Paul Benavides: La importancia de La Revista para la vida democrática de Costa Rica

Que cada quien piense como quiera y que lo diga con responsabilidad y vigor, parece ser el dictum que ha motivado a Eugenio, Guillermo y su Equipo Editorial y de carpintería, a llevar adelante esta empresa de opinión y pensamiento.

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

La vida de una democracia depende de una constitución y de unas leyes que garanticen de forma absoluta el derecho a la libertad de expresión en todas sus formas y del ejercicio por parte de la ciudadanía de ese derecho fundamental en toda su magnitud. Es decir, el solo derecho constitucional a expresar el pensamiento y las ideas es un mero formalismo si no existe una comunidad de ciudadanos que exponga con respeto, pero con seriedad y fundamento aquello en lo que cree. La norma legal que permite la libertad debe sustanciarse con una conducta y una práctica social que le dé sentido y relieve a un derecho que a riesgo de no ejercerse pierde validez y legitimidad. A la muerte de las democracias la antecede el debilitamiento y la opalescencia de la libertad de expresión.

Una de las condiciones de las democracias modernas es la existencia de un espacio de deliberación pública fuerte, nutrido y pluralista, que fortalezca las bases de una cultura democrática capaz de responder a los riesgos que padece hoy nuestra democracia. Sin revistas electrónicas, periódicos, programas de radio, entrevistas y debates sobre los principales problemas del país, la democracia sería una entelequia sin ningún peso e importancia en la vida de una comunidad de ciudadanos.

La tecnología ha transformado el mundo de la comunicación e información de una manera irreversible. Guste o no guste, las redes sociales son una realidad que llegó para quedarse. Distinta a la comunicación anterior que se establecía entre un emisor y receptor de datos e información, la comunicación digital permite una comunicación en todas direcciones, simultánea, que modifica la relación espacial y temporal, permitiendo una interacción inmediata entre los usuarios de las redes sociales. Hoy alguien al otro lado del mundo puede leer un artículo o comentario escrito a miles de kilómetros a cualquier hora del día o de la noche. Las barreras de tiempo y lugar fueron desbordadas por la comunicación digital para fundar un espacio que parece colocarse por encima de las fronteras, los tiempos y los lugares.

No se puede negar que existen riesgos evidentes que surcan el ancho mar de las redes sociales y de la comunicación digital: la posibilidad de que los datos personales sean usados para fines manipuladores, la creación de flujos de opinión perversamente creados para ser dirigidos contra grupos o colectivos sociales; el impulso de ideas, de creencias y de ideologías que se creían desterradas y que hoy vuelven con especial vigor en el mundo, como el fascismo, el populismo de derecha o de izquierda, así como el fanatismo religioso.

Depende de la sabiduría ciudadana, de la claridad de sus intelectuales, de sus artistas y de sus creadores, de sus periodistas, de la honestidad y lucidez de sus dirigentes políticos, el hacer de las redes sociales un espacio en donde los argumentos, el aprecio por la verdad, el juicio crítico y la veracidad de la información sean una barrera contra uno de los mayores riesgos de las democracias contemporáneas: la entronización de la post verdad.

No es cierto que se pueda vivir del mito de que somos una arcadia democrática, que el pasado nos blinda de los riesgos del presente, que el respeto por la libertad de expresión que ha caracterizado a este país desde hace varias décadas es un antídoto eterno de cara a los avatares por donde la realidad se empeñe en transitar. Los riesgos están a la vista. Las amenazas a la libertad de expresión y pensamiento aguardan a la vuelta de la esquina, para saltar como una fiera al menor descuido de todos sus ciudadanos.

La libertad de expresión deberá defenderse con la verdad, con la deliberación, con el debate y en especial con el pluralismo. Toda discusión pública será más fructífera en la medida que recupere la mayor cantidad de perspectivas, voces y puntos de vista sobre la realidad del país.

Por eso es que felicito a La Revista, en especial a su Director Eugenio Herrera Balharry y a Guillermo  Barquero Chacón miembro del Equipo Editorial de La Revista -así como a más de una centena de colaboradores-, por su trabajo esmerado, disciplinado y estoico, por sus esfuerzos constantes por integrar en La Revista distintas voces y pensamientos dirigidos a superar capillas o pequeños templos donde prevalece la unanimidad de criterios, donde la libertad es superior a cualquier disciplinamiento intelectual propio de sectas o de tribus ideológicas. Que cada quien piense como quiera y que lo diga con responsabilidad y vigor, parece ser el dictum que ha motivado a Eugenio, Guillermo y su Equipo Editorial y de carpintería, a llevar adelante esta empresa de opinión y pensamiento.

Larga vida a La Revista.

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