Pablo Barahona: ¡Nos están jodiendo! (Otra vez)

Pues como tantas veces me he adelantado, déjenme hoy decirles, que vamos hacia el mismo precipicio.

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Pablo Barahona KrügerAbogado

Así las cosas, esto no va. Simplemente, no da más. Ya las apariencias no alcanzan para el disimulo de tanta basura barrida debajo de la alfombra. Por tantos años, además.

Primero, la banca pública, sospechosamente, decidió, de un día para otro, no financiar más las campañas electorales. Acto seguido, los banqueros privados se frotaron las manos. El epitafio, irónica e imperdonablemente, lo escribió -y sí: ¡vía jurisprudencial!- el Tribunal Supremo de Elecciones, quien cómplice, irreflexiva, superficialmente, autorizó el estado actual de las cosas, cohonestando la  actual orgía entre banca privada, encuestadoras, medios comerciales/masivos de comunicación y un puñado de políticos a sueldo.

Pregunta obligada: ¿Quién financia -léase: compra- la democracia en Costa Rica, hoy? Pregunta innecesaria: ¿Quién la mandara, entonces, mañana? Pregunta lógica y oportuna: ¿Quiénes vienen mandando en los últimos gobiernos, independientemente de banderías, ideologías o compromisos de campaña?

Pero eso no es todo. ¡Que va! Ese es apenas el pecado original. Pero para aquel de mirada despierta y altiva, lo realmente grave, empieza, mas no termina, ahí.

Porque para el resto; aquellos que se agotan en la superficie y tóxicamente se solazan, repitiendo torpemente que no hay por quien votar, que todos son iguales, que ninguno aborda los temas de fondo; paso por la pena de recordarles que, los banqueros -privados, repito- deciden a quien atollarle la manita y a quien dejar en descampado -entiéndase: mendingando, o en el mejor de los casos: autofinanciéndose-.

Mientras, ese puñado de bautizados por los grandes capitales privados, corren a mercadearse para colarse en las encuestas. Porque el que no aparezca en las sacrosantas estadísticas -que también provienen, en su mayoría, de empresas privadas-, simplemente, no existirá para la prensa popular. No será invitado a debates. Y posiblemente, tampoco lo entrevisten. Porque, según dicen los periodistas y sus jefes, las encuestas son el “elemento objetivo” para decidir quien merece tiempo aire y quien, repito, simplemente, no existe.

Pero bueno, supongo que ese gran pastel de la pauta electoral que reparten con dinero ajeno, esos políticos financiados, entre las televisoras, radios y periódicos, principalmente, algo ayuda. No sé -digo yo-.

Y bueno, se cierra el círculo con una caterva de analistas políticos, tremendamente superfluos -algunos incluso prebendales- que casi igualan en escases de lectura, a sus colegas militantes, ya sea en el oficialismo o en los partidos políticos en lisa. ¡Ah pero claro! Sin que jamás confiesen o adviertan tales renqueos o querencias, frente al público incauto que les sirve de auditorio despistado e indolente.

Podríamos reír ante el descaro, si no fuera por sus implicaciones inconmensurables para todos nosotros. Repito: para todos. Los de participación política activa o pasiva.

Así que redondeo este develamiento, con algunas “pregunticas”: ¿Quiénes son los culpables de estos debates tan superficiales: los candidatos que deben responder en sesenta o noventa segundos -a lo sumo- cuando se les pregunta sobre el déficit fiscal, la crisis educativa o securitaria; o los organizadores que diseñaron tan superfluos y mal concebidos formatos?

¿Quiénes nos están recetando debates sin debate? ¿Acaso los candidatos que deben -por mínimo respeto y civilidad- ceñirse a formatos insulsos y ocurrentes, muy propios de la incultura periodística que padecemos en Costa Rica de un tiempo para acá; o de los anfitriones de esos repasos superficiales que parten de preguntas descuidadas y prefieren fijar la enfermedad en las cobijas, para que tampoco se noten sus propias carencias y esas mutuas complicidades político-periodísticas?

Y sí, escribo esto, amarrado a mi silla, pese a ser candidato a diputado en un primer lugar por la provincia capital y un partido con veinticinco años de fundado. Y pese a ser una voz pública; sin recibir invitaciones a debatir. Aun cuando sí, muchas excusas de medios que asiduamente me entrevistaban antes de dar este paso al frente, por mi país, renunciando a mi comodidad personal y mi consuetudinaria postura de francotirador.

“Es que ahora usted es candidato” -me suelen decir-. “Pues, precisamente, por eso, es que deberían visibilizar no solo a sus colegas periodistas, hoy también devenidos en candidatos(as). Y que aunque confiesen de política no saber y experiencia pública tampoco tener, ustedes pasan entrevistando y publicitando” -les espeto de frente-.

Porque así las cosas, claro que entiendo que la gente repita, sin pensársela mucho: “que no hay por quien votar” o que “todos son iguales”. Porque a los que, definitivamente no lo somos, no nos están pudiendo ver.

Y es que, claro, si yo estuviera en ese mismo balcón desde el que a distancia suele asomarse la ciudadanía, viendo pasar tan triste e insípido desfile periodista/politiquero, y fuera tan despistado como la mayoría, en vez de tan crítico e irreverente como he sido siempre, posiblemente, pensaría lo mismo.

Porque con este “sistema”, definitivamente: ¡nos están jodiendo! Y quede claro: no a mi. ¡A todos!

¿O acaso ya nadie se acuerda, que así “mismitico” fue como nos llevaron como caballos de carretón, hasta una segunda vuelta, entre dos impresentables, hace exactamente, cuatro años?

Pues como tantas veces me he adelantado, déjenme hoy decirles, que vamos hacia el mismo precipicio.

Porque, nuevamente: ¡Nos están jodiendo!

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