Pablo Barahona KrügerAbogado

Quiero compartirles algunas reglas mínimas de urbanidad y decoro que, en mi humilde criterio, como padre y profesor, pero sobre todo, como ciudadano que lee, participa y observa, me parece, escasean cada vez más. Y de ahí su urgencia, precisamente.
En una palabra, unas normas tan básicas, que si no atendemos como individuos en sociedad, perdemos todos. Vengo a hablarles de: CULTURA.
Recomendaciones que se suman a un artículo que estoy escribiendo sobre la relación entre nuestro comportamiento como conductores (en el tránsito) y nuestro nivel cultural. (Lo dejamos para otro día)
Y en ambos casos, sin relación alguna con los estratos sociales de los que provenga el malhechor.
Leer y tomar nota, en lo conducente, según estimen en su introspección. Leyéndole este recordatorio o repaso, tan simple como rápido, a sus hijos, pareja, padres, amigos, colegas o colaboradores.
En fin, que cada quien comparta si cree que de algo sirve este recuento o coincide en que, como sociedad, todo empieza por aquí. Por lo más BÁSICO  (al menos para personas  educadas). Irónicamente, por lo que más nos está haciendo falta:
1a. No tome lo que no es suyo. Eso se llama: robar. Sea poco o mucho. Una uva en el super o un juguito. Un chicle en la pulpería, incluso. Menos si está acompañado de niños. Y JAMÁS, si es funcionario público o administrador.
Rousseau: no hay peor crimen que los malos ejemplos.
1b. Haga su trabajo bien o renuncie. Y sin corromperse. No se insulte ni degrade a su progenie. Enorgullezca a sus ancentros. Es lo mínimo que les debe. Y sobre todos, jamás muerda la mano que le da de comer. Pública o privada, da igual.
Ah y recuerde que no er manda solo. Salvo que sea el dueño del chinamo o el mismísimo presidente, usted le debe obediencia a sus superiores. No se crea rey si no tiene corona. Y no refunfuñee por eso. Bien pueda, renunciar libérrimamente, y emprender.
Pero mientras tanto, haga caso y respete. Ah, y sobretodo, no serrucho el piso después por las espalda al jefe inmediato. Repito: si no esta a gusto, váyase. Total, si usted es taaan “gato”, le sobraran ofertas de trabajo, o no?
1c. No desordene. Deje el parque, la playa, e incluso el anaquel de la tienda, tal como lo encontró.
1d. Honre su palabra. Sino, nadie le creerá. Y trate de ser puntual. (Yo aún trabajo en esto último, y voy mejorando, humildemente)
1e.- No insista en llamadas repetitivas, más de dos veces seguidas. Si no contestan su llamada, presuma que la otra persona esta ocupada en algo importante o urgente.
2.- Devolver el dinero prestado antes de que la persona que te lo presto, lo recuerde o te lo pida. ¡Integridad y agradecimiento! (dos caras de una misma moneda que paga bien)
Lo mismo aplica para libros, chaquetas, paraguas, etc.
3.- Si te están invitando, nunca pidas el plato caro del menú. Ni le pidas rebaja al agricultor en su tramo. ¡Manda huevo!
4.- No hagas preguntas incómodas como: ¿porque terminó tu última relación? ¿Aún no te has casado? ¿Y eso, sin hijos? ¿Sin casa? ¿Por qué  sin carro?
¡NO son tus problemas!
5.- Siempre abre la puerta a la persona que viene detrás. No importa el género, edad o condición social. No te empequeñese ser considereado o tratar bien al público. Doble puntaje si te levantas cuando alguien más entra a la reunión o se les une a la mesa. Más si es una dama o un adulto mayor.
6.- Si tomas un servicio cualquiera, con un amigo o pareja, y este, paga esta vez, por iniciativa; paga la próxima, también por iniciativa. No esperes a qué te lo digan. Y esto, indistintamente de tu sexo o género.
7.- Respeta diferentes opiniones. Y modera las propias. Recuerda que lo que   es en volumen bajo para ti, podría parecerle altísimo a tu interlocutor.
Además, la segunda opinión, es buena, siempre, como alternativa.
Satre decía -y yo repito mucho-: “el que me discute me completa”. Y Adam Smith redondeo aquello con sus principios SOBRE LA LIBERTAD de opinión.
