Patricia Rodríguez Hölkemeyer: Brainless Democracy

Edición en inglés en Kindle del Libro Decadencia y Futuro de la Democracia Occidental publicado por Tyrant lo Blanch en México, 2019

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Patricia Rodríguez Holkemeyer, Politóloga, docente, investigadora y ex Diplomática.

«Decadencia y futuro de la democracia occidental», es el libro recientemente publicado al cual haremos referencia en esta nota y cuyo resumen versa:

Cada vez es más evidente que la democracia occidental liberal multipartidista atraviesa una profunda crisis, reconocida hasta por uno de sus más fuertes defensores, Francis Fukuyama

Las constantes presiones contradictorias de que son objeto los gobiernos de parte de grupos económicos y políticos trasnacionales que se sirven de activistas que, bajo la influencia de la filosofía posmodernista han venido propiciando la compartimentalización de las personas y la fragmentación de las sociedades, han venido generando en Occidente, en vez de una mayor efectividad para la participación democrática ciudadana en la toma de decisiones, una antidemocrática y comprometida verticalidad. El presente libro, dedicado a la Mayoría Silenciosa, realiza un diagnóstico de la democracia liberal occidental actual con la esperanza identificar sus desaciertos y, al mismo tiempo, promover la ordenada y efectiva participación de la ciudadanía en los asuntos que le conciernen.

Este no es un nuevo libro de teoría administrativa sino una reflexión sobre los fundamentos, origen y decadencia de la democracia occidental actual, al haber tenido la autora la oportunidad de observarla desde otra cultura.  El libro procura ofrecer una nueva narrativa acerca de la democracia, no mediante la formulación de una nueva utopía, sino con base en la comparación del frágil estado presente de las democracias occidentales, con los logros alcanzados, hasta el momento, por un país en el que el confucianismo sigue siendo relevante para el quehacer político.

Este libro ha sido posible gracias a la oportunidad de la autora de haber vivido en China, primeramente, con el cargo de ministra consejera de la Embajada de Costa Rica, y luego como pasante en el Instituto de Ciencia Política de la Academia China de Ciencias Sociales y Embajadora de Costa Rica en ese país, aunado a la realización de cuatro viajes de investigación a China gracias al apoyo de la Universidad de Costa Rica.  La autora también realizó en el 2015 una visita a Singapur con la finalidad de entrevistar a reconocidos expertos en los experimentos de democracia deliberativa en China.  Igualmente, participó en varios congresos internacionales sobre China, en Beijing, Shanghái y México.

El trabajo enfatiza en los problemas de legitimidad y eficiencia administrativa que aquejan a la democracia liberal y explica cómo, a pesar de ser ese país regido por un sistema que a los ojos de Occidente es ilegítimo, se han venido creando numerosas instancias de democracia consultiva y deliberativa con resultados sumamente satisfactorios en términos de gobernabilidad y legitimación. La intención es explicar el importante rol en la vida política de China, de su milenaria cultura así como de su aprendizaje del pragmatismo occidental.

Sin embargo, se debe aclarar que este trabajo no busca promover el sistema político chino en Occidente, lo cual, por razones históricas, ideológicas y culturales, no es posible ni recomendable.  No obstante, la comprensión del contexto cultural en que se han venido realizando recientes experimentos en China en el tema de democracia deliberativa en aldeas, distritos y ciudades pequeñas bajo la coordinación de las legislaturas locales constituye un importante insumo para comprender las razones por las cuales la democracia occidental ha venido desilusionando a sus ciudadanos.

La autora agradece profundamente a la investigadora del mencionado Instituto de Ciencias Políticas de la CASS, Yucheng Fu, PhD de la London School of Economics, durante mi visita al Instituto, así como la realización en su totalidad del capítulo VIII, titulado “Democracia en acción.”   Dicha colaboración es e invaluable por tratarse de una persona que se ha involucrado profundamente en los ensayos de democracia deliberativa en varias provincias y localidades de China.

Brainless Democracy también cuenta con un prólogo de Sor-hoon Tang de la Singapur Management University, especialista en filosofía confuciana y procesos de deliberación política, y escritora de numerosos libros y artículos publicados en idioma inglés.

