Oscar Madrigal Jiménez.

El Pacto de Ochomogo es el acuerdo verbal entre José Figueres y Manuel Mora de rendición militar del PVP, de los comunistas.

El Pacto de Ochomogo es un pacto de la CAPITULACIÓN de las fuerzas del Partido Vanguardia Popular o un pacto de Rendición. En este tipo de pactos se recoge, generalmente, en un documento las diferentes condiciones que se imponen las PARTES beligerantes en el conflicto para poner fin a la guerra y alcanzar la paz. Además, suelen imponerse garantías de cumplimiento del acuerdo logrado para que el mismo efectivamente se cumpla.

El Pacto de Ochomogo de capitulación del PVP no es un acuerdo de partes porque solo es firmado por el representante de una de las partes beligerantes, el Presbítero Benjamín Núñez y no por ningún representante de los comunistas. Esto es así, ya que ese Pacto es muy sui géneris, por lo que ha sido motivo de muchos cuestionamientos.

El Pacto es solo una PROMESA que hace el Presbítero Núñez a los trabajadores. Veamos el primer párrafo:

“El Ejército de Liberación Nacional presenta al Partido Vanguardia Popular, parte de su programa social de Gobierno, cuya realización promete, a todos los trabajadores de Costa Rica”.

Como se desprende de lo anterior no estamos en presencia de un verdadero Acuerdo de Partes o Pacto con compromisos mutuos entre ellas y garantías para su cumplimiento. Ni siquiera el documento es una rendición incondicional ya que los comunistas tampoco se comprometen a dejar las armas. El documento que se ha llamado Pacto de Ochomogo, como lo dice el encabezado, es una presentación que hace Figueres al PVP de PARTE de su programa de Gobierno que PROMETE realizar. Pero no al PVP sino a los trabajadores.

En ese Pacto el PVP acepta que habrá un gobierno del Ejército de Liberación Nacional, renunciando de esa manera a los 8 diputados que había logrado en las elecciones de febrero de 1948.

El grupo que representa Benjamín Núñez promete cumplir lo siguiente: respetar y ampliar las garantías sociales, la libertad sindical y la organización de la Rerum Novarum y la CTCR y respetar el sistema democrático republicano asegurando y respetando las libertades y “de organización de todos los partidos políticos que existen o puedan establecerse en el país”.

Ese acuerdo verbal entre Figueres y Mora en Ochomogo se concreta por escrito en la promesa que hace Benjamín Núñez.

Benjamín Núñez desde julio de 1943 había iniciado la Central Sindical Rerum Novarum cuyo fin era crear un grupo de sindicatos no comunistas que redujeran la influencia del PVP entre los trabajadores. Desde su inicio Núñez buscó la colaboración de la Embajada Norteamericana en el país, incluso de financiación. Desde esa época el apoyo de la Embajada y de los grupos cafetaleros, banqueros, grupos fascistas y, en general, opositores al gobierno de Picado fue decisivo para el desarrollo de esa central sindical. Benjamín Núñez públicamente había manifestado que mantendría políticas más agresivas que las meramente sindicales y se había comprometido ante los trabajadores a “acabar con el comunismo en Costa Rica”. Benjamín Núñez durante todo ese periodo es un líder ligado a la Embajada Americana   y a los grupos oligárquicos antigubernamentales. Este personaje con estos antecedentes es el que asume el compromiso, vía promesa, del cumplimiento de determinados acuerdos.

La recreación que hace el Centro de Cine de la reunión de Manuel Mora, José Figueres y Benjamín Núñez en Ochomogo de 1948, en fecha de 1980, una reunión ahora de amigos puede darnos algunos otros elementos para comprender ese Pacto. Los tres personajes recrean las conversaciones sostenidas entre ellos la noche del 17 de abril de 1948. Algunas cosas se deducen del documental al margen de los elementos circunstanciales:

