aquí están los representantes de los países del Grupo de Contadora. Aquí están, también, los embajadores de los países del Grupo de Apoyo. Mucho han hecho ustedes por encontrar una solución pacífica a los problemas de Centroamérica, y aquí les doy las gracias, una vez más, por su cooperación. Han escrito para la paz del mundo páginas que están grabadas ya en la historia de América. Aquí está el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Joao Baena Soares, quien ha confiado y apoyado sin desmayos los esfuerzos de paz de Centroamérica.

Todos ustedes han aceptado, además, seguir con nosotros la ruta de la paz, participando en la vigilancia de los acuerdos firmados en Guatemala. Aquí están, entonces, nuestros mejores aliados contra la guerra.

Aquí se comprometió Sandino

Fue en este recinto donde el espíritu de Augusto César Sandino se comprometió en la ruta de la libertad del pueblo nicaragüense, después de que heroicamente fuera derrotado el tirano Somoza, después de que cayera para siempre la cruel dictadura que durante tantas décadas martirizó a Nicaragua.

Las cinco naciones centroamericanas hemos firmado un plan de paz para que la promesa de libertad que aquí se hizo en nombre de Sandino llegue a ser realidad sin amenazas ni agresiones.

El plan aspira a la reconciliación de los centroamericanos, allí donde la amargura ha llevado a muchos a tomar las armas. Persigue la paz de nuestra pequeña América Central, el disfrute de la democracia política para nuestros pueblos y el imperio de la libertad para todos.

Pobreza y desarrollo, guerra y paz

Centroamérica es hoy una región especial del mundo. En ella tienen lugar una dura batalla entre la pobreza y el desarrollo y otra entre la guerra y la paz.

Un drama de males económicos y sociales recorre los territorios de istmo. La prolongada crisis económica sustenta un proceso de empobrecimiento permanente. El desmedido peso de la deuda externa, la pérdida en los términos de intercambio de nuestros principales productos, la fuga de capitales, el analfabetismo y el hambre, la mortalidad infantil, el desempleo, la falta de vivienda y otros problemas de igual magnitud, describen el escenario desigual en que debe darse la batalla en favor del desarrollo y la lucha contra la pobreza.

En el campo político destaca el creciente número de refugiados. Aumentan la cantidad de asesores militares, las maniobras bélicas y la guerra de guerrillas. Hay actos nacionales e internacionales de terrorismo. Hay guerra desatada de declaraciones políticas, en la que participan países de dentro y fuera del área.

Hay conflicto y tensión en algunas fronteras.

Centroamérica está sometida a una descarnada presión económica, que amenaza con perpetuar la pobreza. Está sometida a una cruel presión política que amenaza con desintegrar incipientes instituciones democráticas. Pobreza y guerra, guerra y pobreza. ¿Es este el destino reservado a Centroamérica? Ya sabemos que esta es parte de su historia. Pero ¿tiene que formar parte también de nuestro futuro?

Se abrió una puerta

Los pueblos del istmo decidieron tomar el destino de estas batallas en sus propias manos. Contra todas las predicciones, contra fuerzas dogmáticas de los extremos, contra intereses económicos poderosos, las cinco naciones firmaron un acuerdo de paz.

Se abrió una puerta que estaba cerrada, se abrió un camino que para algunos estaba destruido para siempre.

Estamos cansados de una historia de muerte, de enfrentamientos estériles, de dictadores despiadados, de pueblos marginados de los beneficios del desarrollo. Ese camino significa colocar dictadores a la cabeza de los pueblos, y ya no queremos más dictadores en América. ¿Qué intereses oscuros pretenden refugiarse, una vez más, tras los uniformes militares? Evidentemente, no son los intereses de los pueblos. Los intereses de nuestros pueblos están de cara al Sol, abiertos al mundo; piden libertad, trabajo, pan, techo, seguridad. Nunca hay nada oculto en los intereses del pueblo; por eso, el pueblo no necesita armas para dormir sin temor su cansancio.

Nos negamos a aceptar que todo tenga que seguir igual. Nos negamos a aceptar que, cuando las juventudes miran el futuro, se les quiera obligar a ver el pasado. Nuestros pueblos tienen derecho a transitar por la libertad, a disfrutar la paz, a trabajar con éxito por el desarrollo. En Guatemala firmamos un compromiso para cambiar la historia.

Son muchos los obstáculos que deberemos vencer. Son muchos los que no creen que eso sea posible. Algunos pocos parecen haber decidido oponerse al camino de paz acordado.

No es justo que el costo de algunas guerras se mida por el número de jóvenes que mueren en ellas, y el de otras, por los dólares que en ellas se gastan. No es justo que se busque la paz en las guerras en que caen los hijos propios, y se alienten victorias o derrotas en guerras en las que caen hijos ajenos.

Un trato económico justo para la paz

Las naciones centroamericanas necesitamos apoyo para construir el camino propio que nos hemos trazado. Necesitamos apoyo político y necesitamos apoyo económico. Pedimos que dejen de llegar armas a la región y que, en su lugar, lleguen inversiones. Pedimos que se nos abran mercados y se nos permita pagar nuestras deudas en condiciones más favorables. Nuestros esfuerzos de paz sólo podrán tener éxito si simultáneamente somos capaces de reactivar nuestras economías, de distribuir mejor la propiedad y el ingreso, de elevar los niveles de vida de nuestros pueblos.

