Paul Benavides: En defensa de la democracia

Hace unos años los partidos políticos en el poder sabían leer el fondo de la protestas sociales. Así lo reconoció Miguel A. Rodríguez cuando detuvo la privatización del ICE. Oscar Arias optó por un referendum sobre el TLC y fue finalmente la sociedad costarricense la que optó por votarlo a favor.

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aul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

Creo en la democracia liberal, representativa, pluralista, multicultural y republicana como un acumulado de conquistas constitucionales y legales, producto de luchas enmancipatorias universales y de luchas políticas internas que apuntaron siempre a la justicia, a la libertad, a la igualdad y a la soberanía popular.

Vivir en una democracia ( imperfecta) obliga a aceptar el resultado de las decisiones aunque no me gusten: desde el resultado de una elección hasta la aprobación de un plan de impuestos. Desde el nombramiento de un magistrado hasta la emisión de leyes sobre el ambiente o la familia.

Esas son las reglas del juego. Yo hubiese preferido un plan de reactivación económica interno y de atracción de inversiones antes que votar un plan de impuestos que detiene por diversos medios la generación de riqueza, pero lo acepto. Pago mis impuestos. Así de simple.

La democracia no opera en el vacío o en el silencio absoluto. Hay intereses contrapuestos y por tanto existirá siempre el conflicto y la discrepancia. En el caso costarricense nunca olieron raro las discrepancias. Lo raro era no resolverlas. Fuimos siempre así. Se optó por un reformismo que integró poco a poco las disputas para ir dando forma a la democracia que hoy tenemos. No somos como Nicaragua o Cuba, casualmente porque optamos por un modelo basado en la discrepancia, que apuntaba siempre a la posibilidad de su resolución política. En paz y tratando.

He visto con mis propios ojos a arroceros, a importadores, a banqueros, a ecologistas, a personas con discapacidad, a universidades y a sindicatos promover leyes que consideran benefician – según su propia lectura – o perjudican a los costarricenses. Todo en medio de una pugna o confrontación parlamentaria entre unos y otros intereses. ¿Y qué pasa? ¿Ese conflicto entre fuerzas políticas pone en riesgo a la «democracia centenaria»? No.

Ese es casualmente el núcleo contradictorio que le da vigor. Intentar desaparecer el conflicto o la discrepancia es negar uno de los componentes de la política tal y como la entendieron nuestros antapasados.

No existe una democracia donde todo el mundo esté de acuerdo y nadie discrepe.

Hace unos años los partidos políticos en el poder sabían leer el fondo de la protestas sociales. Así lo reconoció Miguel A. Rodríguez cuando detuvo la privatización del ICE. Oscar Arias optó por un referendum sobre el TLC y fue finalmente la sociedad costarricense la que optó por votarlo a favor.

La democracia costarricense sobrevivió a su contradicción, siguió su marcha y no se desplomó.

Eso hay que entenderlo pero parece que hay un sector de los empresarios y de la prensa empeñados en desaceditar toda protesta o disconformidad pública.

Ese empeño desfalca y atenta contra el modelo político liberal, republicano y pluralista que costó los dos ojos de la cara a nuestros abuelos y que es nuestro principal activo político- institucional, y que incluyó la protesta ciudadana como parte del funcionamiento lógico y normal de una democracia.

Aspirar a una sociedad disciplinada, silenciosa y obediente es el sueño de los totalitarismos y de las dictaduras. No andamos largo.

 


 

Paul Benavides Vílchez, es Sociólogo y escritor. Profesor en la UNA y asesor parlamentario. Tiene escrita la novela “Los Papeles amarillos de Chantal» ( en prensa), “Entre Senos y Reptiles” ( Poesía inédita), «Duelos Desiguales» (2012, EUNED), «Oficio de Ciegos» ( Arboleda, 2014) «Apuntes para un Náufrago» (2018, Letra Maya) y «Áspera Noche» ( 2019, Letra Maya).

 

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