María E. Guardia Yglesias.

Margarita Bertheau, Dinorah Bolandi, Cristina Fournier y José Sancho, son algunos de los artistas que – al enamorarse del paisaje y de los habitantes de los pueblos de la zona de Escazú, Santa Ana, Villa Colón y Puriscal- tomaron sus bártulos, allá se fueron a instalar y lo convirtieron en su hogar. Para otros, como Quico Quirós, Chepito Ureña, Fausto Pacheco, Francisco Amighetti, Luis Daell y muchos más, era y es actualmente, una zona en la que se disfruta pintar.

Profesores de la Escuela de Bellas Artes en un paseo en Villa Eileen en Escazú

Estos artistas andariegos buscan su inspiración en las zonas aledañas a San José. Parte de estas zonas estaban divididas en pequeñas fincas y predios agrícolas que se dedicaban al cultivo de hortalizas, el café y maíz. Su paisaje estaba marcado por casas sencillas distanciadas unas de otras y generalmente rodeadas de cultivos y carretas que eran el medio de transporte de los mismos. Al crecer la población y expandirse la ciudad, los procesos de urbanización también afectaron estas regiones y se ha generado un cambio en el componente social y arquitectónico que modificó su paisaje. Sin embargo, algunos de estos parajes siguen siendo fuente de inspiración para muchos artistas y refugio habitacional para otros.

Francisco Amighetti. Flora pintando en Escazú

La pasión por el tema del paisaje ha sido una de las constantes de los pintores costarricenses del siglo XX. Alrededor de 1924, un grupo de jóvenes intelectuales y artistas se reúnen y forman el Círculo de Amigos del Arte. Esta generación desea encontrar lo que consideran una verdadera identidad nacional, por lo que el paisaje, los pueblos, las gentes y sus costumbres, se convierten, al igual que en la literatura, en los temas preferidos de los artistas nacionales.

Teodorico Quirós. Villa Sorelois, casa del General Volio en Santa Ana

Se dice que Ezequiel Jiménez, en los años treinta, fue quien impulsó a algunos jóvenes pintores en la búsqueda de la temática del paisaje y que se reunía con Fausto Pacheco y Teodorico Quirós, entre otros, para desplazarse a pintar en pueblos como Escazú u otros en el Valle Central. Es precisamente Quico Quirós de espíritu dinámico, y organizado, quien encabeza el movimiento de la Generación de los Años Treinta o lo que algunos llaman la Generación Nacionalista o de La Nueva Sensibilidad.

Margarita Bertheau. Hacia la Procesión.

En la década de los cuarenta, regresa al país la pintora Margarita Bertheau y da la casualidad de que este hecho coincide con los cambios curriculares que Teodorico Quirós, como director, efectuó en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica. La pintora fue nombrada profesora de acuarela junto a Fausto Pacheco y se crea, por decirlo de algún modo, una escuela de acuarelistas con características propias, en la que uno de los postulados consiste en mantener contacto directo con la naturaleza. Margarita llevaba semana a semana a sus estudiantes a pintar esos pueblos, sus montañas y además el interior de sus casas. Los noveles artistas, acostumbrados a pintar los contrastes de luz y sombra del exterior, al ingresar a las viviendas se encontraban con un escenario distinto, primero la calidez de sus moradores y después que las paredes encaladas tenían suaves contrastes lumínicos y había que abordar la pintura de manera diferente.

Nos narraba Cristina Fournier, quien fue alumna de Quico y Margarita Bertheau, que en sus clases, pintando al aire libre, aprendieron a amar los rincones campestres de toda la meseta central. Siendo un grupo pequeño, un día pintaban en Villa Colón, otro día en Santa Ana, otro día junto al Virilla o si no, las casas Escasuceñas.

Cristina Fournier. Sinfonía en Rojo

También comentaba Fournier que los ticos estábamos arraigados a la tierra y que, aún la casa más humilde, tenía flores a la entrada y en la parte de atrás un árbol de limón, naranja y una chayotera. En la tipología de las casas seleccionadas como tema pictórico, los artistas destacan aposentos de paredes anchas, con cocinas de leña, sillas sencillas, tinajas y plantas. Podemos sentir en esas pinturas la añoranza por una arquitectura y una forma de vida rural que está en vías de desaparecer.

