Pablo Barahona: Ante el nuevo escenario político

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Las condiciones, actores y escenarios que se presentaron en las recientes elecciones presidenciales, podría decirse que han sido inéditas en la historia política reciente. Ya a partir del año 2002 comienza a darse un cambio en el ajedrez político, al surgir una tercera fuerza electoral: el Partido Acción Ciudadana, bajo el liderazgo de Ottón Solís, exministro y ex diputado del Partido Liberación Nacional PLN.

Simultáneamente, los partidos tradicionales, mantenedores del “bipartidismo” el PLN y el Partido Unidad Social Cristiana, comienzan a perder hegemonía (en mayor medida este último) y ceder ante el electorado, que busca otras opciones políticas que respondan con mayor contundencia a las transformaciones de la sociedad costarricense.

A partir de ahí, el triunfo electoral en la primera ronda, pasa a la historia y cada vez más es notoria la atomización partidista, reflejada fundamentalmente en la Asamblea Legislativa y a nivel de Gobiernos Locales.

A partir de estos elementos, hemos conversado con Pablo Barahona Kruger, intelectual, abogado, profesor universitario y ex embajador de Costa Rica ante la Organización de Estados Americanos.

Nuestra primera pregunta es: ¿De acuerdo con las campañas electorales y datos de encuestas, que resultado esperaba usted?

No suelo esperar resultados de encuestas ni mucho menos apostarles. Práctica que, lamentablemente, es muy común hoy día en Costa Rica donde la estadística pareciera haberle robado el rol protagónico a la ciencia política.  Por el contrario, pienso que los analistas políticos hacen mal cuando incurren en dos vicios que son cada vez más frecuentes entre ellos:

Uno de esos yerros frecuentes del análisis político, es lo que he dado en llamar: encuestitis aguditis, que consiste en limitar todo esfuerzo analítico, a la lectura de encuestas y prácticamente invernar entre encuesta y encuesta. Lo que, estemos claros, es un gravísimo error, no solo porque es un reduccionismo excesivo desde el punto de académico y político, sino porque le resta muchísima riqueza al análisis político, al ignorar todo lo que hay más allá de las encuestas para decir, analizar y para criticar en el marco de una campaña electoral. Y ello fue mucho más patente en esta última que se configuró como un proceso electoral riquísimo y dinámico como el que más.

Y el segundo vicio de los analistas políticos costarricenses, es ponerse a jugar de pitonisos; es decir, la vocación de apostadores que tienen y de sentirse orgullosos cuando aciertan y “megafonean” su suerte, no como lo que es (suerte) sino como lo que pretenden con falso orgullo proyectar (ciencia o conocimiento superior) tratando, por otro lado de disimular o de quedarse debajo de una piedra para que se note lo menos posible cuando más bien incurrieron en una pifia o un desacierto.

No fue el PAC solo el que ganó aquí, hubo una coalición de fuerzas importante alrededor de temas que tocaban y eran muy sensibles para un 60% de quienes votaron contra un 40% que le dieron su visto bueno a Fabricio Alvarado. En ese tanto, es evidente que el voto que viene definiendo elecciones en Costa Rica, es subterráneo, y, por tanto, difícil de leer e imposible de anticipar.  Insisto en que son esas mareas que se mueven por debajo de la superficie de las encuestas y fríos números, las que terminan inclinando en estas elecciones. Siendo parte del mérito del PAC que es el único partido que tiene capacidad para leer eso, a la vista de los últimos dos procesos electorales y sus resultados de claro favor para ellos. Y parte de ello se ve evidenciado en el acierto de poner al frente a alguien joven y fresco que implica cierta renovación -al menos de fachada y discurso, pues el verdadero cambio habrá de verse en el ejercicio del poder, no en una campaña electoral que, como cualquier otra, aquí y en todas partes, termina siendo un baile de disfraces-. Debiéndose evidenciar que ni la Unidad ni Liberación, obviamente, tuvieron los reflejos de planteárselo al electorado. Y claro que se admite contradicción en este argumento, pero ante la evidencia la tienen difícil los que aun sigan pensando en el pasado –y más grave aún: apostándole al pasado al recurrir a las fichas añejas y manidas de antaño-. Quiero decir: ahí están los resultados a la vista. Hoy, a como están las cosas: partido que no se renueva seria y realmente, está condenado a desaparecer. Al olvido paulatino. Lo más grave para ellos, es que pienso que ni siquiera se están dando cuenta de ello y piensan que todo esto es coyuntural y se debe solo a la intervención de la CIDH en enero pasado o cuestiones orbitales. Pero si se mira bien, hace cuatro años también perdieron y como dicen los muchachos hoy: por “tandeada”.

