Pablo Chaverri: Implicaciones sociales de la crisis educativa

Lo primero es tomar consciencia del tema crucial ante el que estamos, para construir desde ahí una cultura de excelencia educativa, donde la docencia tenga el lugar de alto reconocimiento social que requiere.

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Pablo Chaverri Chaves, Científico Cognitivo.

Según el informe del Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) de la UNESCO publicado recientemente, más del 60% de nuestros niños y niñas en América Latina y el Caribe no alcanzaba, antes de la pandemia, el nivel mínimo esperado de competencias básicas en lectura, matemáticas y ciencias al llegar al final de la educación primaria.

Veamos algunos ejemplos de qué significa esto. En el área de lectura, una mayoría de nuestros niños de sexto grado de primaria no es capaz de realizar inferencias a partir de ideas específicas o secundarias, ni integrando ideas implícitas presentes en diferentes partes del texto. Además, no logran establecer relaciones entre información verbal y visual, ni comparar dos textos atendiendo a su propósito y contenido, así como tampoco logran interpretar figuras literarias ni expresiones del lenguaje figurado. En el área de matemáticas, la mayoría de estudiantes del último año de primaria no es capaz de resolver problemas que requieren interpretar información en diversos formatos, incluyendo tablas y gráficos, tampoco recurrir a dos o más operaciones aritméticas, ni estimar áreas y perímetros, calcular adiciones y sustracciones de fracciones, ni identificar relaciones de perpendicularidad y paralelismo en un plano. En el área de ciencias, la mayoría de nuestros niños no es capaz de explicar fenómenos cotidianos aplicando conocimientos científicos básicos, discriminar las preguntas que son investigables científicamente o las hipótesis que orientan una investigación, tampoco evaluar la pertinencia de un diseño experimental ni concluir a partir de información presentada en gráficos.

Lo anterior quiere decir que, entre otras cosas, la mayoría de nuestros niños y niñas al término de la primaria tienen problemas serios para comprender un texto sencillo, presentan dificultades importantes para resolver problemas de razonamiento utilizando habilidades cuantitativas y tienen retos importantes para aplicar nociones científicas básicas en la explicación de fenómenos naturales. En otras palabras, una mayoría tiene problemas comunicativos, tanto para recibir como para producir información confiable, se le hace difícil analizar y resolver problemas que implican el uso de números, y aplica pobres conocimientos científicos elementales.

Estos débiles logros educativos al final de la primaria son consistentes con los resultados deficientes que se obtienen luego, cuando los muchachos tienen 15 años y aplican las pruebas PISA de la OCDE, donde la media de la región latinoamericana en las tres áreas mencionadas está por debajo del promedio de esta organización internacional de países desarrollados.

En este contexto, se puede inferir por qué muchas personas adultas en nuestra región pueden llegar a creer que la tierra es plana, que las vacunas son un veneno diseñado para reducir a la población o creer teorías de la conspiración sin ninguna evidencia de respaldo.

Esta fragilidad de nuestros sistemas educativos explica, en parte, por qué en nuestra región los políticos populistas, los líderes religiosos corruptos, los empresarios inescrupulosos, codiciosos y explotadores, y otros estafadores de toda clase, suelen lograr sus espurios objetivos y hacerse millonarios a costas de la mayoría de forma impune. Están lucrando con el analfabetismo y la ignorancia, porque allí donde no hay competencias mínimas en herramientas básicas de comprensión, análisis y resolución de problemas de lenguaje, matemáticas y ciencias, las personas se vuelven presa fácil de información falsa, engaños y manipulaciones diversas.

Por otro lado, el bajo logro educativo está asociado a un débil desarrollo socioeconómico, una baja empleabilidad y la reproducción intergeneracional de la pobreza, entre otras graves problemáticas. Además, es esperable que la demanda de habilidades y logros educativos se hará mayor en el futuro, en una sociedad global crecientemente dependiente del conocimiento.
Pero la educación de calidad no es solo para conseguir un buen empleo, sino también para ejercer una ciudadanía más consciente, crítica y activa. Mientras América Latina siga manteniendo la deficiente educación que tiene, sus posibilidades de progreso, emancipación y bienestar seguirán siendo restringidas.

No es posible lograr ni mantener democracias robustas y equitativas allí donde la mayoría de la población tiene un nivel educativo débil. Por ejemplo, el avance exitoso hacia sistemas de democracia más directos basados en referéndums, requiere que los decisores sean capaces, precisamente, de lo que la mayoría de nuestra población no logra: comprender información compleja y utilizar eficazmente conocimiento como base para resolver problemas, tomar decisiones y lograr objetivos.

¿Qué hacer? Creo que hay muchas acciones urgentes, pero utilizando evidencia investigativa reciente para priorizar, me parece que nuestros gobiernos deben enfocarse en el que parece ser el factor más importante de todos para lograr calidad educativa: tener docentes de alto desempeño en todos los niveles y materias, pues diversos estudios convergen en la misma conclusión: no es posible tener educación de calidad sin docentes de calidad, y allí donde hay un docente de calidad sus estudiantes logran un mayor nivel de aprendizaje que quienes no lo tienen.

¿Cómo lograrlo? Lo primero es tomar consciencia del tema crucial ante el que estamos, para construir desde ahí una cultura de excelencia educativa, donde la docencia tenga el lugar de alto reconocimiento social que requiere. Lo segundo es promover una reforma educativa que suba el estándar de admisión y formación inicial de docentes en las universidades. Lo tercero es mejorar los sistemas de selección y contratación de personal para que ninguna persona incompetente llegue ni se mantenga en las aulas. Y lo cuarto (y posiblemente lo más difícil), desarrollar sistemas válidos y confiables de evaluación del desempeño docente que estimulen a los de alto valor agregado, ayuden a mejorar a quienes muestran algunas dificultades normales, y reorienten a quienes deberían dedicarse a otra cosa.

¿Estaremos dispuestos a asumir el reto y el compromiso que se requiere para sacar a nuestro sistema educativo del atolladero? La importancia que se dé a esto en los procesos electorales que se avecinan en Costa Rica así como en varios países de la región servirá para darnos una idea al respecto.

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