Paola González Vargas: Autofagia cultural

En el centro de este fenómeno socio político, podemos comenzar a ver asomos de una transformación cultural, que además de ir avanzando rápidamente, es en si misma contradictoria, pero legítimamente plagada de descontento social y que evidencia una educación que privilegia los valores de mercado frente al desarrollo humano y por ende, de una línea de gobierno que puede ser cualquier cosa, menos democrática.

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Paola González VargasEscuela de Artes Escénicas

A partir del recorte desmesurado y de proporciones nunca antes vista en el presupuesto del Ministerio de Cultura, estamos asistiendo a uno de los debates mas importantes en término de la institucionalidad costarricense en los últimos 20 años.

El Ministerio de Cultura ostenta el poder de ser el ente rector, gestor, productor y quién valida la mayoría de producción artística, cuyos réditos se traducen en lo que se puede denominar como capital cultural en este contexto capitalista y neoliberal al que nos inscribimos en nuestra época.

Como si fuera poco, la agitación social del último mes en el país nos plantea una realidad que hemos tratado de suspender, evadir, o sencillamente invisibilisar desde hace un lustro relacionada con la crisis política de y gobernabilidad de este país, alimentada por la irresponsabilidad de los medios de comunicación más grandes que han convertido la política en una empresa más.

En el centro de este fenómeno socio político, podemos comenzar a ver asomos de una transformación cultural, que además de ir avanzando rápidamente, es en si misma contradictoria, pero legítimamente plagada de descontento social y que evidencia una educación que privilegia los valores de mercado frente al desarrollo humano y por ende, de una línea de gobierno que puede ser cualquier cosa, menos democrática.

Desde este difícil panorama, el sector cultura (que básicamente se conforma de artistas, personas artesanas, personas que se dedican a la gestión cultura y a la producción, con una pequeña escisión del algunas personas cuyo sustento es el entretenimiento) ha sufrido un golpe muy duro, con relación a la crisis económica producto de la ahora sindemia de COVID19, pero que se viene arrastrando desde hace mucho tiempo, precisamente por la autofagia que se promueven desde nuestras propias instituciones.

Autofagia como concepto encierra esa metáfora de la célula que se come a sí misma. Esto puede tener algunos beneficios, pero también causar distintas enfermedades y quizá en este momento, estemos presenciando este fenómeno en nuestro Ministerio de Cultura.

Pero, como si esto no fuera suficiente, en la Asamblea Legislativa tenemos tal nivel de contradicción, que entre quienes consideran la inversión en cultura como algo superfluo y quienes defienden la función social de esta inversión, hay un universo de distancia ideológica que refleja el nivel de división que existe en el país, generando además todo un contexto de oposición y aplauso ante los distintos sectores de la opinión pública que solo fracturan más el sentido de existencia de una institución rectora en materia cultural.

¿Por qué es esto problemático en este punto?

En primer lugar el Ministerio de Cultura es una institución que se fagocita a si misma, porque como gestiona y produce los productos artísticos y culturales que promueve, también es quién los consume, así quién se ubica en torno a los beneficios de este ministerio también es el destinatario final de sus propias iniciativas, generando una cadena alimenticia que se perpetúa como vallecentralina, educada en universidad pública y que de alguna manera se encierra en sí excluyendo al resto de la población, quién además, por falta de cercanía, sensibilización e interés no entiende y por tanto, no considera importante la función de esta misma institución.

Esta situación considero que es la mayor de las provocaciones para que como ciudadanía reflexionemos sobre la crisis de la institucionalidad y finalmente qué es lo que estamos defendiendo, tanto a lo interno del denominado sector cultura, como fuera de este.

Podríamos decir que es una injusticia no visibilizar los programas que se extienden más allá de la Gran Area Metropolitana y los esfuerzos por la inclusión que se han realizado en los últimos años desde algunos programas del ministerio, pero analizando estas iniciativas de cerca, fácilmente se puede asegurar que son excepciones posibles gracias al trabajo concreto de algunas personas que están haciendo lo imposible con lo poco que se tiene en las instituciones adscritas al Ministerio de Cultura.

La falta de oportunidades laborales para las personas egresadas es una constante crítica hacia las universidades públicas, específicamente de las carreras de arte y las recientes propuestas en gestión cultural, pero esto es un tema que además le pone sal en la llaga a la situación crítica de la autofagia de nuestras propias instituciones. En tanto no volvamos la mirada hacia afuera de las mismas universidades, del propio valle central, la validación de lo otro que implica la ruralidad no tendrá un sitio de enunciación, ni siquiera desde el Educación Superior Universitaria, que co existe con el aparato ministerial siendo deseable esta relación de simbiosis.

De repente desde adentro de las universidades y del mismo Ministerio, se está perpetuando este modelo porque no existe una interacción con la totalidad, sino que cada una se mantiene funcionado de manera fragmentada interactuando consigo mismas, como en un gran soliloquio sin espectadores y precisamente esa ruptura y por ende el respectivo cambio de paradigma, es lo que necesitamos en un contexto en el que día con día el mundo avanza de manera dispareja de la mano de la tecnología y la falsa idea de lo globalizado, dando como resultado exclusión y brechas educativas, sociales y culturales complejas.

¿Qué es lo que el sector cultura quiere defender?

Defender la institución sin cuestionar el hacer es perpetuar una visión patriarcal y proteccionista del patronato estatal de las instituciones hacia el ejercicio de las actividades que definen nuestra cultura, porque con o sin ministerio la cultura se desarrolla como una planta que rompe el pavimento. La cultura es inherente a nuestra humanidad, no la define una institución ni un presupuesto, pero estas instituciones y estos presupuestos si tienen mucho que ver en cómo se construye o se desarrolla una identidad.

No es lo mismo no tener acceso a la educación artística que si tenerlo, no es lo mismo tener acceso a cierto tipo de productos culturales que a otros, porque esto es lo que define la capacidad crítica, la reflexión y el potencial transformador de estos lenguajes en la cultura, y de esto si que dependen los presupuestos y las instituciones.

Por otro lado, (reivindicando la contradicción de mi propio enunciado, pues me siento parte del sector cultura) el recorte en cultura nos quita los sueños, los deseos, la potencia de la sensación y la emoción, la esperanza, que emana del arte, porque quienes trabajamos en esto podemos asegurar ese potencial transformador que nos define culturalmente como sociedad o por lo menos quisiéramos aspirar a ello como país, aunque no todas las personas pensemos así.

Frente a este escenario tan pesimista, es fundamental plantear una crítica radical a la institucionalidad, a la gobernanza pero sobre todo al modelo democrático actual como forma de organización del Estado, porque es claro que esta crisis no es solo económica, es una crisis moral que socava profundamente nuestro espíritu, cuyas consecuencias van a definir el futuro de varias generaciones.

La Asamblea Legislativa de la República no representa los intereses del sector cultura, pero sobre todo no representa las necesidades de la Nación, no representa los indices de desarrollo humano que en el pasado fueron la flor en el ojal del Gobierno Central y el orgullo mitificado en lo más profundo de la identidad costarricense, no representa a la niñez y la adolescencia a quién se le está construyendo el futuro ahora, ni tampoco a las mujeres adultas de las zonas rurales, ni a la población LGTBIQ, ni a las personas con discapacidad, ni a las personas adultas mayores, no representa a nadie más que a sí misma y por eso es que se replica en diferente escala ese modelo de la célula que se come a sí misma en cada una de las instituciones.


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