Pablo Chaverri: La elección presidencial y de diputados – ¿juntas o separadas?

Creo que es muy importante que Costa Rica separe la elección presidencial de la parlamentaria, de modo que la segunda tenga su propia exposición, con mayor conocimiento público de las candidaturas, sus posiciones, sus planes, su trayectoria y sus credenciales para el cargo. De otro modo, la elección de diputados seguirá manteniéndose en una penumbra inconveniente para el país.

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Pablo Chaverri Chaves, Científico Cognitivo.

La legislación costarricense permite que los candidatos presidenciales tengan doble postulación; es decir, que se presenten al mismo tiempo como candidatos presidenciales y diputadiles. Esto solo es posible porque en Costa Rica ambas elecciones ocurren simultáneamente. ¿Es esto conveniente? Considero que esta doble postulación se ha convertido en un portillo para el oportunismo político, la búsqueda del poder como un fin en sí mismo y para perjudicar la calidad de ambos procesos electorales, tanto el presidencial como el parlamentario.

El hecho de que la mayoría de candidatos a la presidencia costarricense (17 de 27) vaya con doble postulación me parece que refleja que su intención desde el inicio es aprovechar la plataforma y la exposición de la campaña presidencial para lograr una diputación, pues si estuvieran concentrados en la presidencia, no dividirían la atención postulándose también como diputados. Me parece que, en el fondo, la doble postulación es una confesión implícita de reconocerse a priori sin posibilidades de ganar la presidencia, por lo que aspiran también al «premio de consolación» que sería una curul.

Dado este uso intencional de la doble candidatura para conseguir una silla en el parlamento por parte de la mayoría de candidatos, me parece que se desvirtúa el sentido y la focalización que requiere un puesto tan decisivo como lo es la presidencia de la república, así como tampoco se presta la atención debida a la campaña parlamentaria, que es fundamental, pues casi cualquier cambio trascendente que se proponga tendrá que pasar de una u otra forma por la asamblea legislativa. Como lo muestra la investigación científica cognitiva, cuando las personas dividen su atención en dos tareas simultáneas, bajan significativamente su desempeño en las mismas.

Por otra parte, el hecho de que la elección presidencial y parlamentaria sean simultáneas, en un contexto donde la primera es ampliamente dominante, hace que la segunda, que es también muy importante, quede invisibilizada, al punto de que la amplia mayoría del electorado no tiene ni idea de quienes son las personas candidatas a diputación ni cuáles son sus planes; es decir que la votación de diputados se vuelve una decisión a ciegas, más movida por la dinámica de la campaña presidencial que por su propia dinámica.

Esto es grave, porque la elección de diputados es también crucial y la conformación del parlamento determinará, en gran medida, las posibilidades y la agenda del ejecutivo, de modo que el hecho de que su votación se haga prácticamente a oscuras en la mayoría de los casos, es una pésima noticia que augura malos resultados. Veamos por ejemplo el caso de los catorce diputados fundamentalistas religiosos que llegaron al congreso impulsados por la reacción conservadora y la manipulación religiosa durante la pasada campaña presidencial: ¿cuántos han sido sus ridículos en el desempeño de sus funciones?, ¿cuánta la ignorancia profunda de la propia naturaleza de sus cargos, sus decisiones y la complejidad de las problemáticas a ser abordadas?, ¿cuánto el rebajamiento del debate parlamentario?

Creo que es muy importante que Costa Rica separe la elección presidencial de la parlamentaria, de modo que la segunda tenga su propia exposición, con mayor conocimiento público de las candidaturas, sus posiciones, sus planes, su trayectoria y sus credenciales para el cargo. De otro modo, la elección de diputados seguirá manteniéndose en una penumbra inconveniente para el país.

Una forma de hacer este cambio podría ser llevando a cabo una reforma electoral que establezca las elecciones diputadiles y presidenciales en años diferentes, lo cual podría también tener un efecto de apoyar o restringir una mala gestión presidencial a la mitad de su período constitucional. Entonces, con una reforma como esta implementada, por ejemplo, si la próxima elección presidencial es en febrero de 2022, entonces la elección parlamentaria correspondería en 2024, justo a la mitad del período del ejecutivo. Así, el electorado podría decidir si da más o menos diputados afines al gobierno, idealmente tras una valoración de su gestión, lo cual debe ir acompañado de una reforma de fondo en la educación para la participación ciudadana, el pensamiento crítico y la toma de decisiones. Asimismo, una reforma como esta podría contribuir a fortalecer la independencia de poderes y el proceso democrático, dando a las elecciones parlamentarias la atención específica que requieren.

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