Óscar Madrigal: La política (subterránea) de la lucha contra Alcoa

(Las siguientes ideas las desarrollé ayer en el programa de radio Alternativas)

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Oscar Madrigal Jiménez.

Los  años 68 y 69 fue de mucha efervescencia en la Universidad de Costa Rica. Dos aspectos resaltaban por su trascendencia: las luchas propias o internas de la UCR como el presupuesto y la democratización de la misma Universidad (Congreso universitario, fines, organigramas) así como la lucha por las reivindicaciones estudiantiles (residencias, comedores para los estudiantes, infraestructura y democratización de la vida de la FEUCR, tal como elección por voto directo) y en el campo nacional la lucha por la ampliación de la democracia con la derogatoria del artículo 98 de la Constitución que permitiera la participación electoral y, en general, la legalización de los partidos de izquierda y la lucha por la defensa de la soberanía nacional, de manera concreta contra el contrato con la Alcoa. Muchas de estas batallas fueron conducidas por los comunistas, por el Frente de Acción Universitaria (FAU) entre las cuales destacan el Seminario dirigido por Paulino González que contribuyó a crear las condiciones subjetivas para enfrentar a Alcoa.

En las elecciones de febrero de 1970 se había logrado un hecho de trascendencia histórica; por primera vez, después de 20 años de ilegalidad, los comunistas habían logrado participar en unas elecciones y logrado elegir dos diputados: Manuel Mora, el líder principal del partido comunista y a Marcial Aguiluz, viejo lugarteniente de Figueres Ferrer en la guerra civil de 1948. Este fue un acontecimiento que significó un triunfo para las fuerzas democráticas del país, una victoria de los trabajadores y estudiantes que contribuyó a acicatear el movimiento de lucha.

Esa efervescencia va a culminar en un hecho concreto que era la oposición a la aprobación del contrato de Alcoa en los primeros meses de 1970. En marzo la dirección de la FEUCR cayó en manos de un grupo de derecha, encabezados por un estudiante de Agronomía que era de las más reaccionarias y derechistas, Rodolfo González y el vicepresidente era Jorge Enrique Romero. En marzo de ese año se acordó intensificar la lucha y el Comité de Lucha acordó crear un piquete o reunión permanente en los jardines de la Asamblea Legislativa donde se estaba discutiendo el contrato. En ese tiempo no existía la pared o muralla al frente de la Avenida Central, sino que el acceso era libre a los jardines y corredores del edificio legislativo y a las barras de la Asamblea. En ese lugar nos instalamos y desde ese lugar se agitaba día y noche, se cantaba, recitaba, se hacía teatro, se emitían boletines y se organizaba el trabajo en los distintos centros educativos.

El papel de la mujer en la  lucha contra Alcoa fue decisivo, ya que estuvieron al frente de infinidad de tareas. Las mujeres empezaban a trasformar el paradigma femenino.

El nuevo cristianismo impulsado por el Concilio Vaticano II hacía una preferencia por los pobres y fue también determinante en la lucha.

A finales de marzo la policía desalojó a garrotazo limpio, ante la resistencia pasiva de los presentes, los jardines de la Asamblea. Más de 50 personas fuimos golpeadas y detenidas y llevadas a la Detención General.  Ante este hecho la FEUCR retiró el apoyo al movimiento de lucha y quiso restarle legitimidad. Sin embargo, un grupo de representantes estudiantiles destituyó a los dirigentes que se oponían a la participación combativa contra el contrato.

Al inicio de abril un grupo de diputados que estaban contra Alcoa, llaman al Comité de Lucha a una reunión entre los cuales recuerdo bien al diputado Villanueva Badilla. El nos dice que el debate o la discusión no es posible continuarla en el plenario legislativo, que es prácticamente imposible dilatarla más y que el contrato se votará probablemente los días 22, 23 y 24 abril en primer, segundo y tercer debate.  Nosotros sabíamos que, si se votaba, sin ninguna duda se aprobaría ya que contaban con suficiente mayoría, por lo que insistimos con los diputados en que tenían que resistir y darle continuidad a la discusión. Es imposible, dijeron. De esa reunión salimos decepcionados e incluso con cierto sentimiento de haber sido traicionados, quizás por lo jóvenes que éramos.

