Pablo Chaverri: Libertad de creencia y pensamiento crítico

Si se quita la imaginación, inmediatamente el espejismo de dios se disipa y desaparece por completo. Si las personas aprendiéramos a analizar críticamente nuestras creencias, posiblemente tendríamos que abandonar o al menos suspender muchas de ellas.

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Pablo Chaverri Chaves, Científico Cognitivo.

La libertad de opinión y de creencia son muy importantes, pero esto no debe confundirse con que tener una opinión o una creencia sea suficiente para darlas por verdaderas. Hoy que los nuevos medios nos permiten compartir y difundir ideas con facilidad, lo que no es tan fácil es pensar disciplinada, metódica y críticamente. Eso ya no es tan sencillo y requiere esfuerzo mental, estudio y trabajo.

Distinguir entre un buen argumento y una simple opinión débil se ha vuelto muy importante, porque las segundas abundan, muchas veces con información falsa y argumentos falaces, mientras que las primeras ya no resultan tan fáciles de encontrar en medio de marejadas de información cargada de tonterías, superficialidades y relaciones espurias. Entonces, así las cosas, aquí lo que vale más son los argumentos bien construidos, basados en evidencia y conceptualmente claros, que muchas veces escasean, pero son los que nos permiten ir más allá de lo inmediato o lo obvio y nos pueden ayudar a ahondar en la comprensión de los diferentes asuntos y por tanto tener mejores bases para opinar, decidir y actuar.

En estos tiempos de fácil acceso a información, la capacidad de distinción entre calidad y material desechable se vuelve fundamental y así como se viene enseñando a las personas a diferenciar entre alimentación sana y aquella que no lo es, resulta también urgente educar para distinguir entre información bien sustentada y la que no lo es.

Dado esto, creo que nos urge una educación que nos enseñe a informarnos mejor, a pensar más cuidadosa y rigurosamente, y a ser capaces no simplemente de percibir y conformarnos con cualquier fuente, sino de analizar, indagar, reflexionar y, lo más difícil de todo: buscar la verdad.

En este sentido, es interesante ver cómo las creencias de las personas cambian, a veces de forma inesperada e incluso sorpresiva. De acuerdo con una encuesta recientemente publicada por el CIEP-UCR, las personas no religiosas en Costa Rica muestran un importante incremento, ya que pasaron de un 20% en 2019 a un 27% en 2021.

¿Qué tiene que ver esto con el pensamiento crítico y la calidad de la información? Pues simplemente que las creencias religiosas no poseen un respaldo sólido, razón por la cual se les llama fe y no conocimiento.

Así como no hay evidencia de duendes, hadas ni unicornios, tampoco hay evidencia de dioses, de ninguno de todos los inventados por la humanidad: ni de Zeus, ni de Quetzalcóatl, ni de Sibü, ni de Jehová, ni de Alá, ni de Osiris, ni de Thor. En todos los casos la evidencia es cero.

No hay nada que permita decir que haya alguna deidad menos falsa que las otras, pues de todas estas la evidencia es nula. No hay nada que permita dar un estatus de realidad a deidad alguna por sobre las demás, pues en todos los casos lo único que hay para «sustentar» su existencia es imaginación. Nada más. La prueba de esto es que, si un creyente trata de decir algo de su dios sin usar la imaginación, simplemente no puede decir nada. Nada.

¿No me cree? Haga la prueba, trate de justificar su creencia en la deidad de su cultura sin utilizar la imaginación en ningún sentido, sino solamente la evidencia existente. Seguidamente haga una caracterización de esta deidad respondiendo: ¿quién es?, ¿cómo es?, ¿cómo se comporta? Si pudo hacerla sin utilizar la imaginación, felicitaciones, acaba usted de demostrar la existencia de algún dios, pero si no pudo: ¿cómo justifica su creencia?

Si se quita la imaginación, inmediatamente el espejismo de dios se disipa y desaparece por completo. Si las personas aprendiéramos a analizar críticamente nuestras creencias, posiblemente tendríamos que abandonar o al menos suspender muchas de ellas.

Es muy importante que las personas tengan libertad de creencia, pues sin ella no hay democracia posible y la convivencia pacífica se vería lesionada. Pero del mismo modo, es crucial que las personas desarrollemos capacidad de pensamiento crítico, ya que sin este la libertad de creencia se vuelve estéril, pues no estaremos en capacidad de evaluar la validez de nuestras creencias, desde las más íntimas y centrales en nuestra vida, hasta las más pasajeras y superficiales, de modo que estaríamos desarmados para diferenciar entre un argumento inteligente y una tontería.

El ejercicio de una ciudadanía consciente en el siglo XXI solo se verá beneficiada si la libertad de creencia se conecta con el pensamiento crítico, pues la población será menos fácil de engañar, de manipular y de desorientar, particularmente por quienes quieren instrumentalizarla para obedecer a sus intereses particulares.


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