En este escenario caracterizado por componentes “novedosos” en materia política y religiosa por un lado y por otro el de un gobierno aparentemente debilitado y desgastado por la crítica y las acusaciones de ineptitud y corrupción, cómo es que podemos entender los resultados. Por ello preguntamos:

¿A qué factores atribuye el triunfo del PAC?

La gran diferencia entre el PAC y el resto de partidos políticos en cuanto a los que participaron en primera ronda, no está tanto en su candidato sino sobre todo en sus comandos de campaña. No le resto mérito a Don Carlos Alvarado, así bien ganado el “Don”, al menos yo nunca incurrí en ese error de quienes le llamaban “Carlitos” –desde sus propias filas incluso-, que siempre me choco por lo suyo de adultocentrismo. Quiero decir, esa capitis diminutio que la agregaban disfrazando de un supuesto “cariño” lo que en realidad supone una enorme falta de respeto. Imagínese Usted que empecemos a hablar de Jhonnyto u Oscarito o Luisito. Ni que decir Espsita u Ottonito. Por qué entonces en el racionamiento de algunos si es correcto disminuirlo a él. ¿Por ser joven? Eso tiene nombre: discriminación contra los jóvenes. Adultocentrismo puro y duro. Y he venido diciendo que la elección de Carlos Alvarado obliga a esa toma de conciencia. Siendo hoy tan odioso decirle a alguien que está muy joven. Tanto como decirle a alguien que es que es mujer o está muy viejo o es católico o evangélico. Esos argumentos están proscritos por los instrumentos interamericanos y universales de derecho humanos. Y sería bueno que la gente tome conciencia de ello. Incluidos los analistas políticos y comunicadores por cierto.

Pienso que, por respeto a la investidura de Presidente, pero también a la hombrada que él ha hecho viniendo desde abajo –como simple colaborador cercano de Luis Guillermo y bajó perfil como su ministro- y, aun así, sin ser el favorito, alzarse con la Presidencia de la República. Eso se llama creérsela y hay que reconocérselo, más en este país donde la envidia es la moneda de pago más corriente.  El “Carlitos” es impasable no solo porque supone falsamente una falta de mérito al candidato, sino porque si le disparamos a la investidura del Presidente nos estamos disparando en el pie como ciudadanos.

Retomando, lo que quiero decir es que los comandos de campaña fueron determinantes para determinar quién clasificaba a segunda ronda y quién quedaba en el camino. Y estuvo claro cuáles fueron los dos comandos de campaña de mejor lectura de su entorno y las circunstancias que marcaron la cancha, determinando los resultados de primera ronda y en esta segunda ronda, desde luego, el mérito se lo lleva el comando de campaña de Don Carlos Alvarado, que no solo acorta una distancia de alrededor de un 10% que es con lo que termina por debajo de Fabricio Alvarado en la primera ronda a tan solo 3.3%, sino incluso en esta segunda ronda en que lo sobrepasa con un  20%. Entonces, evidentemente, pareciera que el comando de campaña de Fabricio Alvarado tiene una inmensa responsabilidad y el de Carlos un inmenso mérito. Que se acrecienta, además, pues hay que reconocerles que superaron el enorme desgaste de un gobierno tan mediocre como el de Luis Guillermo Solís, que  yo tengo duda que haya sido un gobierno del PAC a fin de cuentas.

Es claro que Carlos era más atacable en esta segunda ronda que Fabricio. Representaba al oficialismo y él mismo se juró como “la continuidad del cambio”. Por cierto, una de las mayores pifias de la historia de la comunicación política –me refiero a ese slogan ciego y contraindicado, nocivo incluso para él, hay que decir-. Es claro que estaban mucho más visibles con la historia gris de este gobierno luisguillermista y, por lo tanto, eran mucho más atacables. Fabricio Alvarado no aprovechó esas esquinas, esas grietas en la imagen del PAC, y una candidatura que inició jurándose como la continuidad de un gobierno muy cuestionado, como el de Luis Guillermo Solís. Y  bueno, todo esto para decir que, Fabricio Alvarado y su equivalente de comando de equipo de campaña, quedaron en evidencia por su escasez y pobre lectura del entorno, con muy poca proyectiva e inventiva. La política es algo muy serio para improvisar. Y si Fabricio pensó que su comando de campaña debían ser sus conocidos o sus hermanos de fe, sin reparar en si esos elementos tenían idea de  en qué se estaban metiendo, pues habría que preguntarle a él si le quedó claro que no es así como se gana una elección. Un comando de campaña no es un club de amigos. Al contrario, es un “war room” y así se le conoce internacionalmente a esa mesa caliente que es mucho más complicada que organizar la logística de un concierto o llevarle el mercadeo a una empresa de media tabla.