Así se le puso fecha para la votación final del proyecto.

Liberación Nacional acaba de ganar las elecciones y José Figueres era el presidente electo. Evidentemente no tenían el menor interés de trasladar semejante bronca al nuevo presidente que era además el principal líder del Partido. El interés era resolver el problema antes de la toma de posesión el 8 de mayo que se aproximaba. El PLN actuó de consumo en cuanto a que el asunto Alcoa debía resolverse en el gobierno saliente, incluso ante la disyuntiva de que pudiera pasar en una nueva Asamblea que asumiría el 1 de mayo y en donde se encontraban como diputados de la izquierda, Manuel Mora y Marcial Aguiluz. Debían, en consecuencia, liquidar o resolver el asunto Alcoa para dejarle el campo libre a Figueres Ferrer  en el nuevo gobierno.

José Figueres en su tercer gobierno no tuvo buenas relaciones con las universidades; al contrario, fueron relaciones conflictivas. Figueres estuvo plenamente de acuerdo con el proyecto de Alcoa. Sin embargo, en esa época -tal vez como nunca en su historia- el Partido Liberación Nacional tenía un grupo importante de intelectuales y de miembros de ese Partido que defendían posiciones democráticas, patrióticas y progresista, más cercano a posiciones socialdemócratas. Tal vez la expresión más clara de ello fue el Manifiesto de Patio de Agua de 1968 firmado por Benjamín Núñez, Carro Zúñiga, Solano Orfila, Villanueva Badilla, Carballo Quintana, Rodrigo Gutiérrez Sáenz y muchos otros que planteaba, según algunos criterios, posiciones revolucionarias para una revolución social.

Oduber había sido derrotado por Trejos Fernández y todo sugería que sería nuevamente el candidato para la elección de 1970. El proceso de convención interna en el PLN se inició con la participación de varios precandidatos entre ellos Rodrigo Carazo. Sin embargo, Figueres expresó que él quería ser el candidato por lo cual todos se hicieron a un lado excepto Carazo. Al final Figueres ganó la candidatura, pero Carazo obtuvo un tercio de los votos para gran sorpresa. Desde ese momento éste supo que nunca sería el candidato de Liberación mientras Figueres viviera.

Desde esta perspectiva es que el diputado Rodrigo Carazo ve la oportunidad de forjarse de una base social al encabezar la lucha parlamentaria contra el contrato con Alcoa. Ya sabe que si quiere ser presidente tendrá que hacerlo fuera del PLN.

Por los años de 1968 se produce una gran crisis cafetalera y azucarera en el país; a los productores de café se les había cerrado los mercados y no tenían donde colocar su producto. En estas circunstancias ven la oportunidad de colocarlo en el mercado soviético y en los otros países socialistas. Manuel Mora contribuye a esta operación, lográndose la venta de una buena cantidad de la cosecha. Figueres Ferrer es uno de esos cafetaleros y se perfila como candidato del PLN; le interesa que la crisis se resuelva antes de su posible gobierno. A partir de este momento se va a establecer una relación cercana entre Figueres y Manuel Mora y entre aquel y los soviéticos. La Unión Soviética contribuye al financiamiento de la campaña política de Figueres y, probablemente, este asume el compromiso de establecer relaciones diplomáticas con la URSS. En 1968 se había ilegalizado por parte de la Asamblea Legislativa, la misma del contrato con Alcoa, al Bloque de Obreros, Campesinos e Intelectuales por ser un partido contrario al artículo 98 de la Constitución. Ante la inscripción electoral del Partido Acción Socialista (PASO)  el TSE propuso la ilegalización a la Asamblea. Ilegalizar dos partidos políticos en una misma legislatura podría haber sido demasiado por lo los diputados simplemente dieron largas al asunto para no votar la ilegalización del PASO atendiendo acuerdos políticos. El PVP había logrado la legalidad de hecho aunque no de derecho; en su agenda política inmediata interesaba el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, lo cual se veía como un gran logro estratégico para la lucha revolucionaria. El PVP había enfrentado el proyecto de Alcoa desde 1962 con gran fuerza y en las luchas de marzo y abril había asumido una posición francamente a favor de movimiento estudiantil y popular contra Alcoa. Pero para el Partido la protesta debía transcurrir dentro de cauces “controlables” que no desestabilizaran mucho las condiciones políticas existentes que pudieran poner en peligro su futura agenda política: consolidar la legalidad del Partido y las relaciones con la URSS.

