Paul Benavides: El COVID-19, detener las razones del caos

El miedo mata y lo puede hacer antes de que el COVID-19 lo haga

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

Nada en el mundo debe ser temido ahora (…) es el momento de comprender más para que podamos temer menos.
Marie Curie

Expongo unas observaciones orientadas a reflexionar en medio de una situación excepcional que demanda de los ciudadanos calma, sensatez, seguir las normas y protocolos emitidos por las autoridades sanitarias y políticas del país. El covid- 19 dejado a su arbitrio, como cualquier otro virus liberado a su suerte y sin el mínimo control por parte del Estado, producirá daños en la salud de las personas. Sin embargo, el acatamiento de todas las medidas para evitar su propagación no contradice el espíritu reflexivo y el espíritu crítico que debe animar hoy más nunca al país, bajo un clima mental y emocional cargado de temor, de miedo, de incomprensión y por qué no, de intolerancia que a todas luces debe evitarse.

El miedo mata y lo puede hacer antes de que el COVID-19 lo haga. Las democracias aceptan la discrepancia mientras que las dictaduras las anulan. Una situación excepcional demanda una ética de la responsabilidad, que haga compatible en su interior el espíritu crítico por una parte, y la obligación de cuidar al prójimo, por la otra.

En un contexto de tensión social y económica, el discurso médico que funda su legitimidad en la comprobación clínica y científica tiende a pasar la barrera invisible que lo coloca en el lugar ya no de la ciencia, sino del dogma y de la ortodoxia.  La razón científica bajo ciertas condiciones transita el terreno de la religión y la fe. Ahí radica su poder y su legitimidad.  La ciencia también supone una fe indoblegable, casi como una religión. La relación entre “medicina es igual a cura” guarda en su interior mandato parecido al de la fe. El postulado es muy sencillo: si ingiero el fármaco logro curarme. Lo cual como todo lo sabemos, no siempre tiene una relación causal, y dependerá de una serie de factores extra farmacológicos para que el paciente logre curarse.

Cualquier grieta, duda u omisión que se le endilgue al discurso sanitario es visto como una transgresión digna de ser penalizada. El discurso médico sanitario mediante una serie de normas y protocolos somete a una sociedad bajo su control y dominio. Su mayor justificación radica en salvarle la vida a la mayor parte de los ciudadanos. Ante tal objetivo moral ¿Quién se puede oponer? Sin embargo, la rigidez del discurso médico no está hecho para comprender la realidad social sino adherirla a su lógica y someterla a sus normas.  Las normas, los protocolos, los procedimientos y sus medidas no van más allá del ámbito del interés científico: aquella que blinde la vida humana de la emergencia del virus. Su ámbito de interés es la enfermedad y su cura. ¿Tiene ética el discurso médico sanitario? Si, pero es parcial, ensimismada y autorreferente. No hubo muertos, se ha vencido la pandemia. Ese es su meta.

La lógica de la salud vs la lógica de la sobrevivencia

No le corresponde a la medicina y a la ciencia conciliar su rigidez y su mandato imperativo con la otra parte del mundo de la vida, compuesto por los “muertos” que deja el desempleo, el cierre de negocios, la ralentización económica, el deterioro severo de la estructura productiva del país, el colapso de emprendimientos familiares, la crisis moral y ética que produce en las personas que se quedan sin empleo.

El discurso médico científico no le incumbe la realidad laboral, económica, social, productiva y emocional de las personas, aunque los efectos colaterales de la pandemia causen de forma indirecta daños en la salud de los ciudadanos.

En medio de la crisis provocada por el COVID-19 parecen enfrentarse dos realidades irreconciliables: la salud pública y el mercado. Ambos responden a dos discursos: el de la ciencia médica (implacable e incontestable) y por otro el discurso del mercado: su mundo egoísta, preocupado en seguir obteniendo ganancias, inconsciente, al que no le importa la vida de los demás. Tal dicotomía que tiende contraponerse y rechazarse mutuamente, conduce a una falsa oposición que puede ser más dañina que la misma pandemia.

