Pablo Barahona: ¿Juicio fútbolero o cultural?

Pero aún me queda un cartucho. El más interesante:  ese juicio, en apariencia fútbolero, es todo un juicio, inmejorable, además, a nuestra cultura del serrucho y de mediocridad, donde los mando medios (jugadores ésta vez) se creen dueños de la pelota y hasta del estadio.

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Pablo Barahona KrügerAbogado

En litigios complejos, aplica el litigio estratégico. Ese que, de haberse aplicado inteligente y oportunamente, hubiera desaconsejado a tres príncipes del fútbol criollo, acusar envalentonados en «defensa de su honor». !Grave error de juicio!
Saldrán trasquilados por no haberse asesorado bien. En litigios de semejante nivel, no se trata de abrir códigos y recitar, como en un quirófano tampoco se trata de cortar y luego volver a coser.
Eso lo digo como litigante de tiempo completo y con más de 20 años en el ruedo, especializándome, precisamente, en litigios complejos y diseño estratégico de teorías del caso y estrategias de litigio.
Pero aún me queda un cartucho. El más interesante:  ese juicio, en apariencia fútbolero, es todo un juicio, inmejorable, además, a nuestra cultura del serrucho y de mediocridad, donde los mando medios (jugadores ésta vez) se creen dueños de la pelota y hasta del estadio.
Soslayando la autoridad y denostando la disciplina.
Lo mismo notamos los que hemos ejercido jefaturas en altas esferas de la función pública: al tico promedio no le gusta ser mandado (subordinado) y todos se creen jefes y dueños de si mismos. Con el consabido problema de que, donde mandan todos, no manda nadie. Y por tanto, las cosas ni avanzan ni mejoran. Al contrario.
Que bien lo decía Beavoir: «nadie es un monstruo si lo somos todos».
Y que lo diga yo: «solo en Costa Rica, mandar, es no mandar».
Pocos saben que en el impresionante currículo de Pinto, están sus estudios técnicos en Alemania. Donde  el colombiano, siempre creativo y desordenado – como «buen» latino-, aprendió del orden y se admiro de la disciplina, como prrerequisito del éxito. Y eso lo cambió todo para él, como para mí desde la cuna (mi madre es alemana para mayores señas).
Sus formas le valieron el desprecio por el fondo. !Qué contradictorio! !Y qué mediocres!
Tanto los jugadores (todos, incluidos los que hasta ahora callaron por pendeja conveniencia) como los directivos (en cuenta el actual presidente federativo) le deben explicaciones a un pueblo aficionado como el que más.
Porque los malos ejemplos de los líderes, son siempre tan corrosivos como los peores vicios culturales que podamos identificar.
Porque, seamos claros: si no fue por Pinto como cabeza de todo lo que pasó en Brasil, -porque lo demás, hay que decirlo, eran piernas intercambiables (nadie es imprescindible si se trata de un equipo)-, entonces que alguien me explique por qué, en el mundial siguiente, Costa Rica volvió a ser la misma mediocridad de siempre.
En síntesis y como lección aprendida para todo un pueblo que tiene decisiones fundamentales por delante (entre este y el próximo año), léase claramente que, en este juicio sonoro, tenemos el más fiel reflejo de esa cultura de la cancelación que, en base al serrucho y la intorelarancia, hoy nos tiene postrados.
Porque, a veces, solo a veces, por el fútbol se explica la cultura, y así, hasta la política. Y viceversa.
Escribo esto en reconocimiento de todos aquellos a los que, como a Pinto, hemos exigido excelencia y hemos puesto a trabajar duro a mediocres acostumbraditos al guante de seda y los pucheros. Y por ese «pecado capital» de ser medio alemanes o primer mundistas en un país culturalmente chiquitico, nos la han montado alguna vez.
Yo fuí candidato a la Defensoria de los Habitantes hace un par de años y me salieron los esmirriados  diputaditos que tenemos y alguna prensa tóxica -que de seguro nos merecemos-, con que yo era demasiado exigente y hasta duro con mis subalternos.
Y ya ven en que termino la Defensoria hoy…
Dejen costarricenses de apostar por navegantes de agua dulce. Por el más buena gente. Por típicos cae bien. Por posadores y mediocres saltinbanquis. Por el divisionismo que ecumbra el género como sello de calidad.
O bien, persígnense y esperan más de lo mismo -y de los mismos-.
Porque este país no lo componen personalidades blandengues ni espíritus apocados. Este desastre es apto, a esta altura, sólo para valientes entendidos.
Esto es para patriotas de verdad. Y Pinto, demostró ser mejor costarricense que muchos que se han burlado de esa bandera a la que le deben TODO. Y a la que yo sí quiero y respeto tanto, y por ende, en efecto, exijo excelencia y no acepto menos.

 


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