“…que el acuerdo a que llegaron Figueres y Mora se limitó solo fundamentalmente respeto a la legislación social. Tanto Figueres como Núñez en ese documental se circunscriben a dejar bien claro y sentado que solo hubo el compromiso de mantener la Caja del Seguro Social, Código de Trabajo y la Garantías Sociales. Cuando Manuel hace alguna disquisición sobre otros aspectos, Núñez inmediatamente lo interrumpe para enfatizar que solo se refirieron a lo social. Manuel no plantea o insiste y mucho menos reclama el incumplimiento, del compromiso de índole político y sindical que era el aspecto más importante, sea el respeto a las libertades sindicales, entre ellas la exigencia de la organización de la CTCR y las libertades democráticas, sobretodo la existencia del Partido Vanguardia Popular. Manuel no se refiere a estos que son los puntos esenciales del compromiso o de la promesa asumida por Núñez en nombre de Figueres. ¿Por qué Manuel Mora no hace ese reclamo que son los puntos más importantes del compromiso?  Las obligaciones de Figueres sobre la libertad y respecto al régimen democrático están ausentes de esa conversación, que son precisamente los más trascendentes del acuerdo. Además, esa actitud omisiva y complaciente genera dudas hasta dónde llegaba la obligación política de Figueres y da argumentos a aquellos que han sostenido, junto con Núñez, que la carta que él firmó como complemento a ese acuerdo, no representaba ningún compromiso y lo hacía solo para convencer a la Comisión Política del PVP.  
Manuel Mora le plantea en esa reunión de Ochomogo, que fue recreada por el Centro de Cine, a Figueres que unan sus fuerzas contra la invasión de Somoza al territorio nacional. Figueres le contesta que eso era imposible, que, además, eso le recordaba al Manuel Mora de juventud, que era iluso. En este sentido Figueres aparece más realista, más claro sobre los objetivos que perseguía que Manuel. De este pasaje se deduce que los comunistas no tenían una valoración objetiva de los propósitos de Figueres, tal y como lo ocurrió a la propia Embajada de EE. UU. El PVP no había comprendido que Figueres pretendía un gobierno dictatorial que arrasara con los calderonistas, los comunistas, ulatistas o los políticos corrompidos, como lo había dicho claramente: “se equivocan si creen que vengo a darle la presidencia a Ulate, ni a ningún político corrompido, yo vengo a transformar este país”. Para Figueres la anulación de las elecciones no fue el motivo de su rebelión militar sino solo la excusa. Figueres no luchaba contra el fraude electoral, sino para impulsar su proyecto y de su grupo. Por esta falta de claridad de las fuerzas beligerantes, no entendieron que a Figueres tampoco le interesaban las negociaciones de paz o los acuerdos hasta tanto no estuviera en una posición militar ventajosa. Figueres se proponía imponer un régimen despótico, una dictadura para transformar -según su decir- el país, aplastando en primer lugar a los comunistas. Manuel Mora no comprendió la posición de Figueres (por eso la llamo ilusa) y por tanto cualquier acuerdo de previo estaba condenado al fracaso.  
José Figueres en la conversación de Ochomogo le expresa a Manuel Mora que no solo mantendrá la legislación social, sino que impondrá un impuesto al capital. Pero Manuel le expresa que discutió con Figueres porque no estaba de acuerdo con esa medida, según se desprende de la recreación, porque era socialista. No está suficientemente claro el por qué de esa posición de Manuel Mora.  