El discurso que está del lado de la salud pública funda su opinión en el número de fallecidos, en el criterio de expertos, en las palabras de empresarios ahora altruistas como Bill Gates, diciendo vicariamente que frente al impulso de la ganancia y del lucro se impone la distancia social, la reclusión, el aislamiento, el retorno a la vida cuasi monacal donde se debe estar bien dispuesto al goce de aquellos valores que habían sido abandonados por los avatares de la vida moderna: la familia, la tranquilidad y el sosiego. Esta idea de la cuarentena entendida como disfrute no egoísta de la calidez hogareña solo es válida para aquellos que tienen resuelta la satisfacción de las necesidades básicas, no para los que deben de seguir trabajando con el objetivo – no de acumular millones de colones – sino para garantizar la subsistencia, la seguridad, la estabilidad material y emocional del núcleo familiar.

Esta visión que se expresa desde la comodidad de quien puede dedicarse al goce de los bienes materiales e inmateriales como leer a Shakespeare o ver toda la programación de Netflix para marzo, no solo es beatifica y bucólica sino que oculta y además niega, por parcial, la situación de un porcentaje muy alto de costarricenses: o siguen trabajando o experimentarán hambre dentro de poco.

En ese sentido, sostener que para el caso costarricense se contraponen esas dos realidades (la salud pública y el mercado) de forma categórica, es falso. El combate del COVID-19 supone para el caso costarricense el efecto perverso no sobre la lógica del mercado, del egoísmo, de la perversión del interés individual, sino sobre la lógica de la sobrevivencia.

Evitar que la empresa productiva familiar colapse

De acuerdo con el Directorio de Empresas y Establecimientos 2016 de INEC, el número de establecimientos registrados es de 36.950 mil, que agrupan a 708.547 trabajadores, donde el 66% son hombres y el 34% son mujeres. La mayor cantidad de empresas del DEE (23.677 que responde al 64% del total de empresas) se encuentran ubicadas en el intervalo de 1 a 5 trabajadores, dedicadas a las actividades del comercio, alojamiento, servicios de comida y agricultura. Como se ve claramente, el mayor componente de estas empresas y establecimientos se ubican en la categoría de microempresas o empresas familiares, para representar un total de 453,470 mil personas trabajadoras.

La Cámara de Restaurantes y Afines (CACORE) de Costa Rica indica que los propietarios de restaurantes y afines han evitado despedir su personal y otro 49% descarta la reducción de la jornada laboral. ¿Por qué sucede esto? ¿Hay en los propietarios de los restaurantes y negocios de comida un instinto depredador por obtener ganancias a contrapelo de la salvación colectiva?   No lo creo. Lo anima la voluntad de seguir trabajando, de mantener a como dé lugar su empresa, de ejercer de manera concreta y fehaciente su sentido de solidaridad con los trabajadores.

El fantasma de la muerte recorre Europa

Este discurso médico científico hace referencia a un hecho real, ciertamente: el fantasma de la muerte que ha causado en Italia, España y ahora Estados Unidos. El número de muertos visto como dato en frío es muy efectivo por su contundencia. El número de muertos no se puede cuestionar. La muerte es en sí mismo EL ARGUMENTO. Cuando se hace mención a Italia y a España como escenarios o destinos hacia los cuales nos dirigimos inexorablemente de no cumplir las normas y protocolos médicos, se comete el error de hacer comparaciones sin que medien aspectos fundamentales que explican que el COVID-19 haya hecho estragos en los países mediterráneos. Se omite por ejemplo, el análisis de su sistema de salud pública desde antes de la pandemia: la deficiencia de carácter científico para hacer test o pruebas del COVID-19 masivamente como lo hace Alemania o lo hizo Corea del Sur, su carencia de personal médico formado en terapia intensiva. En Alemania hay seis veces más respiradores que en Italia; diez veces menos muertos por la misma patología; en Europa hay 80 mil camas de terapia con personal formado, un promedio de 12 cada 100 mil habitantes; en Alemania 29, en Portugal 4,2; en España 10,3, pero el problema es que allí el 78% de quienes atienden esas camas está entrenado para terapia médico quirúrgica  y unidad coronaria, personas que saben manejar infartos y acv,  pero el Estado no formó neumólogos para hacerse caso de éste tipo de virus. En el caso de Italia el sistema médico de salud desde hace 25 cierran camas y no crean puestos médicos, tampoco médicos de terapia intensiva que trabajen en los hospitales. En mayor detalle ver este enlace.

