Palabras Viajeras: Acercándonos a Gaia (Incluye podcast)

Debemos seguir buscando nuevas formas de asombro, nuevas especies de mamíferos, de los cientos de especies de aves y la inmensidad de tipos de árboles.

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Una vez más Las Palabras Viajeras deciden remontar vuelo, unidas sus voces en el afán de recordar lo que significa este pequeño planeta en el cual vivimos, y que agredimos sistemáticamente.

Es un gusto traer hasta La Revista CR estas voces que desde su intenso compromiso con la Madre Tierra han decidido usar la palabra para denunciar, decir, amar y reflexionar sobre nuestra relación con ella.

Una vez más agradecemos a la Revista CR sus puertas abiertas para la difusión del pensamiento y la sensibilidad poética de las mujeres poetas reunidas alrededor de Palabras Viajeras.

Arabella Salaverry
Escritora y actriz

Introducción

Mujeres poetas, unidas por “Palabras viajeras” que toman la palabra para convocar libélulas taciturnas que lo cantan todo, gracias a la dirección de la poeta Arabella Salaverry.

Tomar conciencia es la potestad de percibir: una grieta en un hongo, la bruma mañanera o la asonancia de los pinos y sus ramas. Amar la tierra es eso. Reencontrarnos, volver al estado natural de la Naturaleza, apreciarla, valorarla, cantarle, es nuestro modo de defenderla.

Retomar esa inmensa biodiversidad de nuestro entorno y combatir el analfabetismo biológico entre lo existente y el poeta. Debemos seguir buscando nuevas formas de asombro, nuevas especies de mamíferos, de los cientos de especies de aves y la inmensidad de tipos de árboles. Ya, de cantos a la rosa, estudiemos sobre la extinción, contaminación, deforestación, cambio climático y cantemos a lo que está desapareciendo, tal vez, nuestros poemas los salven.

Por eso, estas mujeres sensibles queremos ser parte de ese “nunca olvido” a lo que nos rodea y nos da tanto.

Luissiana Naranjo Abarca

 

 

Julieta Dobles Yzaguirre.

Poeta costarricense. Ha publicado 19 poemarios y un libro de autoayuda. Catedrática jubilada de la UCR. Bióloga y literata. Pertenece a la Academia Costarricense de la Lengua, al Taller Poiesis, a la Asociación Costarricense de Escritoras y a la Fundación Casa de Poesía. Ha publicado en numerosas revistas y antologías en lengua española. Distinciones: Premio Editorial CR(1976), Primer Accésit del Premio Adonais en Madrid (1981), 5 veces ganadora del Premio Nacional de Costa Rica, en poesía. En el año 2013 fue galardonada con el Premio Nacional de Cultura Magón.

Prodigio en la montaña

La montaña que amo desde mi casa
arde desde ayer.
En el verano brotan columnas de inquietud,
pequeños incendios provocados o no,
fogatas que el hombre estimula o apaga.

Pero dos días hace que el humo
se prolonga y se crece
en las faldas del Pico Blanco,
destructora garra de ceniza y viento
sobre el pasto reseco del verano.

Corroboro en el diario.
Y me angustio sobre ese incendio,
tan lejos y tan cerca.
Lenguas de fuego sostenido
sobre los árboles, inmóviles y estoicos.
Sobre las ardillas, que saltan y huyen
con su pavor entre las llamaradas,
los perezosos, que jamás se salvarán
desde su lento transcurrir,
los mapaches, las zarigüeyas,
que deben abandonar sus crías
para correr sobre su miedo límite
y los yigüirros, en plena temporada
de cortejo y anidación,
cuando callarán para siempre
entre su música y su lluvia.

Ya se inicia la tarde
y vislumbro, a lo lejos,
con un alivio vestido de alegría,
nubes que se arremolinan
desde su gris,
salvadora conspiración
de esa primera lluvia de abril,
tan bienvenida y tan exacta,
sobre la angustia mortal
de la montaña
y sus pliegues recónditos,
que una vez más renacerán
hacia el verde relevo de la vida.
(Del libro inédito El mundo en sus espejos)

 


Mía Gallegos.