Los pintores andariegos, esos que andan en la búsqueda del paisaje, realizan sus obras en variadas técnicas, pero mayormente a la acuarela. Pareciera, que la atracción que ha ejercido esta técnica en ellos, se debe, por una parte, a la estabilidad y permanencia de la misma, y por otra, a que es un medio idóneo para crear con rapidez y soltura. Ese puede ser uno de los motivos por los que, en Costa Rica, la acuarela es una técnica que goza de muchos adeptos.

Cuando el artista se enfrenta al paisaje o al motivo, se encuentra con un fenómeno de características específicas que, dependiendo de su sensibilidad individual, su destreza y la técnica a emplear, va a dar a luz una obra de características propias. Cada uno aborda de manera muy diversa el tema y la técnica. Por ejemplo, algunos manchan de una vez y forman planos sin dibujar. Otros al contrario como Dinorah Bolandi, conceptualizaba el paisaje costarricense de una manera diferente, ya que utilizaba una composición a base de una estructura en la que se abstraen las formas y en donde sobresalen varios planos de color sobrio y contrastes de claroscuro.

El pintor Luis Daell decía que él acompañaba a Quico a Escazú o a otros lugares y cuando llegaban, Quico tiraba “la telilla” sobre dos piedras y empezaba a pintar generalmente de pie. -“Quico era muy buen pintor pero era descuidado desde el punto de vista técnico, pintaba con gasolina blanca o aguarrás, no usaba aceite de linaza; en ese sentido Fausto era diferente, ya que era cuidadoso con su técnica.” (Daell, 1996). Precisamente Dinorah Bolandi, quien fue su alumna, narraba lo cuidadoso que era Fausto técnicamente y de cómo su método de enseñanza se basaba en hacerle demostraciones prácticas de cómo emplearla. Ella conservó por mucho tiempo retratos de personajes que él hacía in situ para demostrarle cómo se abordaba ese tema pictórico, cuando alumna y profesor merodeaban por Escazú.

Con respecto a la forma de pintar -nos decía Daell- que Teodorico hacía el manchado con color naranja y lograba el efecto de la luz del sol, dejando una línea de este primer delineado y en cambio Fausto Pacheco, aunque se inspiró en este sentido en su amigo, delineaba el paisaje con rojo indio o grimson. Algunos de ellos, como Quico, Fausto y Bertheau, delinean los contornos para crear el efecto de la luz del sol tropical, Dinorah en cambio tiende a esfumarlos. Otros, como Amighetti, tratan el color como un elemento expresivo y no como mecanismo para recrear la realidad.

Abrimos hoy un espacio, una ventana para que, en reportajes siguientes, podamos dar un vistazo a los artistas visuales que han ido en búsqueda de un tema de su agrado para plasmarlo en el lienzo y así, embarcarnos, junto a ellos, en la misma aventura: capturar el alma nacional, encontrar la luz y a través de ella, descubrir el verdadero sentido del paisaje de nuestra tierra tropical y, patacaleando y pintando, recorrer junto a ellos este territorio en el que se han inspirado.

María E. Guardia Yglesias
Académica, Curadora e investigadora del arte costarricense
maria.guardia@ucr.ac.cr

 

4 comentarios en «Patacaleando y pintando por Pacaca y más allá: Amiguetti, Dinorah, Cristina, Quico, Fausto, Daell, Bertheau, Chepito»
  1. Excelente artículo MA Enriqueta, una pincelada para recordar a nuestros grandes maestros de la pintura.

  2. Que belleza de artículo sobre nuestros pintores que disfrutaron tanto de nuestros paisajes y costumbres de antaño.

  3. Maravilloso artículo. Me hubieran gustado más fotos de cuadros. Yo soy sobrina de Luis Daell por si algún día necesitan.
    Mi familia vecina toda la vida de Margarita Bertheau y junto a sus nietos tuvimos la suerte de verlos pintar y pintarnos en su casa en Escazû

Los comentarios están cerrados.