Es inevitable que los costarricenses no sometan al COVID-19 a un proceso de cuestionamiento desde el sentido común, recurriendo a una experiencia anterior que padecimos todos:  la pandemia H1N1 que enfrentó éste país en el año 2009-. Rodeada de una aureola de muerte y defenestración de los habitantes de Costa Rica, esta pandemia ingresó al país el 28 de abril de 2009 y para el 4 de noviembre el Ministerio de Salud   había confirmado 1.596 casos, 8000 descartados y 38 muertes. Esa vez las autoridades de salud consideraron que la tasa de mortalidad era baja 0,85 muertes por cada 100 mil habitantes, eso sin que se hubiese realizado el despliegue informativo y la cantidad de recomendaciones y protocolos emitidos por el Ministerio de Salud como con el COVID-19.

Ciertamente no se puede comparar el AHN1 y el COVID-19 sin caer en omisión importante: para julio del 2009 la empresa Novartis había seleccionado al país para la aplicación de una vacuna que se aplicó de forma simultánea en México y los Estados Unidos. Sin embargo, los ciudadanos hacen uso de su capacidad de juicio y razonamiento que les permite dudar incluso de las predicciones más oscuras y destructivas. ¿Esta actitud que duda y relativiza es un avance o retroceso? ¿Un acto de irresponsabilidad que duda del discurso de la salud pública o es el momento en el que la ciudadanía ejerce su derecho a pensar?

Evitar los riesgos de una anomia y el caos social

El discurso de médico científico que subyace en el abordaje del Ministerio de Salud, abonado por el enfoque de la reclusión forzada para el disfrute de lo “realmente importante”, del “quédate en casa”  (para el disfrute del calor y paz familiar, entre otras) no considera para nada un aspecto clave y vital en todo este drama: la naturaleza humana cuando es sometida a una fuerte presión normativa. Es común que esa presión normativa chocará tarde que temprano con la dificultad de garantizar de forma efectiva la sobrevivencia individual, familiar o colectiva. El uso de violencia simbólica y normativa (sustentada en la culpa y en el castigo) activa los dispositivos del miedo, como primer impulso, pero luego éste temor se transformará progresivamente en desacato, en desobediencia y en anomia.

En el sur de Italia, en Sicilia afectada por los altos índices de desempleo y de informalidad, la cuarentena impuesta por el gobierno colisiona con la situación límite de las familias: se les acabó el dinero para comer. La situación de insolvencia monetaria que en primera instancia provoca miedo y desesperación ha llevado a los padres de familia a organizarse para llevar entrar a los supermercados y tomar lo que les haga falta para alimentar a las familias. Las redes sociales han funcionado como espacio organizativo que agrupa cada vez más a una cantidad mayor de personas – la mayoría padres de familia – donde acuerdan fechas para realizar lo que a todas luces son actos que infringen la ley, vandálicos y de desobediencia civil, que increpan la incapacidad del poder político para garantizar que la mayoría de los ciudadanos del sur de Italia reciban el subsidio gubernamental.

También la prensa internacional reporta intentos de saqueos y actos de vandalismo en Panamá en el sector de Curundú, Panamá y en Honduras, concretamente en San Pedro Sula, en la región de Cortés.

En una situación de anomia social las demandas legítimas de familias enteras por procurarse alimentos y productos básicos, se dan de forma simultánea con la acción de las mafias y las redes de delincuencia organizada – que en medio de la desesperación de familias enteras – encuentran un camuflaje idóneo para desarrollar de forma sistemática actividad delincuente.

La única manera de que Costa Rica evite llegar al caos social y a la anomia requerirá que el Estado desarrolle los mecanismos idóneos, eficaces, transparentes (sin clientelismo) justos (al que más los necesite) de traslado de ayuda económica necesaria para evitar el colapso familiar.

Un gran programa de consumo virtual: crear una verdadera Economía Digital

El discurso de médico sanitario del gobierno debe conciliarse con un gran programa de incentivo al consumo, para que los costarricenses que seguimos recibiendo una remuneración salarial podamos ser solidarios con los emprendedores costarricenses.  Es preciso que el Ministerio de Economía en conjunto con el de Ciencia y Tecnología, formulen un Gran Plataforma Digital que permita a todos los costarricenses tener acceso a los servicios que ofrecen cientos de pequeñas empresas, muchas de ellas familiares.

Esta crisis es una enorme oportunidad para crear una economía digital de amplias proporciones, que permita que el tejido y engranaje productivo del país ligado a la pequeña y mediana empresa no se destruya, se mantenga a flote y sobreviva en medio de la crisis. Más aún cuando se sabe –  por especialistas y virólogos nacionales – que los servicios de comida y restaurante cuando aplican todos los protocolos de higiene y asepsia –  no son vehículos de transmisión del COVID-19.

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