Poeta costarricense, es periodista. Cuenta con una maestría en Estudios Latinoamericanos por La Universidad Nacional. Es profesora universitaria. Tallerista. Con una vasta obra de más de 8 libros, ha sido merecedora del premio Aquileo Echeverria en tres oportunidades. Su poesía figura en múltiples antologías costarricenses y latinoamericanas.

Recuerdo de un poema Nahua

Solo un poco aquí.
Solo un poco.
Vinimos por un instante,
solo por un instante.

Hay demasiada sangre derramada,
demasiada sangre.
Los poetas,
los niños,
los pájaros,
los guerreros blancos
no soportamos el olor de la sangre.

Solo por un rato.
Vinimos solo por un rato.

Madre tierra,
te están matando.

 


Arabella Salaverry.

Escritora y actriz. Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2016 rama cuento y 2019 rama poesía. Artes Dramáticas y Filología (México, Venezuela, Guatemala y Costa Rica). Publica en editoriales nacionales y en España: Rastro de sal y El sitio de Ariadna, novelas; Infidelicias e Impúdicas, cuentos; así como nueve poemarios. Presente en antologías, periódicos, revistas y blogs literarios en América, Europa y Asia. Escenarios diversos han albergado su voz en recitales personales. Traducida a múltiples idiomas. Ocupó la Presidencia y la Vicepresidencia de la ACE (Asociación Costarricense de Escritoras) y dirige el Grupo EL DUENDE. Ha creado el proyecto cultural PALABRAS VIAJERAS, con el cual edita la primera antología bilingüe con poesía de 50 mujeres poetas.

Cuándo

Cuándo el árbol perdió el agua
cuándo el árbol no bebió más
cuándo cayó el rayo

Y se secaron las hojas
hasta la última
y quedó un esqueleto de árbol

Cuándo el viento barrió pájaros y frutos
cuándo el árbol quedó desnudo
solo rama

Solo silueta calcinada
remedo de lo que fue
plantado sin luz ni aire
en medio de la nada

Cuando arribamos a una memoria de árbol
Y una ausencia
Entonces fuimos solo
Un dolor desgajado de la memoria del bosque

 

 


Olga Goldenberg Guevara

Licenciada en Pedagogía. Poesía publicada: ¨Itinerarios al margen” Primer lugar Concurso de Poesía 2013, EUCR; “Sombra que soy”, Editorial Germinal, 2016. Incluida en Antología Bilingüe de Mujeres Poetas Costarricense, participante en Palabras Viajeras. Afirma su feminismo desde una visión crítica de contextos socio-económicos crecientemente desiguales.

Requiem

Hace cuántos milenios esta especie
erecta, bípeda
que se proclama sapiens
te recorre Planeta

En una migración tras otra
desde el Sur desde el Este
a través de praderas
junglas
desiertos
montes
modifica y esparce
mitocondrias
acopia aromas
frutos
escapadas de garras y colmillos
rastreo de gacelas y bisontes

Husmea sin reserva
tus esteros
tus pájaros azules
y la plata brillante de tus noches

Desde cuándo en oleadas sucesivas
comparte grutas
territorios
intercambia colores
tejidos instrumentos
para inventar el mundo
dar nombre y apropiarse
del símbolo y la cosa.

Trayecto sin retorno
el viaje de la horda
al individuo.

Largo viaje

Y el punto de llegada
es este sarro
esta ira crispada
en paquetes globales
de objetos palabreados
tecnología
mercado
competencia
despojo de las llaves de la vida
las semillas
los cofres del origen
el múltiple latido de tus bosques
el tiempo de tu sangre
las metálicas bases de tu suelo

Todo al fondo sin fondo
de muy pocos

Y los demás así
sin lapas
sin almendros
sin líquidos reflejos
sin vos

Abierto
herido
ultraje
escarnecido hueco
donde fuera tu vientre
Madre Tierra.