Es indiscutible que la situación internacional tuvo un peso fundamental en la resolución de la Guerra Civil. Pero esto se sabia desde su mismo inicio, para nadie podía resultar una sorpresa que la Guerra Fría iniciaba entre la Unión Soviética y los EE. UU. y que los comunistas serían el objetivo principal de la política norteamericana en todo el Continente. Durante la Guerra Civil confluyeron distintos intereses geopolíticos. El primero de ellos fue el apoyo decidido en toneladas de armas y municiones que le otorgó el presidente Juan José Arévalo a José Figueres con el interés de derrocar las dictaduras en Centroamérica y crear un sola República Centroamericana. El segundo, fue el interés de Somoza en influir en la Guerra Civil con el propósito de obtener concesiones de los EE. UU. más que de apoyar al régimen de Picado. Está bastante claro por los documentos confidenciales del Departamento de Estado, que Somoza jugó sus cartas especialmente para lograr el reconocimiento diplomático del gobierno títere que había instaurado en Nicaragua. Además, se deduce de esa documentación la contradicción permanente que se dio entre Somoza y la diplomacia norteamericana a lo largo de todo el conflicto armado costarricense. Los EE. UU. detuvieron en varias ocasiones las intenciones de Somoza de “ayudar” con armas a Picado o una invasión de la Guardia Nacional amenazándolo con medidas diplomáticas. La invasión que Somoza realiza a suelo costarricense en las postrimerías de la Guerra no es para apoyar a Picado sino para lograr un entendimiento que prohíba la participación de Figueres y la Legión Caribe en una invasión a Nicaragua para buscar su derrocamiento. La reacción de EE. UU. es tan fuerte y enérgica contra la invasión de Somoza a Costa Rica, que el 19 de abril las tropas de la Guardia Nacional inician la retirada del suelo nacional. La tercera intervención es sin duda la que pueda parecer más importante y peligrosa, fue la de los Estados Unidos. Esta intervención en sus primeros días de la Guerra Civil se caracteriza por realizar un embargo a la venta de armas al gobierno de Picado, impidiendo que el gobierno pudiera comprar armamento en ningún país latinoamericano y después su participación diplomática se orientó principalmente a lograr un acuerdo político entre todos los sectores, incluso conservando el régimen constitucional. Es solo cuando Figueres toma Cartago, el 12 de abril que la Embajada apuesta por Figueres dejando de lado a Ulate, porque Figueres le significaba acabar con el Congreso y la representación diputadil de los calderonistas y comunistas. La intervención norteamericana durante la Guerra Civil no fue con apoyo financiero (financiando a alguna de las partes) ni mediante apoyo técnico militar, ya fuese con armamento o asesores militares para ninguno de los dos bandos. Hasta el 19 de abril la intervención de la Embajada y del Departamento de Estado no comprendió la “ayuda” o apoyo militar a ninguna de las partes. El peligro de una invasión de los marines de la Zona del Canal a Costa Rica que hubiere correspondido a una etapa última de una intervención era improbable ya que correspondería al agotamiento de otra serie de medidas. La carta que Teodoro Picado les dirige a Calderón Guardia y Manuel Mora el 18 de abril de 1948 en la cual se refiere a “fuerzas incontrastables” ha dado lugar a pensar que Picado se refiere a que los marines estaban listos para invadir Costa Rica. Juan Diego López en su libro “Los cuarenta días de 1948”, refiere sobre este acontecimiento: “Picado reposó un rato y, más tarde, comentó con Máximo Quesada los conceptos de la carta. No recuerda mención alguna sobre los marines, ni se refiere al presunto telefonema de George Marshall a Picado. Pero sostiene que la expresión “fuerzas incontrastables” se refiere “a la presión que en concepto general ejercía el Gobierno de Estado Unidos; una presión que -si se me permite la comparación- era como la del aire, que se siente, aunque no se ve”. (Acuña,267)”. Resulta claro que la intervención norteamericana se dio para obligar primero a Ulate y Calderón a llegar a un acuerdo y luego a Picado y Figueres, para lo cual utilizó como medios de presión como el bloqueo de armas a Picado y la amenaza del no reconocimiento a Figueres; intervino fuertemente contra Somoza para que dejara de influir en los asuntos internos de Costa Rica mediante la entrega de armas y luego evitando la invasión. “

