Pablo Barahona KrügerAbogado

“Salvajismo político” en su máxima expresión, le llamó yo a esto de que los funcionarios públicos escojan libremente (alegando la excusa de objeción de conciencia) cuando aceptar y respetar sentencias que -gusten a quien gusten-, la Constitución Política, los tratados y las declaraciones  internacionales, tornan vinculante “erga omnes”.
Desde cuando ser funcionario público es como sentarse en un restaurante y ordenar por menú?
Bueno, pues lo será desde que Carlitos y la Dinarte, en mancuerna con los diputados Morales y Sánchez, pactaron con los fabricistas para seguir abonando a ese caldo de cultivo altamente implosivo, que en el fondo es una sola cosa: mezcla/confusión/alteración impúdica de religión y política.
¿A dónde iremos a parar con politiqueros así de populistas, prebendales e ignorantes?
¿Será posible caer aún más bajo?
Ayyy Costa Rica.
La próxima campaña electoral no pinta naaaada bien. Y sus eventuales resultados, todavía menos. Peligro!!!