Pablo Barahona: ¿Dónde están los campeones de la democracia?

¿Debajo de cuál piedra estarán ahora los campeones de la democracia y los derechos humanos?

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Pablo Barahona KrügerAbogado.

Venezuela dejo de significar crisis para ejemplificar el desastre y así convertirse en la pieza latinoamericana de la muestra de Estados fallidos que se exhibiría en el museo de la historia política contemporánea. Además, la “joya de la corona” en dicha muestra, a criterio de cualquier preclaro “curador”.

Esa “pieza” venezolana será tenida como el monumento a la ironía de un país que, pese a las riquezas desmesuradas que le sembró el destino a sus pies, terminó primero como rotundo fracaso capitalista (1980-1999), y absoluto ridículo socialista después 1999-2019). En ambos pasajes y de extremo a extremo, con una exclusión social rayana en la condena más absurda que pueda infligirle una clase política a su pueblo: ochenta por ciento de pobreza y siguen sumando, casi sin vergüenza.

Venezuela es la muestra más abyecta, la evidencia más patente e incluso la más inesquivable lección histórica, de que los extremos en política nunca son aconsejables.

Pero es que, y hay que decirlo, los venezolanos son extremistas en esencia. Para todo; incluida la alegría contagiosa, la iniciativa emprendedora, el arte creativo y el pensamiento profuso. Eso sí, con su contracara de encono biliar, corrupción legendaria, improvisación ominosa y toda una caterva de vicios culturales que los tiene, como país, batiendo barro y perdigones, en vez de petróleo y esmeraldas.

Una de dos, o las dos: ¿Será que a esa Alma Llanera se le olvidó la planificación, o más bien, que a ese Bravo Pueblo le resbalaron los límites? Esos que dan razón a quienes pensamos que: cuando los de arriba pierden la vergüenza, los de abajo pierden el respeto.

Volando sin las pesadas matrículas de quienes hoy compran el discurso trumpista, auspiciado por los ultraconservadores Duque, Piñera y Bolsonaro -y claro esta; sin olvidar a los demás pigmeos geopolíticos que conocemos por su gatopardismo emblemático, o a aquellos otros que vociferan maniqueamente valiéndose del manido recurso del imperialismo renovado, y casi como manejándose “en automático”, al mismo tiempo defienden el desastre del Socialismo XXI-, habremos de caer en cuenta de que una verdad catedralicia se eleva sobre los vestigios de esas rancias construcciones ideologizadas y maniqueas: por un lado, que si los venezolanos se metieron en esto, los venezolanos deben demostrar su mayoría de edad democrática, agenciándose salidas tan solos como sea posible.

Y para ello, también hay que subrayar que Guaidó le es insuficiente, como mascarón de proa, a la oposición venezolana. ¿Por qué López no lo secunda y se rebela a su sentencia de muerte política? ¿Dónde están Capriles, Ramos e incluso Ledezma? Porque detrás de Guadó, sosteniéndolo y fortaleciéndolo, es claro que no están.

En esencia, todos ellos tendrían que respondernos, al menos: ¿Por qué pretenden que la comunidad internacional se una sin reparar legítimamente en la dispersión partisana de la propia oposición venezolana?

Y no menos importante, que nos expliquen: ¿Qué sentido tiene el alineamiento con Estados Unidos y sus querubines de la derecha (Duque, Bolsonaro, Piñera y antes Peña), flagelándose así, gratuitamente, con el mal aura de la administración Trump?

Pero, además, bien sabían que Guaidó si acaso reinaría mientras Maduro siguiera gobernando (el ejército, la policía, las autoridades electorales y de justicia solo para empezar), entonces: ¿Por qué no cuidaron las formas mínimas, lanzándolo descuidadamente a autoproclamarse en media protesta callejera, prescindiendo del ceremonial de Estado?

Y una pregunta no apta para venezolanos: ¿A quién se le ocurrió que fueran Estados Unidos, Perú, Guatemala, Honduras, Chile, Colombia, Brasil, y hasta hace poco, también México; los líderes “democráticos” que vinieran a impartir lecciones “urbi et orbi”, precisamente, de legitimidad democrática?

¿O es que nadie más levantó la mano y las demás cancillerías –léase: presidencias- se han empequeñecido tanto que ya ni asoman cuando se trata de asuntos serios y severos, en los que de un tiempo a acá, solo se apuesta a la crudeza efectista de la geopolítica moderna y está en juego nada menos que la estabilidad regional?

¿Debajo de cuál piedra estarán ahora los campeones de la democracia y los derechos humanos?

 

 

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Pablo Barahona Krüger,
Abogado constitucionalista, profesor de geopolítica y derechos humanos. Exembajador ante la OEA.
pbarahona@ice.co.cr

 

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