Pablo Barahona: Excelencia o nada

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Pablo Barahona KrügerAbogado

Exijamos excelencia en todo hasta que logremos incorporarla a nuestra cultura nacional, mediocre desde su fundación (a propósito de bicentenarios).
No más mediocridad, pasaría, indefectiblemente, por no más mediocres. Por marginar a los mediocres y encumbrar sólo a los excelentes. Guiando hacia la excelencia, de paso, a los más esforzados. A los preparados. A los que tengan la pasta para rendir y no solo para echar a perder mientras, tal vez, aprenden.
Pasa por erradicar los tan normalizados «liderazgos» paniaguados, como Carlitos Alvarado o a Luis G. Solís. Helio Fallas o Epsy Campbell. Ana H. Chacón o Pilar Garrido. Román Macaya o Daniel Salas. Fabricio Alvarado o Jhonny Araya. Rodolfo Piza o Catalina Crespo. Luis Antonio Sobrado o Alberto Salom.
Y mejor no sigo, porque no termino.
No más magistrados que NO estudian ni de vaina, ni muestran la independencia e imparcialidad requerida. El respeto a la toga. Es decir: a la legalidad como basamento de orden.
No más diputados incultos y faltos de nivel, que llegan a aprender, ni siquiera como se construye una ley, sino y mucho antes, qué es realmente «la ley». Es más, que no tiene retórica: no saben hablar. !En un PARLAMENTO!
!NO MÁS! que ya tuvimos suficientes «líderes» como el entrenador de la selección «Mayor» (sí, sí, la de mayor exigencia, y por tanto, excelencia), Ronald González, quien se atrevió a declarar ayer, que «por dicha (…) no estamos jugando nada eliminatorio que nos vaya a condenar por perder uno o dos partidos».
Ahhh bueno…
Y con mentalidades así, «al frente», «liderando», «dirigiendo» el país, pues bueno, la excelencia nunca llegará y seguiremos entrampados entre mediocres, pero no sólo por culpa de los mediocres, sino de quienes permiten que se encubren (yo los combato frontalmente desde hace más de 20 años, públicamente, como habrán notado, así que no me sumo al entierro ni cargo esa cruz).
No al menos, si entendemos que liderar es también educar.
Ya los jugadores de la «Sele» recibieron el mensaje. Van a pasear, y si pierden: «muchachos, ustedes tranquilos, que no pasa nada. Todo es aprendizaje y, total «echando a perder se aprende». Pobreciticos. Pecaito. Coman rico, disfruten y devuélvanse rápido pa’ mimarlos, que lo importante es participar, como les venimos repetiendo desde la escuela» -a hordas de niños que crecen pa ser empleados más no patrones, seguidores más no seguidos, copista más no creadores.
No importando, siquiera, si eso que echan a perder, es el nombre de todo un país.
No importando que a este país, desde que se fundó hace 200 años, le vienen diciendo que tiene un gran provenir. Que es «excepcional». Que el desarrollo llegará.
Y cuando digo «jugadores», cambiénse -ustedes que esto leen- de banda a placer. Entendiendo «jugadores» como actores políticos, culturales, académicos, empresariales, sindicales, y así alarguen -ustedes- el etcétera según su conciencia y entendimiento les aconseje.

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