 


Leda García Pérez

Costarricense y española. Escritora, abogada, comunicadora y actriz. Directora del Portal Literario HOJAS SIN TIEMPO. Creadora del SENDERO DE LOS POETAS en Isla Tortuga. Antologada en Europa, América Latina, México y Estados Unidos. Traducida al árabe, bengalí, francés, inglés, italiano y sueco. Cuenta con nueve libros publicados. Obtuvo el primer lugar en el XXIX Concurso Literario de Personas Adultas Mayores 2020 “Julieta Dobles Yzaguirre” organizado por la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO), así como el segundo lugar en el Certamen de Poesía Lisímaco Chavarría Palma 2007.

Tierra niña

Mis brazos juegan con la Tierra Niña
y corren con el sol a un mismo paso,
brazos y tierra forman una sola entraña.
Mil pies se aferran a la Madre Tierra,
no la dejan vomitar su carga de miseria.
El Gigante la aplasta,
la injusticia la absorbe,
¡Madre Tierra y Tierra Niña
son basura para el Hombre!
Moldea el campesino el cuerpo eterno
de la tierra negra,
le da a comer semillas y germinan frutos,
lo baña con sudor de pan, con manos blancas
y abre bocas verdes con cabellos largos.
Madre Tierra y Tierra Niña sobre dientes de esperanza.
Espaldas grises que trabajan gachas,
son arrastradas por espaldas anchas,
las golpean con mazos de ignorancia
y quiebran sus columnas con fantasmas.
Madre Tierra y Tierra Niña, son encías en desgracia.
Pico y pala se confunden con la Madre Tierra,
con la Tierra Niña
y eructan sangre fresca en las espaldas grises
y escupen sangre negra en las espaldas anchas.
Manos blancas arrancan pies y espaldas anchas
pero el Gigante azota con su mazo
y quiebra sus columnas con fantasmas.
(Del libro Conmigo al desnudo, 198)

 


María Pérez Yglesias

Madre, abuela, Doctora en Comunicación y catedrática universitaria, se interesa por la investigación, la crítica, la gestión cultural y la promoción de lectura. Forma parte de los talleres Poiesis y Noche de Letras. Tiene 16 libros de cuentos, poesía y literatura infantil publicados y participa de recitales y antologías diversas.

Curioso,
el mar fiordo
nos persigue tierra adentro.
Bifurca sus espumas,
sube contra corriente.
Fantasioso
remonta sus aguas
por cauces de ríos y riachuelos
y se lanza,
suicida,
como una cascada de fulgores.

Nos admira
protegiendo humedales
matizados de flores amarillas,
del blanco rosado de las garzas,
de punzantes pinzas de cangrejo,
de ojos de lagarto
al filo de las aguas
infectadas de insectos.

Angustiadas,
las aguas revueltas
no pueden reconocernos.
En tierra les molesta
la indiferencia,
el desgano,
la tala,
la basura indestructible,
los ríos fétidos,
los peces envenenados,
los canales turbios.
.
Al mar le enojan
los ríos sedientos
de árboles en sus riberas,
de aguas cristalinas,
y de peces que naden
contra corriente
para cumplir
su sino.

Violento,
el mar castiga playas sucias,
se desborda,
inunda caseríos,
ciudades atrevidas,
invulnerables moles de cemento
con malecones
que consuelan
turistas solitarios.

Mar díscolo,
vibra con la travesura
de esteros y lagunas
que rompen sus bordes,
que abren brecha,
que se aventuran
desafiantes y provocadores,
fuera de sus límites estrechos.
Un camino de sal
irrumpe y se deshace,
momentáneo.
(De: Bailamos con el mar. EUCR, 2018)

 

 


Guadalupe Urbina.