Al final Manuel se muestra satisfecho con los acuerdos a que llega con Figueres en Ochomogo y acepta que los comunistas depongan las armas. Luego llama a Carlos Luis Fallas para que sea testigo de los acuerdos.

El respeto por parte de José Figueres y su grupo a la legislación social era un punto importante de cualquier arreglo para poner fin al conflicto. Sin embargo, no era el más importante: el fundamental era el respeto a la libertad de las organizaciones sindicales, en concreto de la CTCR y de los partidos políticos en especial del PVP.

La legislación social estaba muy arraigada en la mente de los trabajadores y del pueblo como para que pudiera ser fácilmente abolida sin generar un nuevo conflicto social, peligro que Figueres y Ulate no estaban dispuestos a correr.  A esa línea de respeto a la legislación se sumaron los sectores ulatistas que representaban a la oligarquía y los grupos más conservadores del país. Esto se va a ver reflejado en la Asamblea Constituyente.

La Asamblea Constituyente se elige el 8 de diciembre de 1948, quedando constituida así: Unión Nacional (ulatista) 34 diputados propietarios y 11 suplentes; Constitucional, 6 propietarios y 2 suplentes; Social Demócrata, 4 propietarios y 2 suplentes y Confraternidad Nacional, 1 propietario. Como se nota el partido de Figueres sufrió una aplastante derrota. Existía una gran expectativa respecto a la posición que asumiría esa amplia mayoría en relación con el capítulo de Garantías Sociales en la nueva Constitución. Sin embargo, el diputado ulatista Otón Acosta presenta moción para que ese Capítulo se incorpore íntegramente en el nuevo texto tal y como había sido aprobado en la época de Calderón, proposición que es apoyada por Rodrigo Facio. La moción es rechazada. La discusión sobre este Capítulo se da para mejorarlo y no destruirlo. Por esta razón se incorporan al mismo cambios trascendentales como el siguiente: “el Estado procurará el mayor bienestar de todos los habitantes del país, organizando y estimulando la producción y el más adecuado reparto de la riqueza”, que es de un tono absolutamente socializante. Incorpora uno de mayor trascedencia que tiene que ver con la familia y los hijos habidos fuera de matrimonio, así como la igualdad del salario mínimo, el derecho de huelga y de cesantía y se mejora la concepción de los seguros sociales y de la CCSS.

La legislación social es conservada y mejorada, incluso con la participación de la bancada ulatista en la Constituyente.  

Volviendo al Pacto de Ochomogo, entre la recreación del Centro de Cine hecha en 1980 y el documento firmado por Benjamín Núñez en la Embajada de Méjico hay diferencias trascendentales. Habría que atenerse al documento escrito firmado por Núñez que Figueres y su grupo violaron flagrantemente.

El otro hecho trascendental es que ese Pacto firmado por Benjamín Núñez a nombre de Figueres, no es más que una promesa y, además, no posee ningún tipo de garantía de cumplimiento. Ninguna persona, grupo, organismo o institución se hacen garantes del cumplimiento de este, por lo que su fuerza se reduce exclusivamente a la buena voluntad de una de las partes.

Sin embargo, se deduce de los acontecimientos, que la Dirección del PVP estaba en contra de desarmarse basado únicamente en el documento sobre las garantías sociales o promesas de Benjamín Núñez y que se mencionan en el Pacto de la Embajada de Méjico.

En vista de que el Buró no está de acuerdo con desarmarse solo sobre la base de ese llamado Acuerdo sobre la Garantías Sociales, es que, según Benjamín Núñez, Manuel Mora redacta una carta donde se plasman una serie de compromisos del Ejército de Figueres con los comunistas tales como: consultarles la elaboración de la nueva Constitución, darles al PVP ciertas garantías nombrando dentro del nuevo Gobierno a personas de mentalidad progresista y darles participación en la próxima Constituyente. Sobre esta carta Benjamín Núñez ha dicho que la firmó solo para lograr que Manuel Mora la presentara al Buró Político del PVP y que aprobaran el desarme de sus milicianos, pero sin que obligara a Figueres y su Ejército a compromiso alguno. Sobre este documento y, en general, los compromisos políticos de Figueres y su grupo con los comunistas, en la recreación de las conversaciones del Pacto de Ochomogo, la omisión de Manuel Mora de referirse a ellos y su silencio sobre el incumplimiento de estos por parte de Figueres y Núñez, hace que se pierda toda veracidad sobre los alcances de esos compromisos.

Es sobre la base de la carta firmada por Núñez, pero con la advertencia de que no tenía ninguna validez, que se desarman los comunistas y se pone fin a la Guerra Civil.