Sin embargo, en abril de 1970 no existía fuerza política posible de detener la rebeldía de la juventud y el ataque con cierta violencia contra el edificio que reunía a los diputados que entregaban la soberanía a cambio de un puñado de dólares.

Al ponerse fecha a la votación en la Asamblea Legislativa de Alcoa, sabíamos cuál era su futuro: se aprobaría sin ninguna duda y el movimiento popular no lograría impedirlo. El asunto estaba decidido.

En los días previos al 24 y propiamente en esos últimos 3 días, la dirección estudiantil, los comités que habían dirigido y movilizado y cargado con la organización de la protesta, fueron dejados de lado, apartados, con cierta pasividad de nuestra parte y dirigentes de Liberación Nacional, encabezados por el Padre Núñez, asumieron la principal beligerancia durante esos días. La dirigencia estudiantil pasó a la llanura.

El PLN quería manipular y apropiarse del movimiento de protesta, no solo para mediatizarlo sino para cooptarlo. La figura principal de esta táctica fue Benjamín Núñez, excelente agitador, quien se apropió de los micrófonos en aquellos últimos días. Los que habíamos estado al frente de la lucha fuimos pasados a segundo plano, no solo por la táctica liberacionistas sino por consideraciones -tal vez equivocadas- de darle más amplitud al movimiento; al final nuestra pasividad o cansancio contribuyó a la figuración de otros personajes.

Nosotros sabíamos que el 24 de abril habría represión policial y que también se daría una reacción de los estudiantes y trabajadores reunidos frente a la Asamblea Legislativa. Muchas facultades y escuelas estaban preparadas para ello con sustancias químicas para repeler los gases lacrimógenos, porque se sabía que la policía intervendría, aunque no se conocía exactamente cuál sería la reacción de la gente y hasta dónde llegaría.

El 24 de abril, luego de aprobarse en tercer debate el contrato con Alcoa, el Padre Núñez dijo que hiciéramos una oración y nos dirigiéramos hacia el centro de San José, tal y como había ocurrido en los dos días anteriores. Sin embargo, en esta ocasión aquello fue como una señal para iniciar una lluvia de piedras y asaltar el edificio de la Asamblea. Un grupo llegó hasta la puerta principal pero no pudo ingresar, otros trataron de quemar las cortinas a través de los vidrios rotos de las ventanas para que el fuego se extendiera por todo el edificio. La indignación de la gente era enorme y veían a la Asamblea Legislativa como un antro de representantes o diputados vendidos y entregados a una compañía extranjera: la consigna “Diputados How much $” sintetizaba el concepto de aquel grupo que entregaba la soberanía nacional.

Por primera vez en la Historia del país un movimiento popular intentaba no solo asaltar, sino quemar el Parlamento. Nunca antes había ocurrido en Costa Rica. Por esto perdura la lucha contra Alcoa: por el despertar a la rebeldía de la juventud y por el repudio al sistema.

En la década de los años 70 se van a fortalecer los movimientos populares y políticos de izquierda del país. Esa década es la década gloriosa del movimiento popular, que fue el producto y la consolidación de la lucha contra Alcoa.


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