Ustedes saben bien que a los países de Centroamérica no se les está dando todo el trato preferencial que necesitamos. Son insuficientes los acuerdos especiales para vender nuestros productos y para pagar nuestras deudas. Faltan créditos para la región, falta comprensión política de nuestros problemas por parte de algunos organismos internacionales de desarrollo. Este comportamiento internacional es un obstáculo a nuestros esfuerzos de paz. Estamos obligados a luchar para romper esta muralla.

Muchas veces hemos hablado de un nuevo orden económico internacional. Hemos hablado del diálogo Norte-Sur, hemos hablado de cómo mejorar las condiciones de intercambio para los países en desarrollo. Hoy necesitamos hablar de una nueva economía para la paz de Centroamérica porque es necesario asegurar que, frente al reto de la guerra y la paz, sea la paz la que prevalezca.

Los países industrializados tienen temor de hacer concesiones especiales aun en nombre de la paz. Quizá temen verse obligados a extender luego esas ventajas a todas las demás naciones. Ese temor debe cesar. Si no aceptamos que puedan hacerse excepciones, incluso en nombre de la paz, estaremos aceptando que todo en el mundo es igual, que nos da lo mismo el tirano que el demócrata, que nos da lo mismo la guerra que la paz, que serán solo las reglas de la economía las que habrán de regir las relaciones entre los pueblos.

Nosotros sabemos que en Centroamérica debe emprenderse el esfuerzo por una economía para la paz. Deben cesar las guerras y abrirse posibilidades para atender con prontitud los más apremiantes problemas de quienes han vivido en la miseria durante muchas décadas.

América Central requiere acceso a nuevos mercados para sus productos y estabilidad del valor de su producción exportable.

Se necesitan más créditos y es imprescindible una renegociación de la deuda, que permita garantizar la paz, primero, y pagar, después. Es necesario que las economías crezcan para poder pagar.

Si a Centroamérica se le obliga a pagar en las circunstancias actuales, si se le niegan condiciones internacionales más favorables, se estará condenando a muchas democracias a un cruel retorno a las dictaduras, se estará condenando a la región a ser escenario de guerra entre hermanos por tiempo indefinido. Hay en esto una responsabilidad compartida entre nuestros países y la comunidad internacional. No es posible darle la espalda a la historia de paz que estamos invitados a escribir juntos. Es hoy cuando debemos evitar los males para no tener que lamentarnos mañana. Si no lo hacemos ahora, habremos fallado en esta hora crucial de la historia.

Nuevo diálogo

Los pueblos de Centroamérica están hablando entre sí. Hablan sus presidentes, hablan sus ministros, hablan sus técnicos. Hablan sus escritores y sus periodistas, hablan los hombres de sus iglesias. Hay una ruta centroamericana de diálogo para la que pedimos ayuda. Sabemos mejor que nadie cuán difícil es abrir caminos en el trópico, pero estamos haciéndolo.

El envío encubierto o público de armas a algunos países de la región, por parte de potencias extrarregionales, nos arrastrará irremisiblemente a un enfrentamiento entre el Este y el Oeste.

Habrá un punto de no retorno donde acabará por entronizarse la guerra. La senda de la guerra solo puede significar para Centroamérica un futuro peor, más duro, más lleno de opresión y de miseria.

El plan de paz es un reclamo, un grito, un llamado a la razón para poder trabajar por mejores horizontes. Nadie tiene derecho a radicalizar las guerras fratricidas que hoy tienen lugar en Centroamérica. Eso no es justo. La polarización de la política no beneficiará nunca a las grandes mayorías que habitan nuestros territorios.

Si las democracias del mundo mostramos miedo ante la libertad, ante el uso de sus instrumentos propios, como el diálogo y la persuasión, estaremos siguiendo los postulados de los tiranos, la ruta de los opresores. Es necesario que trabajemos con toda honestidad política para que se respete la libre determinación de los pueblos, para que los pueblos sean libres y puedan ejercer sus derechos en democracia. Es necesario que se cumpla la palabra empeñada en el plan de paz. Es preciso que se abra un espacio a la libre decisión tomada por nuestros cinco estados.

Dignidad y decoro

Algunos dicen que la batalla por la paz de Centroamérica debe ganarse en Washington. Otros dicen que la batalla por Washington hay que ganarla en Centroamérica. Yo afirmo que la batalla por Washington deben ganarla aquí, con los caminos propios del pueblo norteamericano. La batalla por la paz de Centroamérica debemos ganarla allá, por los caminos propios de los centroamericanos.

No confundamos ya más las cosas. Que nadie se refugie en la guerra, que nadie tema a la libertad. Trabajemos juntos por la democracia y la libertad de todos en América. Esta Organización será de George Washington y de Simón Bolívar el día que aquí no se siente un solo representante de un tirano, el día que aquí estén solo los embajadores que reflejen la libre expresión de todos y cada uno de los pueblos de América.

No escalemos guerras sin sentido. Es vano escalar cuando no hay cima por alcanzar, cuando no hay gloria por compartir. Lo que hoy pide Centroamérica se refleja en las palabras de José Martí cuando dijo:

«Un hombre que se conforma con obedecer leyes injustas, y permite que pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado… En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro.

En estos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana».

El acuerdo de paz es el camino de la dignidad y el decoro que los centroamericanos hemos escogido en esta hora señalada por la historia. Queremos lograr metas comunes de libertad, democracia y desarrollo.

Invito a las democracias de las Américas y a los hombres que luchan contra la opresión en estos territorios, a que trabajemos juntos por la paz centroamericana, que es también la paz de América.

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