Pablo Chaverri: Crimen organizado en el cristianismo

Estos datos son aterradores y, como dice Christopher Hitchens, harían que hasta el peor criminal arrugue la cara.

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Pablo Chaverri Chaves, Científico Cognitivo.

Según el informe de una comisión investigadora independiente en Francia, entre 1950 y 2020, fueron abusadas 216.000 personas menores de edad por parte de religiosos católicos, y 330.000 casos si se cuentan también los abusos de laicos al servicio eclesial. Es decir, estamos hablando de un promedio de 4714 casos al año y de 13 casos por día en el período de referencia. Esto es más de un caso nuevo cada 2 horas. Ahora, preguntémonos: ¿cuántas veces habrá sido abusada cada víctima? Probablemente habrá muchas víctimas que fueron abusadas numerosas veces. ¿Cuántas más lo habrán sido antes del período en mención? Posiblemente muchísimas más. Estos datos son aterradores y, como dice Christopher Hitchens, harían que hasta el peor criminal arrugue la cara.
Mantener estos niveles de actividad criminal masiva y sistemática solo se puede hacer si hay una organización que protege a los victimarios y silencia a las víctimas, en un contexto de imagen institucional positiva que sirve para ocultar la podredumbre bajo una superficie de bondad falsa. De otra forma no sería posible sostener tan abyecta criminalidad en la más indignante impunidad de la amplia mayoría de los abusadores y sus protectores en los altos niveles de la jerarquía eclesial.

¿Cuántas organizaciones criminales llegan a estas cantidades de víctimas directas? A esto hay que agregar que el cristianismo tiene siglos de impunidad, pues estos abusos pasan en todos los lugares donde llega esta tóxica organización religiosa en sus diferentes ramificaciones (no solo la católica). Estos abusos ocurren sin que se tomen medidas contundentes de protección para sus víctimas favoritas: los niños y niñas, a quienes el cristianismo sigue teniendo acceso privilegiado a través del catecismo, la evangelización y sus actividades de adoctrinamiento para personas menores de edad, en las que les enseñan especialmente a ser obedientes y sometidos, comenzando desde el mito del pecado original: desobedecer la autoridad.

¿No serían suficientes muchísimo menos que estos datos para que un centro educativo sea cerrado permanentemente?, ¿por qué el cristianismo sigue teniendo acceso directo a las personas menores de edad? Esto debería prohibirse si se tomara en serio el principio del interés superior del niño. Pero lamentablemente el hechizo religioso sigue muy arraigado en millones de creyentes, a quienes les da temor cuestionar a su religión, sus representantes y sus dogmas de fe, pese a estos hechos criminales verificados, que entran en evidente y directa contradicción con la idea de que el cristianismo es una religión de amor.
En mi opinión, estos datos reflejan un nivel de voracidad sexual insaciable en el clero y sus colaboradores, precisamente en el seno de una institución que se cree con la autoridad moral para ordenarle a los demás qué hacer o no con su cuerpo.

¿No fue muchísimo más que suficiente hace tiempo?, ¿no es claro que el cristianismo es una organización criminal que se aprovecha de los temores y esperanzas de las personas, especialmente de las más vulnerables, para literalmente cogérselas, así como para sacarles dinero, servicios y beneficios múltiples? Si estos son los datos que logra contabilizar una investigación en Francia: ¿cuántos casos más habrá que permanecerán ocultos? Si esto ocurre en un país desarrollado como este: ¿cuán peores serán las cosas en los países menos desarrollados? Si estos son los abusos de la rama católica: ¿cuántos serán los abusos cometidos en otras ramas del cristianismo?

Creo que estos datos muestran que estamos hablando de una organización criminal que, por lo tanto, no debería tener ningún acceso a personas en general y muchísimo menos a niños, y que debería ser clausurada y declarada enemiga pública, a la vez que se le obliga a compensar económicamente a cada víctima.
Frente a estos hechos, la respuesta eclesial es pedir «perdón», declarar «vergüenza» y «rezar por las víctimas y victimarios», pero no reparar de forma significativa a cada víctima ni tomar medidas contundentes para erradicar estos abusos. Es decir, la respuesta consiste en tirar una cortina de humo, mientras en el fondo las cosas siguen igual dentro de esta organización criminal. ¡Basta ya!

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