Es conocida por su trabajo como cantante compositora, como investigadora de la tradición oral de su región pero ha incursionado en la pintura, los cuentos infantiles y la poesía como una extensión más de su musicalidad. Se han editado tres obras suyas; Benito, Pánfila y el Perro Garrobero, Editorial Cosmovisiones Costa Rica 2002. Al Menudeo, Editorial Horas y Horas, Madrid 2003 y Palabras de Larga Noche, Uruk Editores (poemario), Costa Rica 2014.

POEMA II
De la tierra

El agua de la montaña tiene un ritmo suave al amanecer,
Sin embargo no puede ocultar la noche que le ha cantado
Melodías extrañas colgada de la punta de las ramas,
y el chirrido de los goznes de las epífitas que lentamente bracean.

En las sombras siempreternas
Van pasando legajos de melodías de tallos dulces, crujientes,
Notitas verdes consternadas ante las mandíbulas duras
del escarabajo tornasolado que las hacen sonar a tempo
de amor esférico, transparente,
Que diseña diluvios, tormentas de mar en medio desierto verde.

Yo fui una vez su barro, su vegetación putrefacta
Que fermenta hongos y suelta poemas de amor al viento,
El viento que de tanto amar es torbellino aguerrido,
Remolino de polen que gira sobre sí mismo abrazando campos,
Copas de los árboles, juego de barajas apasionado,
Una flor aquí un liquen allá, un ojo aquí, una mano allá
Y el amor se hizo, se hace, el barro se pudre,
La orquídea se cuelga, el verde se degrada
En miles de árboles y hierbas que atónitas
Se quedan absortas, mirando el verde lugar de su mirada.

 


Nidia Marina González.

Docente en la Universidad de Costa Rica, en Artes visuales. Ha publicado los siguientes libros: «Cuando nace el Grito» 1985, “Brújula extendida“ (EUNED, 2013), “Seres apócrifos” (Uruk Editores 2015), “Objetos perdidos” (EUNED 2015), “Bitácora de escritorio y otros viajes” (EUCR 2016), “La estática del fuego” (EUNED 2019) y en narrativa “Àrbol de papel” Editorial Poiesis 2020.

Profecía

Lloverá tanto
que una branquia se dibuje en el sexto chacra
y despertemos casi respirando
abriendo los ojos sin filtros ni cegueras.
Llegará despacio
o tal vez súbitamente
la Pacha Mama con sus flores,
y seremos otros seres
en el musgo
en la oscura levedad que nos permea,
ojos
lengua
y sitios ancestrales.
Nuevos índices de esperma
nuevas listas de espera
ojos terceros
en los dedos
para acompañar a la herida
y que no se repita.
En ningún precipicio
la demencia,
juntar al fin las migas
y que se borren los regresos.

(Del libro objetos perdidos)

 


Paola Valverde Alier

Poeta y gestora cultural. Por 4 años dictó el taller literario del centro penal C.A.I. La Reforma (2002-2006).Ha publicado 7 poemarios: Quinta esquina del cuadrilátero. Bartender (finalista en el premio Jaime Gil de Biedma y obtuvo la Mención de Honor en el Premio Nacional de Poesía Aquileo J. Echeverría de Costa Rica). Las Direcciones Estelares. Nocaut. De qué color es el verde. Entrenador de Palomas (finalista en el Premio Jaime Gil de Biedma). Cuando florecen los cactus (Amargord, España).

Ícaro

I

Ahí
donde existió la montaña sagrada
brotaba un bálsamo
que ofrecía salvación

Tomamos su liana
para dar el salto
al bosque de los insectos

y soldaditos de madera

donde los relojeros
trabajan arduamente
para reparar las antenas
y las patas quebradas de los grillos

La noche es un mandala
teñido por las plumas
de un pavo real

Una flor la atraviesa
en esta cordillera de luz

II

El bosque aúlla

Vuelco los ojos
me lanzo desde la lágrima
infinita
que soy

Es el momento de volar

las flautas
caen del cielo
nos elevan al anillo
de la mariposa púrpura

Ahora
retumban
los tambores de la muerte

Somos el purgatorio
la caja de música
los sonidos
y las tuercas

Merecemos la salvación
presos
prostitutas
poetas
sobre todo los poetas

Fuimos ese bosque
la úlcera encarnada de América Latina
donde es necesario ser viento
tornasol radiante
como este sueño

 


Marianella Sáenz Mora.

