Pablo Barahona: Los Frankensteins de lonchera

No que me sorprenda pero si que me molesta y entristece. La OEA tiene un potencial inexplorado e inconmensurable. De ello puedo dar fe.

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Pablo Barahona Krüger, Abogado Litigante, Profesor Universitario y Exembajador ante la OEA.

La reelección de Almagro deja un sabor agridulce a la región. Por un lado, las cartas estaban marcadas desde el principio de la contienda: Cuba y ad lateres vrs. EE. UU. y su rebaño (en cuenta CR.).

Aquí no hubo verdadera discusión desde que tampoco se planteo alguna opción real. Era continuar con un caballito de batalla del Departamento de Estado como Almagro, a quien conozco personal y funcionalmente -y de quien puedo decir mucho más-, o darle rienda suelta a los desvaríos de la Habana, Caracas y Managua, pasando por el México populista de López Obrador y la militancia tóxica del primer ministro Ralph Gonsalves de San Vicente y las Granadinas -un gigante intelectual, y no solo político, con quien también departí personalmente en varias ocasiones-, pero de quien debo decir, es uno de los generales más aguerridos de ese eje que ha pasado por tantos nombres: Alba, Petrocaribe, Unasur, Celac, etc. Todos, abortos más tempraneros o tardíos de la Habana, si se mira con ojos desprendidos o desideologizados.

En fin, el punto aquí es que hoy no ganó la OEA ni los países que realmente necesitan de esa organización; como CR, un país sin ejército que depende del TIAR, si asomamos a la historia, y que tanta cooperación y vinculación política (más allá de lo comercial) requiere, para desarrollarse en una zona tan dividida por inquinas vecinales y celos subregionales, por demás, divisionismos incultos y absurdos que ningún estadista centroamericano ha sabido combatir ni borrar.

Aquí, el divisionismo de Almagro se impuso y el brazo largo de Trump y Pompeo le alcanzó para mantenerse en el cargo y perpetuar a sus protegidos (en cuenta Rodolfo Piza y otros ticos parqueados allá por petición de Carlos Alvarado) para que sigan mejorando «su salud».

Pero de ahí a que Almagro sea la persona idónea para fortalecer una organización tan golpeada y desacreditada, tendiendo puentes francos con los embajadores, evitando el facilismo de la diplomacia del Twitter y asumiendo un discurso más congruente que le evite volver a caer en las contradicciones en que incurrió en este primer término al validar a Ortega con aquella visita de cortesía a Managua, además, en el peor momento político de aquel déspota de nuestro vecindario; o el comentario validando la pretensión reeleccionaria de Evo, también inoportuna y ya no solo delesnable y calculadora; o su salida en falso en la visita a Colombia, validando y casi invitando a una invasión militar contra Venezuela, sí que hay una gran distancia.

En esta coyuntura, Costa Rica no ha hecho la tarea en la OEA. No ha ejercido ningún liderazgo y nuevamente ha optado por el camino seguro de ponerse a la cola y seguir el índice. Sí, el dedo índice del gobierno estadounidense que impuso a un secretario general inefectivo, antidiplomático, prebendal y entreguista. En síntesis, un inútil para nosotros, pero útil para otros.

La cancilleria y la presidencia ticas son corresponsales de estos próximos cinco años de postración y relajo en la OEA.

No que me sorprenda pero si que me molesta y entristece. La OEA tiene un potencial inexplorado e inconmensurable. De ello puedo dar fe.

Sin embargo, nuevamente, los espíritus apocados de este gobierno optaron por el «principio de conservación del cargo». Porque si Almagro se iba, Piza temblaba. Y otros amigos de este cogobierno, que estan ahí parqueaditos a la sombra de Almagro, a petición de Alvarado, hubiesen visto su viaje de turismo diplomático interrumpido.
Eso es lo que realmente esta detrás de ese voto de CR, que no fue por Almagro, sino por Piza, Ventura y otras fichas de este frankenstein de gobierno, que ellos dan en llamar eufemísticamente: unidad nacional. Ironía, por lo demás, tratándose de la red de loncheras que dividió un país, deliberadamente, para vencer, pero sin lograr convencer.

En fin, intereses por sobre principios. Cálculos por sobre ideas. Prebendalismo por sobre patriotismo. Amigos antes que Estado.

Tiempos oscuros se ciernen sobre la región, con un Almagro envalentonado y unas cancillerías menesterosas, como la nuestra, del otro lado de la balanza.

Otra pifia y otra vergüenza para nuestra diplomacia.

Pero eso sí, ya nada que nos sorprenda de estos Frankenstein de lonchera.

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Pablo Barahona Krüger,
Abogado constitucionalista, profesor de geopolítica y derechos humanos. Exembajador ante la OEA.
pbarahona@ice.co.cr

 

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