Paul Benavides: Helberto Helder

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

Helberto Helder

(1930 – 2015) fue una figura esencial de la poesía portuguesa de la segunda mitad del siglo XX. Nace en Fuchal, Isla de Madeira, luego se traslada a Lisboa en 1946. De ascendencia judía, Helder combinó la producción literaria con los más variopintos oficios: publicista, bibliotecario, editor literario y periodista. De acuerdo con la crítica, Helder es considerado como el principal poeta portugués de la segunda mitad del siglo XX, a la altura – según algunos críticos reputados – de Fernando Pessoa (1888-1935).

Fue reacio al reconocimiento social, y rechazó varios premios incluido el Premio Pessoa, en el año 1994, uno de los principales galardones en Portugal, y, desde entonces, reforzó su fama de «poeta oculto».

Su carrera literaria inicia en 1958, cuando publicó «O Amor em visita», cuenta con títulos como «A colher na boca», «Poemacto», «Lugar», «Os passos em Volta» y «Apresentação do Rosto», una autobiografía censurada por el Régimen de António de Oliveira Salazar.

Helberto Helderd se desempeñó como reportero en la guerra colonial en Angola y, seguidamente, partió a Estados Unidos, en 1973, cuando compiló la obra «Poesia Toda». Regresó a Portugal después del 25 de Abril de 1974, año en el que se recuperó la democracia, y lanzó, entre otras obras, «Cobra» (1977), «O Corpo, o Luxo, a Obra» (1978) y «Photomaton & Vox» (1979).

En el 2008, publicó «A faca não corta o fogo — Súmula & Inédita», y el año siguiente «Ofício Cantante».

Se comparten dos textos de su libro «Ou o Poema Contínuo (o el poema continuo) que es una compilación antológica donde el autor reduce su obra a poemas esenciales. Ediciones Hiperión, 2001, traducción de Jesús Munarriz. Edición bilingüe.

Heberto Helder no hizo concesiones al facilismo. Su poesía escala momentos dificiles, arduos, quizá voluntariamente oscuros. Tenía por costumbre revisar y cuestionar permanentemente su obra.

Como Lezama Lima su poesía tiene una música rara, personal, pero muy hermosa. Lo considero uno de los mejores poetas que he leído, por su capacidad inventiva, su originalidad, y su vigor ético al no entregar su obra al rugido de la gradería.

Es una especie literaria portuguesa – que ya es decir- como Saramago, Lobo Antunes y el propio genio de Fernando Pessoa.

 


De MÁQUINA LÍRICA

Mujeres corriendo, corriendo en la noche.
El sonido de mujeres corriendo, recordadas, corriendo
como yeguas abiertas, como sonoras
corredoras magnolias.
Mujeres noche adentro llevando en las patas
grandiosos pañuelos blancos.
Corriendo con pañuelos muy vivos en las patas
noche adentro.
Pañuelos vivos con sus patas abiertas
como magnolias
corriendo, recordadas, patas por la noche
viva. Llevando, recordando, corriendo.

Es el sonido de ellas golpeando como estrellas
en las puertas. El cielo por arriba, las crines negras
golpeando: es el sonido de ellas. Recordadas,
corriendo. Estrellas. Escucho: pasan, recordando.
Las grandiosas patas blancas abiertas en el sonido,
a la puerta, con el cielo recordando.
Crines corriendo en la noche, pañuelos vivos
golpeando como magnolias llevadas por la noche,
abiertas, corriendo, recordando.


De repente, las letras. El rostro sofocado como
si fuese abril en un rincón de la noche.
El rostro en medio de las letras, sofocado en un rincón,
de repente.
Mujeres corriendo, de puerta en puerta, con pañuelos
sofocados, recordando letras, llevando
pañuelos, letras – en las patas
negras, grandiosamente abiertas.
Como si fuese abril, sofocadas en medio.
Era el sonido de ellas, como si fuese abril en un rincón
de la noche, recordando.


Escucho: son ellas que parten. Y llevan
la sangre llena de letras, las patas floridas
sobre la cabeza, corriendo, pensando.
Se abalanzan en la noche con el sueño terrible
de un pañuelo vivo.
Y van golpeando con las estrellas en las puertas. Y sobre
la cabeza blanca, las patas recordando
noche de adentro.
El rostro sofocado, el sonido arrancando, muy
recordado. Y la cabeza corriendo, y yo escucho:
son ellas que parten, pensando.


Entonces despierto por dentro y, recordando, quedo
avergonzado. Y escucho correr, llevando
grandiosos pañuelos hacia la noche con estrellas
golpeando en las patas
como magnolias pensando, abiertas, corriendo.
Escucho avergonzado: es el sonido. Son ellas, recordando
con vergüenza, con las patas
en medio de las letras, el rostro sofocado
corriendo hacia las puertas grandiosas, las crines
blancas golpeando. Y yo escucho: es el sonido de ellas
con las patas negras, con las magnolias negras
frente a la noche.

Corriendo, recordando, golpeando.


De FLASH (Fragmento)

Quería tocar la cabeza de un leopardo loco, su lujo
mandibular. Sentir que los dedos se volvían
de granito. Sentir que la deslumbrante
resaca de pelo
bajo me arrebataba furiosamente los cincos dedos.
Como cinco balas de granito.
Una estrella voltaica.
Y tragarla. Y que de pronto toda aquella púrpura nocturna
entrara dentro de mí, de la mano a la cara.
O una herida que me cogiera de pierna a pierna.
Que entrara en mí
la fábula de la demencia y de la animal
elegancia. Sé que la sangre me puntúa, y me estremezco
de poro a poro
con tanto oro sudado que me envenena.


Sé que toco.
Que hay una combustión en las partes sexuales
de mi muerte. Y si miro ese espejo exhalado
de mí mismo, veo
perlas, la anestesia de perlas. Pero
el fósforo se precipita donde
se enfría la carne, y se vuelve ligera. Y un dolor
instrumental, mi propia música
descubierta, me atrapa como el sonido atrapa
los tubos de un órgano.


Y entonces ninguna razón me oscurece más allá del crimen,
de la metáfora directa
de un leopardo alunado como una joya. Y él levanta
su constelación craneal. Su boca avanza, límpida
llaga
hasta mi rostro. Y en ese espejo de las cosas de repente
unidas todas, me besa por dentro hasta
el corazón.
En el centro.
Donde se muere el silencio central
de la tierra.
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