Graduada de la carrera de Turismo, con formación complementaria en las áreas de Diseño gráfico, Mercadeo, Ventas, Servicio al cliente y Community Management. Formó parte del Círculo de Poetas Costarricenses y del Grupo Literario Poiesis. Tiene 3 poemarios publicados. Obtuvo el 2° lugar del Certamen Literario Brunca y el Primer Lugar (cuento) en el XVII Certamen Literario Gonzalo Rojas Pizarro, Chile

Hijos de la Tierra

Somos el agua
que al final de la cascada,
se convierte en arcoíris,
corriendo insubordinados,
tierra adentro
libres y salvajes
salpicados de inquietudes
y del susurro del árbol
desprovisto de la codicia del silencio.

Somos la quietud ondulante
y transparente
interrumpida solo
por el manatí sinuoso de la dicha.

Somos los que contemplan
la sincronía majestuosa
con que la libélula va hasta el río
y bebe golpeando el agua
observada por los ojos de mil aves
que cantan mimetizadas
con la caricia siempre verde del follaje
y su esperanza.

Somos
la cautela manchada
que camina agazapada entre las sombras,
somos la huella impresa en la arena
custodia el agua
que camina rodeado de piedras-abuelas
y sus pieles escarificadas de petroglifo.

Somos testigos del zumbido de la abeja,
convocatoria del misterio y la fragilidad
que sostienen el equilibrio de la vida.

Germinamos sueños
en los poros de la brisa,
seguimos el camino del sol y de la luna
hacemos cantar la flauta, el teponaztle y el yembé
coloreamos de entusiasmo el colibrí
y su algarabía de amapola
moldeamos la arcilla
acariciándola con el tacto humedecido
teñida por el color
del alma de las caracolas.

Somos las cuerdas que vibran
con la luz,
las hojas que se columpian en el viento,
epífitas del universo capturando la vida
somos el misterio y las constelaciones
antepasados de maíz rojo
los que enmudecen
al escuchar la voz furiosa del trueno
y aspiran fragante,
el olor de la primera lluvia
¡somos los rebeldes y caprichosos hijos de la Tierra!

 

 


Ani Brenes

Escritora alajuelense de cuentos, poesías y canciones para niños de todas las edades. Con más de 30 obras publicadas, recibió el Premio Carmen Lyra de la Editorial Costa Rica en 1997. Sus trabajos se encuentran en diversas antologías, en poesía y narrativa. Comparte la palabra en charlas, cuentacuentos y talleres para niños, estudiantes y docentes, dentro y fuera del país.

Dolor

¡Cómo le duele a la Tierra
que sus hijos no la quieran!

Sus ojos otrora claros
con los colores del cielo,
se han tornado en dos espacios
vacíos que causan miedo.

Su boca de fruta fresca
siempre repartiendo besos,
es apenas una mueca
de dolor y desconsuelo.

Aquellas manos tan suaves
con caricias de aguacero,
se escondieron temerosas
convertidas en recuerdo.

Y aquel canto de yigüirros
que arrullaba los inviernos,
hoy es solo un eco alado
que se perdió en el silencio.

¡Cómo le duele a la Tierra
que sus hijos no la quieran!
¿Qué pasará con los hijos
cuando la Madre se muera?

 


Goldy Ann Levy

Periodista, productora audiovisual y poeta. Magíster de la Universidad de los Andes. Goldy reside en Bogotá, donde trabaja como productora de contenido audiovisual en el medio independiente Cerosetenta, y es moderadora del podcast original Seis Grados. Sus poemas han sido publicados en la Antología Bilingüe Palabras Viajeras, y su trabajo periodístico en medios digitales como La República, Cerosetenta y Haaretz. Goldy es también la editora del podcast de Palabras Viajeras.

