Pablo Chaverri: La ciencia refuta a la religión

La neurociencia cognitiva refuta la existencia del alma, pues ha producido abundante y consistente evidencia que muestra que la mente, la consciencia o el sentido de la moralidad son producidos por la actividad del cerebro, el sistema nervioso y el cuerpo, en sus ambientes físico y social.

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Pablo Chaverri Chaves, Científico Cognitivo.

La biología evolutiva refuta a Adán y Eva. Nuestro origen es un ancestro común con los demás primates. La evidencia fósil y la evidencia genética son convergentes en indicar que hace aproximadamente seis millones de años existió nuestro último ancestro común con nuestros parientes más cercanos: los chimpancés y los bonobos.

La cosmología y la física refutan una «creación de seis días». Incluso si usáramos esta escala semanal como metáfora, no tendría sentido, pues nuestra especie «acaba de llegar» en términos cosmológicos, como lo explica Carl Sagan en su libro Los dragones del Edén. Para Sagan, deberíamos usar al menos un calendario anual, siendo que el primero de enero representaría el Big Bang, mientras que, siguiendo esta escala, la tierra se habría formado el 14 de setiembre, la vida en nuestro planeta arrancaría el 25 de setiembre y los primeros humanos aparecerían el 31 de diciembre a las 10:30pm, luego la invención de la agricultura sería a las 11:59:20pm de este día, el método científico experimental a las 11:59:59pm y la actualidad sería el primer segundo del año nuevo.

La genética y la biología evolutiva refutan el «diseño inteligente». Los procesos de adaptación y selección natural explican la evolución de las especies sin la necesidad de un «diseñador inteligente». No se requiere de un agente controlador externo, sino que se trata de un proceso natural pautado, no de algo meramente «azaroso» o «accidental» como los intereses religiosos han tratado de popularizar.

La estadística refuta el «poder de la oración». La cantidad, intensidad o fe de la oración no guarda relación positiva con qué tan bien le va en la vida a las personas. Más bien pareciera ser a la inversa. Por ejemplo, según Naciones Unidas cada cinco segundos muere un niño por hambre en el mundo, la mayoría en los países más religiosos, donde lógicamente se reza más. Además, los países más religiosos tienden a ser también más violentos, desiguales, pobres e ignorantes, mientras los más ateos tienden a ser los más pacíficos, igualitarios, prósperos y mejor educados. Tómese el índice de desarrollo humano y se verá que lo encabezan los países de Europa del norte, mientras la parte baja de este índice es dominada por países de la muy creyente África subsahariana. En muchos de estos países brutalmente miserables, la fe religiosa es prácticamente universal y cuestionarla públicamente puede poner en peligro real la vida de quien lo haga, pero «dios es amor», repiten los creyentes. Deberían agregar una nota que diga: «dios te ama, pero solo si crees en él». Paradójicamente, los países más creyentes, viven sumidos en condiciones materiales y sociales deplorables, pese a que los líderes religiosos insisten en que «sin dios nos iría muy mal».

La física y la geología refutan la idea de una tierra “joven”, de unos pocos miles de años según la Biblia. La ciencia estima que nuestro planeta tiene más de 4500 millones de años.

La geología, la ciencia de materiales, la geografía, la arqueología y la evolución refutan el arca de Noé y la inundación del mundo. Por ejemplo, no hay ninguna posibilidad para que parejas de animales tales como pingüinos, canguros, osos polares, etcétera, viajaran miles de kilómetros por tierra y mar, hasta llegar a Medio Oriente y abordar el arca.

La neurociencia cognitiva refuta la existencia del alma, pues ha producido abundante y consistente evidencia que muestra que la mente, la consciencia o el sentido de la moralidad son producidos por la actividad del cerebro, el sistema nervioso y el cuerpo, en sus ambientes físico y social.

La antropología y la arqueología prueban que los dioses y las religiones son productos culturales creados por las diferentes sociedades, que tienen características relativas al grupo que los inventó, y que empiezan a surgir hace cerca de 40 mil años, como producto de un proceso llamado revolución cognitiva, en el cual la especie humana fue capaz de imaginar seres mágicos inexistentes, según lo explica el historiador Yuval Harari.

La historia, la psicología y la criminología prueban que el fundamentalismo religioso es un fenómeno negativo que lleva a la intolerancia y a que se produzcan niveles extremos de violencia, que además es «justificada» y «santificada» en el nombre de dios.

Resulta curioso ver a los líderes religiosos menos fanatizados decir que, cuando la ciencia prueba que algo de la Biblia no tiene sentido o no ocurrió, entonces se trata de una “metáfora”. Pero: ¿cómo saben estos líderes religiosos qué es una metáfora y qué no en este libro lleno de autoevidente ficción?

Como se puede ver, no hay tal «complementariedad» entre ciencia y religión, sino que es al contrario, conforme más avanza la ciencia y la alfabetización científica, hay menos ignorancia, menos espacio para el pensamiento mágico y menos religión. La ciencia y la religión no son compatibles, sino que se excluyen mutuamente. De hecho, la ciencia es un método probado para resolver problemas difíciles y complejos, mientras que la religión no es un método, sino que simplemente asume «revelación divina», que no es otra cosa que una forma para engañar mentes débiles y vulnerables, y aprovecharse de su ingenuidad para manipularlas y sacarles beneficios a favor de los líderes religiosos, políticos y económicos en las élites sociales.

 


Pablo Chaverri Chaves
Maestria en Ciencias Cognitivas
Científico Cognitivo.

 

 

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