Paul Benavides: La protesta social y el diálogo democrático

La protesta social no puede ser un fin en sí mismo, a riesgo de desmoronarse, de perder sentido y legitimidad. La protesta social tiene como fin último mejorar la calidad de vida de los ciudadanos en el marco del  Estado Social y democrático de derecho.

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Paul Benavides Vílchez, Sociólogo y escritor.

La protesta social tiene ya una larga trayectoria en la sociedad costarricense que está presente en todo el siglo XX y parte del siglo que vivimos.

El Estado Social de Derecho no la asume como una ruptura del orden institucional, sino como una acción de los ciudadanos cuando se produce un desencuentro entre los derechos de las personas y las políticas que ese mismo Estado pone en práctica y que potencialmente vulnerarían derechos adquiridos, ligados al ejercicio de la libertad, de la seguridad jurídica y de la justicia.

La protesta social es una forma de control del administrado al poder, un recordatorio público y notorio de grupos de ciudadanos que consideran que el Estado incumple, transgrede u olvida lo plasmado en las leyes y la constitución política.

La protesta social no atenta contra el sistema político y económico, no plantea su caída,  porque ese no es su verdadero fundamento y su verdadera razón de ser: su verdadera intención se mueve en terreno de la exigencia, de la interpelación moral, ética y política al Gobierno de turno acerca de su responsabilidad pública para garantizar el bienestar de todos, de TODOS los ciudadanos.

La protesta social no puede ser un fin en sí mismo, a riesgo de desmoronarse, de perder sentido y legitimidad. La protesta social tiene como fin último mejorar la calidad de vida de los ciudadanos en el marco del  Estado Social y democrático de derecho.

Recuerda la protesta social, el pacto fundamental entre gobernantes y gobernados, pero además tiene un papel esencial en la democracia: señalar los excesos del Poder cuando este transita peligrosamente el camino que conduce a las formas autoritarias de Estado.

Pero debe hacerse una observación: la protesta social no es violencia social, ni puede hacer uso de ella, a riesgo de perder sentido, potencia y energía moral.

Y la pregunta que surge es ¿Y el Estado, cuando ejerce la violencia, gana o pierde ?

Cuando el Estado a través del gobierno de turno ejerce la fuerza para resolver un conflicto social, y lo concibe como único y definitivo recurso, lo que exhibe es un síntoma de su poca capacidad para dialogar y transigir, transigir y dialogar, actos que distinguen a una democracia de un Estado cainita.

 

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Paul Benavides Vílchez, es Sociólogo y escritor. Profesor en la UNA y asesor parlamentario. Tiene escrita la novela “Los Papeles amarillos de Chantal» ( en prensa), “Entre Senos y Reptiles” ( Poesía inédita), «Duelos Desiguales» (2012, EUNED), «Oficio de Ciegos» ( Arboleda, 2014) «Apuntes para un Náufrago» (2018, Letra Maya) y «Áspera Noche» ( 2019, Letra Maya).

 

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