Paul Benavides: Jorge Semprún

En una de las últimas entrevistas tuvo la suficiente humildad y sensatez de decir: “He perdido mis certidumbres y he mantenido mis ilusiones”.

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

Jorge Semprún (1923-2011) tenía poco más de 20 años cuando fue atrapado por los SS, en París. Combatía en la resistencia francesa, militaba en las filas del partido comunista y de acuerdo con sus antecedentes, era español, hijo de exiliados republicanos. Por sus características fue llevado al campo de concentración de Buchenwald, clave para el régimen nazi en la reclusión de los prisioneros procedentes de Europa, conglomerado dentro del cual los comunistas españoles formaban un contingente importante.

Una vez fuera del vagón del ferrocarril y de pie frente a la entrada del campo de concentración, se encuentra con ésta inscripción: Arbeit Macht Frei, que traducida al español quiere decir: «El trabajo libera» Esa inscripción tan fría como el metal con que estaba hecha, para Semprún representaba el destino inminente que enfrentaría junto al resto de sus camaradas: a unos les tocaría vivir, y a otros en definitiva, les tocaría morir.

Esa sería la frase que deberían grabarse en la memoria los prisioneros del lager, una frase que los consolara en el largo invierno de Buchenwald, ubicado en el municipio de Weimar, donde bullía el espíritu poético de Goethe y de Schiller.

La Vanguardia

Jorge Semprún logra burlar la muerte, evadirla durante año y medio, hasta que en abril de 1945 los prisioneros se amotinan, logran obtener armas y vencer a los guardias que habían empezado a escapar. Cuando el III Ejército del general Paton llega el campo de concentración, se encontró con cientos de sobrevivientes harapientos, como fantasmas errantes por las afueras del campo, dentro de los que se encontraba Semprún, de una flacura extrema y con una ametralladora alemana colgada en la espalda. Es imposible desmerecer el acto de coraje necesario para resistir las asechanzas de la muerte física bajo condiciones infra humanas. Pero además es digna de admirar la voluntad de sobrevivir a la muerte, una vez que esta ya no es una amenaza inminente, que no está cerca, que no es ya para nada un peligro. A estas dos muertes sobrevivió Semprún. A la muerte en el campo de concentración y a la muerte que asechaba en el recuerdo.

En uno de sus tantos libros publicados, hace recuento de su experiencia como prisionero (La Escritura o La Vida Fábula, Tusquets, 1995) escribe motivado por el dilema existencial de escribir o morir, que lo acompañó desde su salida de Buchenwald. Ante tal dilema decide lo primero. No fueron pocos los que decidieron la segunda opción: Primo Levi y Jean Améry, entre otros muchos, se suicidaron. Eligió vivir frente a las embestidas de la memoria que le traían constantemente sus experiencias de desarraigo, de degradación física y moral, de la muerte de sus amigos “que se hacían humo por las chimeneas del campo”. El pasado volvía sin hacer esfuerzo, libre de la voluntad y guiado por el capricho: “bastaría con una distracción de la memoria, atiborrada de futilidades, de dichas insignificantes, para que reapareciera el olor a humo de nuevo”.

La mayoría de sus libros como prisionero son una obstinada e intensa vocación por afirmar la vida (El Largo Viaje, La Escritura o La Vida, Ed. Tusquets) también los que narran su vida de militante comunista clandestino en España durante el franquismo (Autobiografía de Federico Sánchez, Federico Sánchez se despide de ustedes, Ed. Planeta Bolsillo).

Nunca se arrepintió de su fe política e ideológica, pero en una de las últimas entrevistas tuvo la suficiente humildad y sensatez de decir: “He perdido mis certidumbres y he mantenido mis ilusiones”. Cuando se leen los libros de Semprún se está de cara a un hombre fundamentalmente valiente, que se resistió a la tentación de la muerte a la que tantos sucumbieron, para dar testimonio de unas experiencias que requerían de mucho coraje y la decisión de persistir para poderlas contar. ¿Cómo logra vivir hasta los 86 años luego de una vida repleta de riscos, trampas, acantilados y ríos tumultuosos? Es un privilegio reservado a muy pocos hombres. Murió en París hace ya unos días y citando una conocida expresión de Brecht, es uno de los escritores imprescindibles.

 

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