Mujer salvaje

Siempre hay una segunda parte.
Todo renace.

No hay espacio vacío en este mundo,
solo pausas fértiles.

Aunque te vea desde mi ventana, tierra
con la ciudad desplegada en tus muslos,
agachada entre tanto humo

aunque encuentre mi reflejo
en cada pared desnuda
y me crea sola

o que en cada mancha de café
se añeje mi sueño desprendido,
no hay piel ni cemento que nos separe.

aunque te vea desde mi ventana, tierra,
y no seas barro entre mis pies,
no te olvido.
Soy otra pausa en tu vacío.

Y a ti regresaré, tierra,
cuando nunca más olvide que soy toda jungla
y en mí habita todo lo que ruge.

 


Marlene Retana Guido

Estudió Filología Española en la Universidad de Costa Rica, sede en San Pedro Montes de Oca. Ejerció la docencia en educación secundaria y actualmente está jubilada. Tiene tres publicaciones: Estalactitas del tiempo (2016), Poemas que van al mar (2019) y Las transgresiones de la loba (2020). Asiste al taller literario del Grupo Literario Poiesis desde hace 8 años.

Tierra
I
Quiero escribirte sin proclamarte madre,
diosa, vientre.

Escribirte solo para convocar el amor,
el pan, el fruto y tus bondades.

Clausuro el vacío que te habita dentro
y lo que lo ha llenado.

Imagino desalojar de tus entrañas la muerte, los cadáveres,
las coronas, el oro, las momias.

Inicio con mis labios
tu extenso recorrido,
la línea desde el punto
que revela mi existencia
y todos los puntos a mi paso.

Navego en la otredad
de mis sueños
en lo que está sobre ti y más allá:
el milagro abierto de tu espalda,
el amor deslizándose a torrentes,
penetrando los intersticios de tus rocas.

II
Beso la mansa cresta de tu animal,
las patas con que te posas
en el arsenal de la vida,
en el globo que eres y te sostiene
y giras como trompo en el universo,
bestia dulce de todas las Eras,
galáctica en el mapa celeste
de las aguas, no resistas
el dolor que te infringen.

III

No resistas esa herramienta
que cava profundo en ti
para enterrar secretos diabólicos:
las bodegas bélicas para arrasar la vida,
los búnker para preservar inútiles,
los ensayos nucleares
que se comerán tus paisajes.
¡No resistas!, porque vendrán por más.

 


Lucía Alfaro.

Poeta y gestora sociocultural, graduada en Dirección de Empresas con énfasis en Mercadeo y Bachiller en Filología Española por la Universidad de Costa Rica, con estudios de Maestría en Literatura Latinoamérica. Es presidente de la Fundación Jorge Debravo, Editora de Poiesis Editores Ha publicado 7 poemarios, está incluida en varias antologías. Su poesía ha sido traducida al inglés y al portugués.

Ritual

Pido permiso para abrazarte, Gaia,
aquí dentro del círculo
que me traza los ojos y me vence,
para palpar el exilio salvaje de la selva,
el leve movimiento del incienso
que se eleva contigo
y te besa las manos, los pies,
la cabellera de agua
que ondea sobre las rocas primigenias.

Pido permiso para mirarte,
diosa cabizbaja,
viento de las cuatro estaciones,
de todos los caminos.
¿Quién podrá darte la espalda
y continuar viviendo?

Abuela de los cuatro colores
y de todos los puntos cardinales,
útero ecuatorial que multiplica el mundo
y me fragmenta en manglares,
en pueblos, en palabras.
Hemisferio de trigo y de maíz
me completas en la gota de sangre,
en la semilla.