El concepto de democracia representativa ha venido mostrando en Occidente crisis de legitimación, pues, el mecanismo de ‘una persona un voto’ en los últimos años no ha cumplido con las expectativas ciudadanas de llevar al poder a las personas que la ciudadanía considera idóneas para representar sus intereses y, mucho menos, permitir que los ciudadanos puedan expresarse sobre los urgentes problemas que les afectan.  El sistema de partidos políticos cada vez orienta sus acciones, no hacia la solución de dichos problemas, sino al cálculo electoral, a lo que habría que agregar la peligrosa fragmentación, tanto política como social, que hoy día se observa.

Autores, como Hannah Arendt, Michael Polanyi, Jürgen Habermas, John Dryzek, John Rawls y otros, han propuesto mecanismos correctivos a los problemas de la democracia representativa como la ‘deliberación racional’ y, pensadores posmodernistas como Foucault, Guattari, Deleuze, etc., quienes  ─ ante la desconfianza de las metanarrativas de la modernidad y las aberraciones de los totalitarismos del siglo XX─ proponen una descentración radical del poder, lo que ha contribuido a la mencionada fragmentación y regreso a formas tribales de hacer política.

Jürgen Habermas ─declarado hijo de la Ilustración y continuador de las reflexiones kantianas y weberianas[1] sobre lo moral─ recomienda sustituir el concepto kantiano del ‘imperativo categórico’ como fundamento de lo moral, por la comunicación intersubjetiva racional, sincera y libre.  No obstante, como se explicará a lo largo del presente libro, este ideal es difícilmente realizable en las democracias occidentales, aunque sí parece posible en un contexto cultural como el asiático.

El presente estudio contribuye a la teoría política comparada en el tema de la deliberación política, pues se parte de un caso histórico real con consecuencias demostrables, como bien lo explica la copiosa y especializada obra del académico de la Nanyang Technical University of Singapur, Baogang He.

Igualmente, aquí se pregunta, si en el contexto político actual bajo el que se realiza la democracia occidental es realmente posible la práctica de ese diálogo racional, sincero y en condiciones de igualdad que Habermas considera como los requisitos procedimentales para el buen funcionamiento de la democracia deliberativa.  Se cuestiona si la situación ideal de comunicación basada en esos tres requisitos no sería simplemente una quimera, especialmente si la ética habermasiana tiene, en virtud de acuerdos tomados desde la esfera discursiva internacional, pretensiones trasnacionales y universalistas.

Este escrito, igualmente, se responde a la pregunta de si el dualismo habermasiano sistema – mundo de la vida (Lebenswelt) realmente es una herramienta útil para abordar los problemas de legitimación descritos por Max Weber. Sostiene que, en el presente, las sugerencias de Habermas han culminado en la justificación e intrusión en las discusiones nacionales del activismo político internacional que se autoproclama representante de la sociedad civil en los países en donde operan.  Estas, en su mayoría, han sido cooptadas por Estados Unidos y sus aliados con fines geoestratégicos, de manera que ese “diálogo sincero y en pie de igualdad” propuesto por Habermas se ve seriamente menoscabado en perjuicio de la buena toma de decisiones y de la buena gobernanza en esos países (Jeffrey, 2015; Rodríguez-Hölkemeyer, 2015).

En una reunión con He Baogang en la Universidad Tecnológica de Nanyang de Singapur en julio del 2015, él confirmaba la sospecha de la autora de que, hoy día, en el sistema multipartidista occidental, la deliberación ‘sincera,’ de la que hablan Habermas, Arendt, Dryzek y otros, es de difícil aplicación debido a la imposibilidad de las partes interesadas para tomar posiciones libres de manipulación por intereses económicos y geopolíticos externos.

He describe algunas instancias en que se practica la democracia deliberativa de China como el «laboratorio» más grande de experimentos deliberativos en el mundo” lo que le ha permitido a ese país perfeccionar su gestión de gobierno y proveer al observador de importantes lecciones para la utilización ordenada de la inteligencia colectiva para una gobernanza exitosa (He, 2015, p. 2; 2014, p. 59).  No obstante, al igual que otros intelectuales confucianos, He expresa, como se ha dicho, su escepticismo sobre la aplicabilidad de la democracia deliberativa en el contexto cultural occidental.

