Pablo Chaverri Chaves, Científico Cognitivo.

Necesariamente, Adán y Eva no existieron, porque la evolución de las especies es un proceso paulatino que va ocurriendo gradualmente, a través de muchas generaciones, durante miles y millones de años, por medio de la selección natural, como lo demuestra y documenta abundante evidencia, tal como la que se puede apreciar en un buen museo de historia natural.

Es posible que el ser humano se habría comenzado a diferenciar de su ancestro común con los chimpancés cuando un grupo de aquel ancestro decidió salirse del bosque y empezar a explorar la sabana, seguramente poco a poco, exponiéndose a nuevos y mayores peligros, así como a nuevas presiones, como la del bipedalismo y la de la cooperación grupal aumentada, que habrían llevado a una selección natural a favor de los individuos que mostraran mayor disposición hacia estos comportamientos.

Esta mayor cooperación habría facilitado un mejoramiento de la cacería y, crucialmente, un mejor cuido y protección de los niños, lo que permitió períodos crecientes (y costosos) de maduración y aprendizaje, que habrían abierto el camino para los procesos de socialización y sentado las bases de la consecuente ampliación de las habilidades sociocognitivas, que constituyen, posiblemente, la diferencia más grande entre un niño y un chimpancé actuales, pues en tareas de cooperación interpersonal un niño muestra no solo mayor capacidad de comunicación y organización con su contraparte, sino también una distribución más equitativa de las ganancias, lo cual incentiva el mantenimiento de la cooperación a largo plazo, que es la base de la sociedad humana. Mientras tanto, en los chimpancés, sus habilidades de cooperación son mucho más limitadas, lo que implica un desempeño sociocognitivo sustancialmente menor. Esto ha sido investigado y demostrado en estudios como los del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, que han comparado las habilidades cognitivas de niños y chimpancés, mostrando que, aunque ambas especies tienen un desempeño similar en tareas de cognición física, hay una diferencia significativa a favor de los niños cuando se trata de tareas de cognición social.

Todo lo anterior permite afirmar que, necesariamente, Adán y Eva no existieron, pues no provenimos filogenéticamente de una única pareja que ya tenía las características del ser humano moderno, sino que, en realidad, provenimos de muchas parejas que, lentamente y a través de millones de años (seis para ser más precisos), nos fueron diferenciando más y más y más de aquel ancestro común con los chimpancés, convirtiéndonos en diferentes especies a través del lento proceso de la evolución biológica, hasta llegar a nuestra condición actual de homo sapiens (hace aproximadamente trescientos mil años), cuya existencia no sería posible sin todos sus ancestros.

Lo anterior, además, implica que, al no existir Adán ni Eva, entonces no pudo haber pecado original ni expulsión del paraíso, lo cual significa que, por consiguiente, tampoco había necesidad de salvación, ni motivo alguno para la supuesta venida, muerte y resurrección de Jesús que, existiera o no, ya no podría encontrar sentido alguno para su supuesta misión sacrificial.

En síntesis, como Adán y Eva no existieron, no pudo haber pecado original ni expulsión del paraíso, lo cual, ni más ni menos, derriba de tajo la raíz de la creencia cristiana.