8.- Nunca interrumpas a la gente cuando está hablando. Permíteles terminar, salvo que sea monopólico o repetitivo.
Como dicen, escucharlos a todos, es tan importante  como filtrarlos.
9.- Si te burlas de alguien, que sea cercano y sepas de su buen sentido del humor. Así como de su seguridad suficiente, hasta para reírse de si. En caso sea un tercero, el burlista, detenlo. Muestra solidaridad y asertividad.
Nunca alabes a un niño o adolescente que cometa bullying. Menos te solidarices con un acosador callejero, laboral o doméstico. Denuncia y defiende a la víctima, SIEMPRE. Por más inconveniente que sea para tus intereses. Hoy por mi. Sino mañana, no esperes que sea por ti.
10.- Decir “Gracias”, no quita. ¡Pone!
11.- La alabanza puede ser pública. La crítica, siempre privada.
Salvo en los debates públicos o reuniones de trabajo, que para eso son. Pero diferenciando a la persona del problema, que es lo que convierte a alguien en profesional.
Y premiando al crítico, venga o no acompañado de propuestas. Porque su valentía es mucho más valiosa que tu silencio. Así que al menos, respétale y respáldale, entendiendo que, su lucha, es la tuya. O debería serlo, al menos.
12.- Casi nunca hay una razón para comentar el peso de alguien. Si la persona quiere hablar de perder o ganar peso, lo hará. No sabes el drama personal que esconde eso, unos anteojos, un audífono o una renquera. Y recuerda que, tarde o temprano, todos terminamos ahí. Pero igual, si alguien comenta de su peso, no lo sigas. Salvo que seas su “personal trainer” o nutricionista. ¡O su madre! Ellas si tienen licencia para todo… Sin importar tu edad.
13.-Cuando alguien te muestre una foto en su teléfono celular, no deslices hacia la izquierda o hacia la derecha.
Nunca sabes lo que sigue. Ten respeto, y más aún, prudencia.
14.- Si un amigo te dice que tiene una cita médica, no preguntes: ¿Para qué? Bastará: “Espero estés bien”. Si quiere que lo sepas, te lo hará saber, aún sin tu curiosidad y desconsideración.
15.- Trata al conserje, persona del aseo, trabajador de la construcción o al recolector de basura, a las personas sin hogar o en pobreza, con el mismo respeto que al empresario, gerente o funcionario de alto nivel. Nadie está impresionado por lo maleducado que puedas tratar a alguien, o que tan por debajo de ti los veas. Pero la gente sí se dará cuenta de tu incultura y cobardía. La apariencia es solo eso, apariencia. La cultura es lo de fondo.
16.- Si una persona te está hablando, directamente, olvida tu teléfono. Es de mala educación, siquiera, ponerlo sobre la mesa. Mucho menos, mirarlo o prestarle atencion en media reunión.
17.- Nunca des consejos insolícitos.
18.- No preguntes edad ni salario. Tampoco estado civil o laboral.
19.- Retira  tus anteojos de sol si estás hablando con alguien, en señal de respeto y transparencia. El contacto visual es importante. No sólo el discurso.
20.- Nunca hables de riqueza en  medio de la pobreza. Tampoco de hijos en medio de gente estéril o, simplemente, sin ellos. No sabes las razones. Pero en el mejor de los casos, no les importara mucho el tema ni tendrán que aportarte.
21. ¡Infórmate y participa!
La pendejera también dice mucho de tu seriedad, solidaridad y talante. No esperes consideración, si siempre dejas la valentía a los demás.
¡Participa! Sea en los problemas de tu barrio o comunidad.
Si crees que es problemático, imagínate para los líderes del cantón o el país, cuando son gente buena -como tu-. Y si no lo son, es, precisamente, y date cuenta, porque gente como tu, ni se informa ni se mete.
 Así que: ahí lo tienes, bien merecido y sigue con tu Síndrome de Peter Pan.
Ah pero eso si: no te quejes ni me cuentes. ¡Ten al menos la decencia de cargar tu cruz, por indolente y cómplice!
Y al conducir un vehículo… Bueno, esa ya es otra historia. Y de eso les hablo (escribo) otro día. Sí les parece.
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Por Pablo Barahona Kruger

El autor es Abogado constitucionalista, comunicador y profesor universitario Fue Embajador de Costa Rica ante la OEA pbarahona@ice.co.cr