Paul Benavides: Beber del odio

La deliberación democrática que debió tener un país como Costa Rica, cedió al show mediático que tensó las pasiones, caldeó los ánimos y nos puso a beber ( a todos) pequeñas dosis diarias de rechazo y también de odio. De odio al otro.

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

Es un error pensar que cuando se opina es porque por una parte, se milita en las «fuerzas adversarias» al gobierno y por la otra, se está palmariamente del lado del gobierno. No milito en ninguno de estos dos polos. (Militar por cierto, palabra horrible) Una cosa es opinar porque se tienen intenciones políticas partidarias – válidas totalmente- y otra opinar porque se tiene necesidad ello y se posee el mínimo de información y conocimiento.

Tengo suficientes evidencias para saber que todo empeño por radicalizar o polarizar un país desde el punto de vista ideológico, es por una parte el esfuerzo consciente de algunos grupos de poder y por la otra, una caricaturización burda de la forma en que se agrupa la opinión de los ciudadanos.

Nadie en realidad tiene nunca una opinión monolítica y rígida sobre diversos temas a la vez. Por ejemplo, una persona puede estar a favor de la eutanasia y en contra del aborto, a favor de la liberalización de las drogas y a favor del Estado confesional, a la vez. La sicología nos ha enseñado que lo común es la complejidad y el contraste de emociones e ideas en una misma persona, sin que esto ponga en riesgo la estabilidad mental de nadie. La polarización ideológica además de ser una contradicción inducida y promovida, tiene el oscuro y perverso interés de manipular la opinión de las personas para agruparlas en don grandes bloques antagónicos. Y esto porque se articulan los intereses políticos con el abordaje de los medios de comunicación, que también lucran mediáticamente de tal polarización: una gran confrontación ideológica que divida a la sociedad en dos, «vende más» que un debate más «ecuánime» donde participen varias fuerzas políticas. Lo vivimos con la anterior campaña electoral. La deliberación democrática que debió tener un país como Costa Rica, cedió al show mediático que tensó las pasiones, caldeó los ánimos y nos puso a beber ( a todos) pequeñas dosis diarias de rechazo y también de odio. De odio al otro.

Todos los regímenes totalitarios o autoritarios, tanto comunistas como fascistas, han recurrido a crear el enemigo interior, el «otro», el que representa la antítesis de mis ideas, que generalmente son las «correctas», las que «rebosan de pureza ética», las que están del «lado correcto de la historia» ( partidarias, tribales, grupales) y que por tanto, tienen una «superioridad moral» que será necesario imponer. A como de lugar. Ya sabemos a donde nos condujo éste tipo de delirio, pero se nos olvida, peligrosamente.

 

 

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