No hay una liga mayor a la de la política en torno a una elección presidencial. Así de sencillo. Y si un candidato no se rodea de gente que le haga sombra, está jodido. Vea usted a Carlos, por su parte, como buen ejemplo, con Ottón Solís y Rodolfo Piza como escuderos, compañeros de ruta y sin embargo, como sus subalternos. Quién más tuvo esa inteligencia emocional y política en esta campaña. Ciertamente, ni siquiera esos dos referentes que menciono (Ottón y Rodolfo) lo supieron hacer así cuando ellos mismos tuvieron oportunidad de acercar gentes a sus comandos de campaña que les hicieran sombra. A las pruebas me remito. El Presidente hoy es Carlos. Nadie más. Entonces la fórmula está clara. Yo solo estoy evidenciándolo. Extrayendo la fórmula de los hechos que se imponen como incontestables a estas alturas. Y si ello ofende a alguien, quede claro que no soy yo, sino la realidad la que les ofende. Ojalá que mis argumentos puedan ser vistos con madurez y parsimonia y no caiga nadie en el error al leer esta entrevista que Ustedes me han pedido, de tratar de emprenderla contra el mensajero, que es a lo sumo lo que soy en este caso y en estas materias. Un académico que, obcecado con la idea del abuelo (el filósofo y antropólogo político Luis Barahona Jiménez), trata de “anteponerse al caos” para hacer biopsias en vez de autopsias. Esa es mi única aspiración. No la idea de tener la razón y que se me reconozca por ello. Pues en todo caso en este país nadie cita ni reconoce a los que piensan antes y anticipan. Después aparecen otros siempre apropiándose y borrando a quienes pasaron antes que ellos por esos lugares.

Figúrese Usted que, ya hace cuatro años le sugerí a Luis Guillermo Solís, en ese momento Presidente electo, que repartiera el Poder. Recuerdo haber usado una expresión que no les gustaba mucho a los de su corte pretoriana: “ustedes tienen 1.300.000 votos prestados. Y como todo préstamo. Les toca ahora pagarlo”. La soberbia de los espejismos se impuso. Y ni Rodolfo Piza o Nuria Marín para Cancillería ni José María Villalta para el Minae ni Otto Guevara para Comex, fueron considerados. Hasta a Sergio Mena para el viceministerio de juventud me acuerdo que propuse. Y bueno, el resultado está a la vista y para mi satisfacción histórica, hoy la realidad de nuevo se impone. A Ottón Solís le conté ese antecedente, cuando regresé a Costa Rica después de haber renunciado como Embajador de Costa Rica ante la OEA. Y él me la compró inmediatamente. Y hoy es el principal promotor en el entorno de Carlos Alvarado de esa idea: “Coalición o nada”. Será la nada si no logran conjuntar un buen gobierno que permita un bloque legislativo y los ponga a todos en la misma foto: sea la del éxito o la del fracaso, de cara a la próxima elección de alcaldes y luego de diputados y presidente en cuatro años.

Tengo siempre muy presente lo que un hombre contumazmente sagaz, políticamente hablando, como Konrad Adenauer, decía hacia el final de la vida, resumiendo su experiencia como hombre de Estado: “en política lo importante no es tener la razón, sino que se la den a uno”.

Habiendo adelantado criterios sobre la atomización de fuerzas políticas en la Asamblea Legislativa, tenemos claro que la próxima Administración estará en franca minoría y que este factor será quizá el mayor obstáculo para gobernar. Adicionalmente, la fragmentación será menor que en la actual Asamblea, permitiéndole a dos partidos hacer mayoría, desde constituir quórum hasta aprobar proyectos, cosa que no se había dado últimamente en el Congreso.

En este ambiente preguntamos: ¿Qué panorama enfrentará el Gobierno en la Asamblea Legislativa?

Uno de los mayores retos de Don Carlos Alvarado es que no hay que descontar una oposición férrea, no solo de Liberación Nacional con 17 diputados, sino se Restauración con 14, pero también unos diputados del PUSC que no son obedientes ni seguirán la línea de don Rodolfo Piza por dinámicas propias internas y estatutarias de un partido de la Unidad Social Cristiana y razones de más que no vienen al caso y que son propias de la intimidad de ese partido. Pero también pueden  sumarse a ese bloque otras huestes también. Me refiero a un bloque muy mayoritario de la Asamblea que le haga contra al del Frente Amplio a su  único pero potente diputado y al Partido Acción Ciudadana. Así que le espera un control político muy fuerte a Carlos Alvarado. Nuevamente hay que anticipar un enorme interés, aunque indeclarado obviamente, de poderosos sectores de este país, que verían como un éxito el eventual fracaso de un segundo gobierno al hilo del PAC. Y ojo que me alejo claramente de esos prejuiciados y calculadores sectores que ven que si a Carlos le va bien pueden darle tanta fuerza al PAC y a Carlos que, a la vuelta de la esquina, puedan estar, en otro gobierno más empoderado y no necesariamente en este, transformado profundamente este país. Y esos atentados contra el stato quo no los quiere ese sector hiperempoderado en este país.