He estudia el idioma chino como elemento para explicar las reglas que, desde la antigüedad, conforman el concepto chino de deliberación.” (He, 2014, p.61).  Al respecto, cita a un reconocido experto en democracia deliberativa, John Dryzek, quien exhorta a los intelectuales a conocer los detalles de cada cultura para mejorar el estudio de la democracia.  Dryzek llama a los intelectuales al estudio del ejercicio de la democracia deliberativa en China, pues reconoce que la deliberación se realiza con mayor facilidad en la forma confuciana de hacer política que bajo el supuesto de una concepción individualista de los derechos humanos como en Occidente (He, 2014, p. 61; Dryzek, 2009).

Del mismo modo, Sor-hoon Tan, con quien la autora también sostuvo una larga conversación en la Universidad Nacional de Singapur en julio del 2015, igualmente corrobora que la cultura confuciana ha sido esencial para la práctica exitosa de la democracia consultiva y deliberativa en Asia.  Tan enfatiza en que Occidente no ha producido las mejores instituciones democráticas porque en las democracias de tipo occidental, los representantes electos realmente no representan los intereses de las mayorías y los agentes políticos han convertido el disenso en una actividad permanente o un fin en sí mismo, lo que dificulta o imposibilita el diálogo como herramienta para la buena toma de decisiones.

Como explicaba, Zheng Yongnian, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Singapur, la palabra poder (quan en mandarín) significa balance (entre distintas fuerzas políticas) y no, como lo entendemos en Occidente, como dominación de una parte (partido) sobre otras.  Para la cultura china, el poder es el centro desde el cual se coordinan y armonizan los distintos intereses de los ciudadanos en beneficio de la sociedad como un todo.  El poder sería como el centro o cerebro que hace el aprendizaje colectivo posible y, de esta manera, permite gobernar con sabiduría.  Al tener Occidente un concepto de poder diferente es incapaz de entender a China.   El ejercicio político, entendido como balance entre diferentes fuerzas políticas, explica por qué la filosofía y la práctica política de ese país se orienta a encontrar soluciones con la ayuda de la sociedad, mientras que, en Occidente, el llegar a un verdadero consenso no manipulado por intereses particulares organizados es cada vez más difícil.

El presente libro explica por qué en el contexto político occidental multipartidista dominado por grupos de interés foráneos quienes sigilosamente trabajan desde la esfera internacional desvirtuando los intentos de consulta y diálogo genuino en los países occidentales.  Las instancias de diálogo no cumplen los requerimientos habermasianos porque en dicho diálogo solo participan los que cuentan con los medios para expresarse.

La incapacidad de Occidente de llevar a cabo un diálogo sincero y libre de manipulaciones contrasta con el éxito que hasta ahora está demostrando China con el diálogo multinivel para casos específicos realizado en algunas instancias para una eficiente toma de decisiones y los resultados están a la vista.

La autora coincide con el filósofo confuciano de la Universidad de Fudan, Bai Tondong, que la mera enseñanza del marxismo no tiene en China la misma fuerza de convencimiento en la juventud que la milenaria cultura confuciana para que este país pueda seguir llevando a cabo las difíciles tareas de coordinación y liderazgo que requiere la compleja sociedad moderna.

La humanidad gana si los experimentos chinos en gobernanza tienen éxito.  El gobierno chino ha demostrado una extraordinaria capacidad para adaptar las mejores prácticas de Occidente; ahora Occidente, en lugar de tratar de suprimir en las universidades chinas la cultura milenaria confuciana para lograr sus propósitos geopolíticos, debe aprender acerca de la sabiduría confuciana para el beneficio de ambas culturas. Igualmente, Occidente debe reflexionar sobre los errores epistemológicos de la ilustración y el posmodernismo que están en la base de su decadencia actual.

[1] Para Weber las cuestiones de moral son enteramente subjetivas.

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