Pablo Barahona KrügerAbogado

Escribo sin acritud ni resentimientos. Con la tranquilidad que solo da el deber cumplido con la patria, la familia y uno mismo -como ciudadano activo y responsable-. Además, con la conciencia limpia por la ausencia total de compromisos. Di el paso al frente -cosa rara entre los poquísimos que, en mi generación, cargamos en la caja de herramientas, con formación política y experiencia tanto pública como privada, nacional e internacional, académica y práctica (calle), amén de una sólida formación académica-, en un momento clise para la democracia costarricense.

Con la claridad -y así lo advertí- de que era “ahora o nunca”. Porque un cuatrienio más, rodando por este acantilado por el que nos lanzaron, sin frenos ni resguardos, y quedará muy poco que rescatar de la Costa Rica que conocimos aquellos que debemos toda nuestra educación y salud, al Estado, que crecimos en paz, con seguridad y en un país ruralmente limpio, conservado y pujante. Donde la palabra “sicario” no existía, “los ajustes de cuentas” eran cosa de novela mexicana de cuarta y la gente todavía leía. Donde la clase media, era pujante, y esperanzaba al resto, con un asenso social más alcanzable. Donde no esperábamos que un 33% de compatriotas, fueran torturados con la pobreza o amenazados con ella.

En fin, que la experiencia es una maestra ruda, sí, pero siempre: la mejor pedagoga. Es la experiencia, a la vida, lo que la ortografía es a la escritura. O lo que la lógica es al pensamiento y la estética es al arte. Explica y alecciona. En una palabra: ¡Ubica!

Y de ahí abrevo para agradecer imperecederamente, a las miles de personas que votaron por “un diputado diferente para la gente”. Por haberme “comprado” con sus votos, las propuestas que vengo haciendo, no durante la campaña, sino desde hace más de 20 años, al haber inaugurado mi vida pública -y aún más: académica- desde muy joven (era aún menor de edad cuando publiqué mi primer artículo en prensa y ya nunca paré).

A mi equipo de campaña, encabezado por Richard, Alonso, Sergio, Jéssica, Eddie y Róger. Jóvenes profesionales de un empuje y compromiso sin igual. Gracias por creer y trabajar, no por mí, sino por la patria.

Al Partido Integración Nacional, gracias por abrirme el espacio, sin ataduras ni peajes. Denotaron siempre un respeto a mis acentos, y más retador aún, al ímpetu que imprimí a la campaña en San José. Y ese respeto, lo respetaré siempre. No es cualquiera, el que invita a un líbero, a jugar un partido tan desigual, donde los patrocinadores desnivelan la cancha y los árbitros se limitan a ver, como, unos jugadores, entran al campo de juego montados en aplanadoras de tres ruedas: los bancos, las televisoras y las encuestadoras.

Solo agradecimiento aloja mi corazón. Pero, afecto a la prognosis o la prospectiva, me repliego preocupado. Después de recorrer el San José rural tanto como el barrial, donde el tradicionalismo político, el prebendalismo y caciquismo, siguen tan vigentes como nunca, me queda el sin sabor de confirmar una escasísima formación cívica de la ciudadanía, que es lo que explica, que sectores tremendamente golpeados por las políticas públicas de las últimas décadas, sigan ahí, rehenes de sus prejuicios, comúnmente heredados. Votando, cíclicamente, por los mismos.

Maestros y agricultores votando por Liberación o la Unidad, es tan contradictorio como pescadores o emprendedores turísticos, así fueran pocos, apoyando a un PAC o a los partidos cristianos que en la Asamblea Legislativa fueron tan regresivos como los demás. PAC al que, sin embargo, logramos desaparecer, quienes rompimos fuegos -en mi caso hace 6 años- hasta generar la conciencia generalizada que los enterró como un cáncer que nos costó mucho extirpar. #PACnuncamas y #niunomas son hoy realidades. Cuando  inauguré esos hashtags, eran apenas soledades que, con tres años por delante del actual gobierno, nadie más se atrevió a secundar. Me los criticaron incluso, quienes hoy se suman.

En fin, que el país viró a la derecha. Lo que implica una enorme confusión ideológica, en uno de los diez países más desiguales del mundo. Enredo mental ciudadano, producto de la escasísima formación cívica por parte de las escuelas y colegios, así como de la nula formación política, de partidos sin alma y más bien deformadores por su (mal)ejemplo y asu ausente compromiso con la reeducación de sus huestes.

Que los sectores que se dicen “sociales” quedaron desamparados y la aplanadora legislativa los aplastará cada vez que intenten sensibilizar la agenda política de una derecha que obedece a un empresariado sumamente agresivo que, electoralmente al menos, ha sabido hacer las cosas, y hoy cuenta con una inmensa mayoría, con punteros colmilludos que no encontrarán mayor oposición en un puñado mínimo de aprendices de pantalones cortos, que son fiel reflejo de una debilísima y confundidísima izquierda, que por más contorsionismos que haga, viene de ser cogobierno.

De tal suerte que, anticipar un cuatrienio regresivo -en tanto concentrador y autarca-, así como una contención sociopolítica que se decantará por la protesta ante la unidimensionalidad legislativa y judicial, no requiere gran análisis como conclusión obvia. O como proyección de lo evidente -al menos para este humilde lector sociopolítico-. ¡Ay Costa Rica!

Y más si a eso se le suma un ejecutivo con gabinetes mal armados, comprometidos con intereses y no con principios, acomplejados y apendejados. Con ministros postrados ante los dos medios que mandan en este país: lo “mandos medios” y los “medios mandados”.   Esperamos, según la decisión del electorado, se rompa ese círculo vicioso, y no sea el caso.

De la segunda ronda presidencial, no diré una palabra. Me repliego y deseo la mejor de las suertes a los contendientes y sabiduría a sus equipos.

Esta pluma, entra en remojo. Y estas barbas -con todas sus críticas y propuestas- también.