Nazco y renazco en tu río,
en tu vientre inmortal y verdadero.
Constante evolución
has sitiado mis guerras, mi locura,
las infinitas caídas de la lágrima
y su danza,
las corcheas del miedo,
las amapolas siempre predispuestas
al colibrí y su abstracción de ángel.

Pido permiso para tocar tu pecho,
tus heridas
tu corteza de musgo y de marea,
para lavar la sangre reseca de tus grutas,
de tus aguas profundas, y de tu frente.

Pido permiso para besarte, Madre,
desde el primero hasta el último aliento.

¿Quién se atreve a desmembrar tu pulso,
tu linaje sagrado,
tu huella de albatros salpicando el océano,
y no morir?

 


Luissiana Naranjo Abarca

Poeta, promotora cultural, editora y crítica. Dedicada a los talleres para niños de alto riesgo social, mujeres en prisión, mujeres y familiares con cáncer, mujeres indigentes, entre otros. Tengo 6 libros poesía, uno de relatos y crónicas, 1 de investigación sobre poetas olvidados y varias ediciones con temas diversos, incluyendo el medio ambiente.

Estación San Gerardo

(Primer Encuentro Poético ambiental, Monteverde; enero 2002)

Fuimos bosque,
sedimento del verbo,
ocurrente afonía,
y verde agua en el poema.
Voces taciturnas que despiertan miedos
para ocultar y disimular esta luminaria máscara mortal.
Madrugada del susurro
y de todas esas aves que persistimos en oír,
porque quizás sean la última vez.

Y tomamos la hoja y sus raíces,
como si vaciáramos en el olvido,
como si los corazones fueran tallos sembrados en la tierra,
por eso somos… una red de latidos en el aire.
Y es que el aire es tan dichoso cuando aspiramos su poesía,
todos esos biomas que existen en la piel de los hombres,
esos microclimas del alma no memos inestables y terrestres.

Todo es una sucesión natural,
dinámica y desdibujada como ramas y abrazos,
como una especie de equilibrio habitual entre la brisa poética y el vuelo de una mariposa.

Es cierto somos… un tejido en la planta, en el suelo, en l labio, en el animal, en el río,
en la humedad de todas esas palabras que nunca nos atrevemos a decir.
Conocemos esos senderos llenos de vértigo
que nos llevan al asombro de lo que ya no somos:
el liquen que espera lleno de vértigo
ese primitivo tronco listo a abrazar,
un helecho soportando la humedad de su latido
o esa orquídea en su plenitud salvaje de atreverse –donde sea-
a sentirse bella o simplemente conformarse con vivir.
Escucho:
Al eco………………………………. verde sonido que respira,
A la humanidad………………. corazón que decide y ama.
¿A dónde estás ecohumanidad?
¿Será en esta simbiosis de lo real y de cómo nacen los poemas,
o en toda esta cadena de energías que fluyen,
de relaciones entre la vida y la muerte
o de los rencores del aire con los ímpetus del fuego?

No podemos huir de este mutualismo entre la nudosidad del árbol y nuestros dedos,
somos sobrevivientes… raíces forjadoras entre unos y otros.
no podemos huir de este comensalismo entre el poeta y el bosque,
habitamos en los sueños del ciprés, de las nubes que miramos, y los hongos noctámbulos de luces.

Fuimos, somos, un ciclo con la deidad del sol a nuestros pies,
una precipitación con la luna derretida en nuestra boca,
y el poema verde, éste donde caminamos y traspiramos,
aquel que existe entre la savia vulnerable
y lo humano de nuestras palabras.

(De: Tertulia en el bosque. Centro Panamericano de Idiomas, 2002)

 

Sobre la artista plástica

Mi nombre es Melissa Chacón, he descubierto el mundo de la acuarela creyendo buscar una salida del encierro de la pandemia pero en realidad esa fue la excusa para cumplir un sueño guardado de hace 20 años. Mi inspiración es la naturaleza, creo que es el lugar donde siento más conexión con lo sagrado y desde ahí elevar un llamado a protegerla como el santuario divino que es.

 

 

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