Al PAC -y hay que subrayar esto-, ya se le acabaron las excusas. El PAC ya no tiene justificación para decir que es “que es diferente verla venir que bailar con ella” –como dijo en una de sus poses más célebres Luis Guillermo Solís, que es que hay que disculparlos porque las pifias y retrasos, así como las indecisiones dependen de en una curva de aprendizaje a la que si antes tenía algún derecho –lo cual es discutible porque nadie puede ser tan irresponsable como para meterse a jugar en esas grandes ligas y pedir clemencia después ante las adversidades y dado su desnivel, Ya no basta con la inmunidad de que se trata de gente nueva, pues ya no es nueva. Ya el PAC perdió la virginidad, si se me permite la expresión. Y, por tanto, ha pasado a ser el principal partido político, desplazando a los que antes eran tradicionales, club en el que el PAC ya tiene membresía y preside la Junta Directiva de miembros –de ese Club-.

Y en esta segunda opción tienen desde el principio que ser valorados con mucha exigencia ciudadana y más allá del alcance de los 100 días, que se les da a todos los Presidentes para que arranquen, digamos con la benevolencia ciudadana, después de eso incluso la misma prensa, en redes sociales y la gente que votó por el PAC,  que le prestó su voto,  debe dejar claro que no por ello le firmó un cheque en blanco a Carlos Alvarado ni al PAC.

Creo que sí hay que reconocer que Carlos Alvarado está haciendo un ejercicio de mucho realismo político, no solo en su discurso del triunfo de este domingo pasado, sino también en sus primeras pistas de cómo conformará su gabinete y demás. Es meritorio, pienso yo, que haya reconocido que tiene una gran limitación sembrada en el corazón de su mandato, y que no ganaron más que una segunda oportunidad en la que puedan reivindicarse o, por el contrario, arriesgar al PAC como fuerza política dominante en el actual ajedrez político criollo.

Después de haber abarcado parte de los principales temas políticos que el país enfrentará a partir del 8 de mayo del presente año, bajo la Administración Alvarado Quesada y un renovado Primer Poder de la República, dejamos el espacio abierto para comentarios adicionales, Barahona agrega:

Adicionalmente agregaría que Carlos Alvarado tendrá que demostrar que es capaz de ponerse el zapato izquierdo en el pie derecho y caminar así durante 4 años sin que le salgan callos. Eso es lo que significa gobernar en coalición o alianza. Siendo que todo gobierno de coalición o de alianza, en este caso más si son varias fuerzas y no solo una tradicional la que se suma al gabinete, implica algo así como ponerse el zapato izquierdo en el pie derecho, en tanto hay que hacer un esfuerzo adicional e incomodarse en el ejercicio del poder y lo más importante es que Carlos deberá prevenir que el roce y la fricción política no sea tanto como para que salgan heridas y que después incluso callosidades imborrables e incluso deformaciones políticas que le impidan caminar y por tanto avanzar. El símil creo que es bastante claro e incluso aleccionante.

Así que tiene Carlos Alvarado ya el reto de cuidarse mucho de que no haya otro cementazo y otro referente de corrupción pesados en su gobierno, y debe ser irreductible en eso así como hacer un enorme esfuerzo por tratar de superarse el mismo y ser realmente el Presidente del Bicentenario, tratando de refundar este país. Y pienso que la única forma es que se ocupe de la reforma del estado, proyectándose más allá del problema fiscal, estructura, o el tema de seguridad ciudadana. Si realmente quiere heredar algo y erigirse como el nuevo líder de una generación ciudadana, deberá entrarle a la reforma del Estado, siendo que ese Estado es una maquinaria que ya no da más, sobre todo porque la maquinaria no goza ya de la paciencia ciudadana y se empieza a deslegitimar. Así que puede ser un Presidente de trámite o un Presidente histórico, que realmente asuma el costo político de tomar grandes decisiones. El tendrá que creérsela y demostrar. Mientras una campaña es para decir, un gobierno es para hacer…

 

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