Pablo Chaverri: El reto de la desigualdad en el contexto del bicentenario

Costa Rica se ha vuelto cada vez un país más desigual en las últimas décadas, con una élite multimillonaria reacia a dar su justa contribución al país y que utiliza la estrategia de satanizar los impuestos en general para evitar impuestos a sus grandes y crecientes riquezas que, al final de cuentas, son también un producto social, pues no habría forma de que ocurrieran sin el aporte colectivo.

Pablo Chaverri Chaves, Científico Cognitivo.

La celebración del bicentenario de la independencia costarricense y centroamericana trae muchas reflexiones sobre la historia nacional y regional, pero también es crucial preguntarnos por lo retos que enfrentamos en la actualidad, así como sobre el futuro que vendrá dependiendo de las decisiones y los rumbos que se elijan hoy. Talvez, lo que necesitamos es un enfoque más integrador entre el pasado, el presente y el futuro, que nos ayude a comprender lo que tenemos y somos hoy como un producto histórico. Así como lo que las personas llegan a ser en su adultez está muy influido por lo que fue su infancia, algo parecido ocurre con las naciones, cuya actualidad está determinada por sus antecedentes históricos.
Con esta visión en mente, es muy importante que nos preguntemos qué tipo de sociedad queremos ser, cómo queremos que sea nuestro futuro y qué debemos hacer hoy para lograr nuestras mayores aspiraciones. Una forma posible en la que esto se puede analizar es identificando grandes retos nacionales y valorar cómo su abordaje definirá la Costa Rica del futuro. En este sentido, es posible identificar muchos retos en muchos temas, todos muy importantes, por lo que es también relevante preguntarse: ¿cuál es el más importante de todos? Me permito sugerir para la reflexión que el desafío de mayor trascendencia para definir el presente y el futuro costarricense (y creo que a nivel latinoamericano y caribeño también) es el de la desigualdad socioeconómica; es decir: la distribución injusta de la riqueza.
¿Por qué considero a este el mayor reto nacional? La desigualdad rompe el tejido social, atenta contra la cohesión y fractura la convivencia, lo cual quiere decir que desfigura la base misma de lo que supone una sociedad en última instancia, cual es la unión de un grupo de personas con una identidad compartida. Cuando las diferencias entre las personas se hacen muy grandes, es cada vez más difícil sostener que constituyen una sola sociedad, pues más bien empiezan a parecer grupos separados. Sin embargo, no hay ricos sin una sociedad que trabaje para acrecentar su riqueza, puesto que no podrían acumularla en aislamiento. Toda riqueza es un producto social, de modo que las acciones de justicia distributiva no son una forma de robo (como quisieran presentarla algunos), sino de reivindicación ética.
Dicho lo anterior, así como es importante reconocer la gravedad de la injusta distribución de la riqueza, también es justo reconocer que la economía globalizada ha creado importantes oportunidades de empleo para un sector con niveles de calificaciones técnicas significativas, pero al mismo tiempo hay que señalar que un gran sector de la población sin estas calificaciones no logra insertarse en los empleos que se generan, lo cual le condena al desempleo, el subempleo y la informalidad, y por tanto a la precariedad. En esto se ve el caro precio de las malas decisiones del pasado, pues Costa Rica invirtió mayormente en educación primaria, pero no se preocupó de igual forma por continuar la obra en educación secundaria ni preescolar, lo cual produjo una suerte de puente incompleto que, como se sabe, equivale a la ausencia de puente y le impide a las personas acceder a las oportunidades de formación y capacitación terciaria y superior, que están directamente ligadas a los mayores niveles de empleabilidad e ingresos.
Costa Rica se ha vuelto cada vez un país más desigual en las últimas décadas, con una élite multimillonaria reacia a dar su justa contribución al país y que utiliza la estrategia de satanizar los impuestos en general para evitar impuestos a sus grandes y crecientes riquezas que, al final de cuentas, son también un producto social, pues no habría forma de que ocurrieran sin el aporte colectivo.
Si Costa Rica no es capaz de crear un nuevo pacto social de distribución de la riqueza, como lo supo construir a mediados del siglo XX, esta desigualdad seguirá ensanchándose y más temprano que tarde nos estallará en la cara, sino es que ya lo está haciendo, con los altos niveles de criminalidad, violencia e inseguridad que experimentamos.
Hablar de distribución justa de la riqueza es una discusión que suele ser censurada a priori por las élites, pero es completamente necesaria si queremos seguir siendo una sociedad y no dos países en uno: el de oportunidades y desarrollo para quienes están arriba de la escala social, y otro de negación de condiciones óptimas de vida para los sectores más abajo de tal jerarquía.
La pandemia ha puesto en evidencia que sus efectos varían significativamente dependiendo del estrato del que se hable (Chaverri Chaves, 2021), porque mientras que para los grupos más acomodados la pandemia no ha sido demasiado lesiva, para las personas más vulnerables la crisis sanitaria ha representado el paso a la vulnerabilidad, la pobreza o a la pobreza extrema, bloqueando sus caminos de superación y poniendo en peligro incluso sus propias posibilidades de supervivencia.
En este contexto de celebración por el bicentenario en medio de una crisis sanitaria de dimensiones globales, es pertinente reconocer también la crisis de la desigualdad y la injusta distribución de la riqueza. Si queremos que este tercer siglo de vida nacional sea sostenible y transitable para las actuales y futuras generaciones, es trascendental que este gran reto se ponga sobre la mesa de forma prioritaria en el debate de cara a las próximas elecciones nacionales de febrero de 2022, donde será necesario que la ciudadanía exija a todo aquel que aspire a puestos de representación política estar en capacidad de dar respuestas concretas, sustentadas, factibles y eficaces para reducir los altos y peligrosos niveles de desigualdad que tenemos.
Si esta problemática no se enfrenta con valentía, con conocimiento, pero sobre todo con ética, seguiremos dando pasos hacia una ruptura del orden social, que ocurre cuando las personas dejan de creer en sus instituciones y legalidad, y buscan tomarse la justicia en sus propias manos. Pese a lo grave de la situación, todavía estamos a tiempo de evitar un estallido social, pero esto requerirá que pongamos en el centro de la discusión y la acción un tema demasiadas veces evitado: el de la justicia social.
Referencia
  • Chaverri Chaves, P. (2021). La educación en la pandemia: Ampliando las brechas preexistentes. Revista Actualidades Investigativas en Educación, 21(3), 1-22. Doi.10.15517/aie.v21i3.46725

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