Por el documento firmado por Benjamín Núñez que recoge el pacto de Ochomogo entre Figueres y Manuel Mora se deduce que los comunistas no tenían -lo cual resultó ser lo más grave- pensada ninguna alternativa política ni militar distinta a un acuerdo con Figueres.

El 1 de mayo de 1948 iba a asumir funciones el nuevo Congreso o Asamblea Legislativa que había salido del resultado de las elecciones de febrero del 48 y que no había sido objetada por ninguno de los grupos participantes. El partido calderonistas había elegido 26 diputados y el PVP 8 diputados, lo cual significaba una gran fuerza política. Sin embargo, ninguna de las negociaciones en curso, ni el de la Embajada de México ni el Pacto de Ochomogo contemplaron la posibilidad de que ese Congreso se constituyera y continuara funcionando.

La toma de posesión del nuevo Congreso estaba a solo 10 días del acuerdo de la Embajada de Méjico. La instalación de ese nuevo Congreso hubiera producido una salida constitucional al conflicto que asegurara la existencia de las libertades y el régimen democrático. ¿Era posible alargar la negociación o el conflicto por una semana para lograr un mejor acuerdo? Esta posibilidad no se concretó y siquiera se discutió en los organismos de dirección del Partido porque el Pacto de Ochomogo se dio como un hecho consumado.

El 19 de abril en horas de la tarde y de la noche los comunistas entregaron las armas. Los hechos mostraron que tampoco existía un plan de retirada o de paso a la clandestinidad. De la noche a la mañana los comunistas se encontraron desarmados y sin ninguna respuesta política ante la nueva situación que se les presentaba. Iniciaban una nueva vida, también, sin ninguna experiencia de vida clandestina. Los comunistas emprenden el drama de la supervivencia.

Ante la incredulidad del propio Figueres la guerra había terminado.

El 24 de abril las tropas de Figueres entran a San José y se inicia así una de las dictaduras más brutales y agresivas de nuestra Historia.

Antes de la entrada de los rebeldes, la prensa empezó a informar sobre atropellos y venganzas, muertes, redadas, registros y requisas que se generalizarán después del ingreso del ejército figuerista. Rosendo Arguello la describe como “la más desenfrenada orgía de sangre y de licor”. Se desató una implacable persecución contra los comunistas y los simpatizantes del régimen anterior. Según el propio Figueres aquello se convirtió “en torrentes deshumanizados”.

Desde la Embajada de México donde se encontraba refugiado Manuel Mora, el 28 de abril envió una carta a “sus queridos camaradas” manifestándoles que Figueres deseaba la colaboración con los comunistas y que había llegado con el Padre Núñez al siguiente plan (Citado por JD López en la obra dicha):

“…a) saldrán del país por un tiempo prudencial los dirigentes cuya vida peligra; b) se quedarían los demás. De manera concreta se me dijo que no ven los mismos peligros para las vidas de Carballo, Carlos Luis Sáenz y Luisa González; c) estos compañeros, de todas maneras, deberán moverse en los primeros días con muchos cuidado para evitar agresiones de los enemigos políticos; d) se constituirá la dirección del Partido y se establecerá un enlace discreto con el Gobierno de Figueres; e) ese enlace se efectuaría, concretamente por medio de Fernando Chávez por nuestro Partido y del padre Núñez por el gobierno; f) el enlace serviría, para hacer conocer al Gobierno los puntos de vista del Partido y para tratar todo lo relacionado con prisioneros, perseguidos, indemnizaciones de víctimas de guerra, etc; Guzmán permanecerá escondido unos días más y la Dirección de la CTCR se organiza sin Guzmán para efectos públicos; h) dentro de quince días comenzaría a funcionar la CTCR con autorización del Gobierno; i) luego comenzaría el Partido a desplegar sus actividades prudentemente para no promover desde los primeros momentos choques innecesarios; j) entre las actividades del Partido estaría la publicación de su periódico y funcionamiento de la estación de radio. Ni el Partido ni la CTCR irán a la ilegalidad en ningún momento. Aparte de lo que queda dicho se me informó que Fernando Chávez quedará en la Directiva de la Caja de Seguro Social. Olvidaba decir, que Chávez deberá encontrarse con Núñez en la Caja o en la casa cural de Tibás, con las precauciones del caso”.

Después de esta fecha toda la Comisión Política del PVP fue detenida. A Fernando Chávez lo sacaron a culatazos de su casa, lo condujeron a la Penitenciaría Central lleno de sangre con la cara y la cabeza rotas.

La arremetida contra los comunistas por parte de Figueres tenía como objetivo convencer a los norteamericanos del reconocimiento de su gobierno.

El 8 de mayo de 1948 se instaló la Junta Fundadora de la Segunda República, aboliendo de inmediato la Constitución. Después recrudeció la represión.

El Decreto No. 6 estableció la intervención de los bienes de 200 personas.

El Decreto No. 7 removió a todos los empleados públicos, sin derecho a preaviso, cesantía y a los patronos privados a despedir sin prestaciones legales a todos los trabajadores que considere “peligrosos”. Según Schifter ese decreto condujo a la peor represión ejercida contra los trabajadores por administración alguna en Costa Rica.

El Decreto No. 8 declaró a todos los empleados judiciales interinos y autorizó a la Corte Suprema de Justicia reorganizar libremente a todo su personal, lo que significó integrar las Salas con criterio político y con magistrados adictos a la Junta.

El Decreto No. 16 crea el Tribunal de Sanciones Inmediatas, un tribunal político para juzgar sin ningún derecho a los afiliados al calderocomunismo. Este Tribunal encubrió el asesinato del Codo del Diablo y comunistas puestos a su orden fueron sacados de la Penitenciaria y masacrados en La Cangreja.

Se creó también el Tribunal de Etica de Funcionarios y Empleados de la Enseñanza para estudiar la conducta de profesores y maestros y perseguir a los que no eran afines a la Junta.

El Decreto No. 41 crea el Tribunal de Probidad para imponer la represión económica y los magistrados imponían sus sanciones ateniéndose solo a los dictados de su conciencia.

El Decreto No. 77 declara resuelto el Pacto de la Embajada de México el 22 de junio de 1948 e indirectamente del Pacto de Ochomogo.

El Decreto No. 105 pone fuera de la ley a los partidos políticos que atenten contra el régimen de gobierno representativo y democrático y expresamente prohíbe el funcionamiento del Partido Vanguardia Popular.

Inmediatamente Benjamín Núñez inicia los trámites para disolver la Confederación de Trabajadores de Costa Rica (CTCR) y se inicia la persecución contra los sindicatos afiliados a ella.

Los comunistas necesitaron casi un cuarto de siglo para recuperar la legalidad. Llevaron sobre sus espaldas el peso fundamental de la guerra y soportaron también la carga principal de la represión.

La Guerra Civil es el acontecimiento más importante del siglo XX de nuestro país. Sin embargo, la Memoria de ese evento ha sido abandonada por muchos años. Es increíble que hoy no se sepa con exactitud cuántos muertos se produjeron, cuántas bajas y ni siquiera cuántos hombres y mujeres pelearon. A excepción de la recuperación ocurrida en los últimos años del asesinato del Codo del Diablo, otros crímenes semejantes como los de La Cangreja o Quebradillas no aparecen en los libros de Historia ni en la memoria del pueblo. ¿Por qué no se recuperan e individualizan las víctimas de la guerra que están en las fosas comunes? La Memoria de la Guerra Civil nunca ha comprendido a los caídos.

Es necesario recuperar el recuerdo y memoria de los centenares de combatientes que murieron luchando por darle un futuro mejor a las nuevas generaciones. A ellos, Gloria eterna.

 


Oscar Madrigal Jiménez.
Es Abogado. En 1966 funda con otros compañeros y compañeras el Frente de Acción Universitaria (FAU), grupo comunista en la UCR. Fue miembro del Comité Central, de la Comisión Política y del Secretariado del PVP hasta 1990 que deja el Partido. Es Subsecretario General del PVP después del XIV Congreso.